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Carme Artigas: «La década a nivel europeo será tremenda, el ritmo de producción legislativa cambiará el mercado»

La secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial repasa con el analista de innovación Eugenio Mallol los desafíos que plantea lo que describe como cambio de paradigma económico y social, la respuesta europea para defender su soberanía estratégica, el giro de España hacia la economía del dato, "la mayor innovación sería dejar de duplicar redes para hacer lo mismo", y la conexión del mundo TIC con la Educación, incluida la formación no reglada

2022-03-26 Compartir: Compartir en twitter Compartir en LinkedIn
Carme Artigas: «La década a nivel europeo será tremenda, el ritmo de producción legislativa cambiará el mercado»
La secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, Carme Artigas, y Eugenio Mallol, durante la entrevista. / DAVID ARRIBAS

Eugenio Mallol.-Se están moviendo todas las piezas de la geopolítica global, con la terrible guerra de Ucrania de fondo, y esto provoca una relocalización de actividad tecnológica. En los últimos meses, diferentes compañías han anunciado proyectos de inversión en España para crear centros de I+D, incluidas recientemente Intel y Meta. Dime cuáles son, en tu opinión, las claves del momento en el que nos encontramos, qué posición ocupa España y cuáles son las motivaciones del sector tecnológico global.

Carme Artigas.-Estamos ante un cambio de paradigma, de modelo productivo, económico y, como consecuencia de ello, también social. Ya lo sabíamos antes de la pandemia y ésta aceleró los procesos de digitalización, pero las tensiones geopolíticas ponen de relevancia de nuevo la necesidad de pensar en las claves de competitividad diferencial del país, e incluso de una empresa, y sobre todo cuáles son los activos nacionales que debemos preservar. Europa tiene excesiva dependencia de terceros países a nivel de su cadena de suministro y de nuevos activos, físicos o digitales, que son vitales para su industria. Hace 10 años, Europa no miraba al mundo digital, estábamos inmersos en una crisis económica sin precedentes y nos centrábamos en salvar a nuestra industria tradicional. En esa primera vuelta, perdimos la batalla de crear un gigante digital b2c y la carrera de los datos personales, porque no estábamos mirando ahí. La clave de la inteligencia artificial era una compañía británica llamada DeepMind que compró Facebook por 500 millones de euros, Europa no sabía que existía esa empresa ni que cambiaría totalmente el panorama con su gran algoritmo de deep learning. Lo que pone de manifiesto la etapa que estamos viviendo ahora es que la reconversión industrial de Europa, la reindustrialización del siglo XXI, debe hacerse en clave digital y, por tanto, salvar la industria europea es convertirla en más digital. En estos momentos, en España, el 22% de nuestra economía es digital, pero debemos llegar al 40%, que es lo que estamos proyectando a nivel europeo en 2025, o para 2030 si la ralentización del crecimiento nos obliga a irnos un poco más allá.

«La mayor innovación sería dejar de duplicar y solapar las redes que existen en España para hacer lo mismo a nivel local, autonómico o de ministerios y realmente sumar esfuerzos en la misma dirección»

Debemos hablar del concepto de soberanía estratégica, que significa digital y tecnológica, ¿cómo dotamos a la industria de independencia tecnológica respecto de terceros países? En España tenemos grandes infraestructuras de comunicación de banda ancha. Nos faltan infraestructuras de procesamiento de datos, pero en el último año y medio se ha anunciado que los tres grandes hiperescalares, Amazon, Google y Microsoft, junto con IBM y Oracle, instalan en España sus centros regionales. Debemos mantener también una soberanía europea en este ámbito. No lo hicimos en el caso de los datos personales en la primera vuelta, aunque los estamos recuperando gracias a la regulación, y no debemos perder ahora el tren de los datos industriales, porque el 80% de los datos de los que dispondremos a finales de 2025 aún no se ha creado y el 70% de esa nueva información será industrial. Y junto a todo lo anterior tenemos a un Rafa Nadal que es un genio y a unos emprendedores que son héroes, pero debemos dejar de tener héroes y genios y dotarnos de manera sistémica de una infraestructura de talento e innovación. Por primera vez las personas no iremos a trabajar donde están las empresas, sino que éstas vendrán donde esté el talento. Ya tenemos más de 12 inversiones comprometidas en España de grandes gigantes tecnológicos mundiales. Si somos capaces de posicionar a España como un hub de talento digital vendrá la inversión y los emprendedores. Una de las claves para que venga el talento es que aquí hay proyectos interesantes y para ello es indispensable que haya datos únicos.

