IA, acero y el desafío de imprimir en 3D un tanque

Pese a su meteórico ascenso a la cúspide de la atención mediática, el modelo de negocio de la inteligencia artificial tiene muchas similitudes con otros con dificultades para escalar de forma rentable como el acero, según el autor, que pone de ejemplo el interés de la DARPA norteamericana por hacer lo que se necesita donde se necesita
Eugenio Mallol
18 de junio de 2023 | Compartir: Compartir en twitter Compartir en LinkedIn
IA, acero y el desafío de imprimir en 3D un tanque
Las fabulosas instalaciones que ocupa la impresora 3D del Proyecto Carrocerías sin Juntas. / MELD

Desde 1967, la producción mundial de acero fuera de China ha aumentado un 90%, mientras que en el gigante asiático se ha multiplicado por 73 veces durante ese período y ahora es la mitad del total mundial. Se suele mencionar el caso del acero cuando se busca hacer una analogía en el ámbito de la industria pesada para hablar de los avances en digitales.

Como en ellos, el acero está presente en prácticamente todo lo que nos rodea, es un negocio cíclico, los costes fijos son tan altos que obligan a mantener la actividad aun en caso de recesión y están sujetos a restricciones de oferta y demanda que no controlan. Su caso es, en ese sentido, una buena demostración de la dificultad real de escalar de forma rentable que se puede aplicar a la inteligencia artificial.

Lo explica muy bien en Byrne Hobart en este artículo en The Diff en el que compara la explosión y los límites de expansión de la IA con la evolución histórica del sector del acero. Recomienda el texto la mismísima economista Carlota Pérez, autora de “La revolución tecnológica”, libro de cabecera de referentes del pensamiento tecnológico global como el propio Tim O’Reilly. Recurrió a su explicación de los ciclos tecnológicos para alertar (acertadamente) sobre nuestra precipitada y eufórica bienvenida a una Web 3.0 sin modelo económico que la sustentase.

Podemos bromear, como se hace en San Francisco, con que en poco tiempo los profesionales de la Bahía se dividirán entre los que trabajan para OpenAI y los que buscan empleo. Típica ocurrencia a lomos del hype. “Los modelos [de IA], aunque no son un activo físico tradicional, se vuelven cada vez más caros de mantener. Y cuanto más grandes se vuelven sus conjuntos de datos, más deben converger: el modelo más grande imaginable usaría todos los datos públicos del mundo, lo que significa que cada instancia de ese modelo más grande posible estaría usando los mismos datos subyacentes”, dice Hobart.

En el caso de la IA preocupa, como en todo lo que tenga que ver con la economía y la tecnología en este 2023 convulso, el factor geoestratégico. China a la vanguardia del desarrollo de redes de 5G (aunque ya no cuela su liderazgo en redes privadas: en su último informe, GSA dice que “a veces se informa de que China tiene una gran cantidad de redes, llegando a 10.000, pero una gran parte de ellas usan la red pública y, por lo tanto, no cumplen con nuestra definición”). China utilizando el sistema de reconocimiento facial y la IA para detectar la reacción de sus ciudadanos al recibir en el móvil una notificación del Estado, quizás necesite reeducación.

A la directora de la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA) de Estados Unidos, Stefanie Tompkins, se le ha pedido recientemente que identifique las tecnologías potencialmente transformadoras en las que trabajan sus directores de programa. Su respuesta ha sido que están buscando avances, de forma especial, en las cadenas de suministro.

Los líderes militares estadounidenses están preocupados por el riesgo de que el flujo de elementos críticos para sus tropas pueda cortarse en una posible guerra con China debido a las largas distancias que hay que recorrer en la región Indo-Pacífica. Beijing cuenta con armas de precisión de largo alcance, anti-acceso y de denegación de área. “Una [capacidad que persigue DARPA] es hacer lo que se necesita, donde se necesita. Y eso incluye medicamentos, alimentos, agua, materiales energéticos, casi cualquier cosa, para que al menos pueda liberarse de algunas de las importantes cargas logísticas actuales”, ha dicho Tompkins.

En la feria de fabricación aditiva Rapid+TCT, se ha presentado el Proyecto de Carrocerías sin Juntas (Jointless Hull Program) del Ejército norteamericano, una iniciativa dirigida a desarrollar una herramienta de fabricación a escala de una carrocería de una pieza para mejorar el rendimiento de los vehículos y aumentar la capacidad de supervivencia en combate.

En particular, el proyecto tiene como objetivo reducir el impacto de las explosiones debajo de la carrocería, que causan de aproximadamente el 73% de todas las pérdidas de vehículos desde la Guerra de Vietnam. Para hacerlo realidad ha previsto la creación de una impresora 3D descomunal, con un volumen de construcción de casi 9,15 x 6 x 3,65 metros, que acababa de instalarse en el Centro de Tecnología y Fabricación Conjunta Arsenal de Rock Island (RIA-JMTC).

“Las muchas empresas del mundo que ejecutan algún tipo de software heredado, con niveles idiosincrásicos de automatización y organizaciones construidas en parte en torno a dónde eligen ubicar a los humanos en el circuito, se beneficiarán de las herramientas de IA que conectan estos sistemas entre sí. Y lo que casi con seguridad tienen en común la mayoría de estas empresas es que casi con seguridad utilizan software de Microsoft. Definitivamente no es una coincidencia que Microsoft esté buscando formas de agregar GPT a su paquete de oficina”, escribe Hobart. Software propietario, impresión 3D de carrocerías… las tecnologías digitales aterrizan del hype y acaban encontrando su sitio. También la IA.

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