Eugenio Mallol.-Cuando hablas con los investigadores españoles que trabajan en centros de excelencia dicen: “quiero estar donde pasan cosas”. Es ese el principal motivo que les retiene para volver. Tienen que ‘pasar cosas’ en España.

Carme Artigas.-España es un país que ofrece una gran calidad de vida y de comunicación, es el cuarto país del mundo preferido para teletrabajar y si eso lo combinamos con un apoyo como nunca ha habido a la innovación, el emprendimiento y el conocimiento tenemos mucho para ser líderes.

«Tan importantes son las inversiones vinculadas al Plan de Recuperación como las reformas, porque si inyectas dinero en una economía tradicional no la vas a convertir en una economía digital»

Eugenio Mallol.-Lo que comentas de la soberanía tecnológica es muy interesante para que España hable con voz propia. En algunas tecnologías esperamos a que sea Europa la que diga la primera palabra para sumarnos a continuación a su discurso, no tomamos la iniciativa. Por ejemplo, aunque el software y el hardware de código abierto permiten que generemos soluciones propias y están democratizando tecnologías como la inteligencia artificial y la robótica autónoma, hay partes de la Administración que están pasando de utilizar Linux a volver al software propietario en ámbitos como la educación o la sanidad. Los centros de procesamiento de datos que citas son norteamericanos. A veces hay contradicciones en el propio ecosistema a la hora de establecer dónde están las prioridades.

Carme Artigas.-En primer lugar, España no estaba ni se la esperaba para tener posicionamiento tecnológico. Mirábamos lo que hacían Alemania y Francia y nos subíamos. Esto ha cambiado radicalmente. Desde la Secretaría de Estado estamos marcando posición en el D9, en el G20, en todas las conferencias de telecomunicación, hemos impulsado en la Data Act el concepto de donante de datos, hemos sido muy insistentes en que los datos europeos deben estar en centros residentes en Europa cuyos backups sean también europeos, porque de lo contrario nos encontramos con que todos los datos de nuestros hijos en plataformas de educación online están en EEUU. Hemos impulsado la Carta de Derechos Digitales, somos el primer país que ha incorporado el concepto de transparencia algorítmica, empezando por la ‘Ley Rider’, y eso está dando pie a que seamos los primeros en poner en marcha el Reglamento de Inteligencia Artificial para detectar qué le podemos exigir a una empresa, qué impacto tendrá en las pymes y cuánto nos va a costar. Vamos a ser también el primer país del mundo que cree la Agencia Española de Supervisión de la IA, mi objetivo es que esté lanzada antes de final de año e incluya un sello de calidad de los algoritmos. Porque la clave no es sólo crear una ley, sino controlar cómo se lleva a la práctica. Tenemos la experiencia de la LOPD, que tuvo mucho éxito, pero a las pymes les costó mucho esfuerzo, tiempo y sobre todo dinero ponerla en marcha.

Eugenio Mallol.-Esta agencia podría ejercer la gobernanza en la tarea de conectar la innovación, algo que tanto se echa en falta en nuestro país. En especial en el caso de las redes de excelencia, ese punto intermedio que estás promoviendo y que podría situarse entre el CSIC y los centros tecnológicos y las universidades, con un propósito de transferencia a la economía.

Carme Artigas.-Es importante que tengamos en cuenta que estamos en una transición en la que pasan muchas cosas a la vez y cuesta entender los impactos. La década a nivel europeo va a ser tremenda. El ritmo actual de producción legislativa de Europa transformará la dinámica del mercado. La Digital Services Act, la Digital Market Act, la Data Act y el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial van a cambiar el impacto de las grandes plataformas y las reglas del juego, con un level playing field mucho más justo para que las pymes no se queden atrás y las empresas europeas estén en igualdad de condiciones. Hablas de la necesidad de alinearnos en los estándares y el open sourcing, y en ello la Administración pública tiene un papel muy importante. No podemos modernizar el país si no lo hacemos en el sector público. Tengo miles de haters en Twitter que me dicen todo lo que falla de las administraciones, pero lamentablemente no puedo llegar a la web de un ayuntamiento o de una comunidad autónoma. En realidad, la Administración es muy robusta, pero ha envejecido mal. No ha seguido el ritmo de la experiencia de usuario que tenemos como consumidores. Y cuando la pandemia ha hecho que mucha más gente necesite interactuar con la Administración electrónica, y los trámites han aumentado un 500%, nos hemos encontrado con un público más exigente. En eso estamos.

«En la Administración ya no estamos hablando de arquitecturas centradas en aplicaciones, sino de arquitecturas centradas en los datos»

Las empresas que están en la industria saben que es más fácil crear una Fintech de cero que transformar un banco con legacy, que es nuestro caso. Eso no se consigue en 24 horas, nuestro plan es hacerlo en tres años. Hemos optado por tareas de foco, por ejemplo, estamos usando robots de inteligencia artificial para hacer más eficientes los trámites. No puedo repintar los procesos de la Administración, porque detrás hay leyes, pero puedo hacer que sean más transparentes al usuario. Un ejemplo es el Kit digital: en lugar de pedir 36 documentos como en el caso de otras ayudas, no solicita ninguno porque los estamos buscando nosotros con robots de IA. Esa es una innovación sin precedentes. Nos vamos a intentar apoyar en el software libre, pero requiere de una comunidad de desarrolladores que lo mantenga, y hay cosas críticas que no pueden depender de ello, como los sistemas robustos. Crearemos una App Factory para que los desarrolladores nos propongan aplicaciones usando los datos abiertos, que se sumará al GobTechLab es un laboratorio de innovación en el ámbito de la gobernanza y los servicios públicos electrónicos.

Eugenio Mallol.-Da la impresión de que una de las grandes innovaciones pendientes de la Administración es la coordinación. Hay Ministerios diferentes para Universidades, Industria, Economía y Ciencia e Innovación. Figuras como tú o Teresa Riesgo sois muy conocidas y apreciadas en el ámbito empresarial, pero vuestras iniciativas a veces chocan con regulación que se queda atrás, que no va al ritmo de los cambios o se convierte en una barrera… hablas de desarrollar apps con un sandbox de datos abiertos, pero cuando se creen veremos si pueden implantarse porque chocarán con normativas, procesos burocráticos y niveles competenciales. La convivencia tecnológica parece una selva en la Administración española.

Carme Artigas.-Es muy complejo. En estos momentos, la dificultad mayor en nuestro país es que nos alineemos a hacer algo juntos y a la vez.

Eugenio Mallol.-Sería casi la mayor innovación, diría.

Carme Artigas.-La mayor innovación es dejar de duplicar y solapar las 250 redes que existen para hacer lo mismo a nivel local, autonómico o de ministerios y realmente sumar esfuerzos en la misma dirección para coordinarnos. El legacy que se arrastra viene como consecuencia de generaciones tecnológicas que han sido application centric, y cuando tienes que coordinar a muchas administraciones viene el famoso tema de la interoperabilidad, que es algo que nunca va a ocurrir porque no puedes interoperar arquitecturas dispares. Son tantas aplicaciones verticales de su padre y su madre, cada comunidad tiene sus consultoras…

Eugenio Mallol.-…en cada hospital hay seis o siete sistemas de información diferentes.

Carme Artigas.-¿Cuál es la ventaja de hacer esto ahora? Que ya no estamos hablando de arquitecturas centradas en aplicaciones, sino de arquitecturas centradas en los datos. Y por tanto, es igual el color de la factura o de la aplicación si a mí lo que me interesa es acceder a los datos de origen. Durante el Covid nos dimos cuenta de que necesitábamos datos de enfermos, test o defunciones en tiempo real para tomar decisiones de ámbito público a escala nacional. Tardamos cuatro meses en tener un sistema en el que las comunidades autónomas nos reportaran en tiempo real, con los mismos datos y de manera estandarizada esa información. Hasta que eso no ocurrió sufrimos todos mucho. La clave ahora, en lo que todos estamos de acuerdo, es en que una cosa es que tú delegues la gestión y otra que niegues la visión unificada a nivel estatal que es buena para todos. Tienes que darme tu porción de los datos para que yo te los pueda devolver comparados con el total, que es como mejor vas a gestionar.

«A través de la estrategia Gaia-X estamos animando a los sectores motores de la economía española a que creen espacios para compartir datos e innovar»

Eugenio Mallol.-Lo tendremos que ver, ojalá.

Carme Artigas.-Ya estamos en ello. Para eso estamos creando el espacio de datos de la Administración General del Estado, el data lake G2G, y todos los proyectos que tenemos de compartir datos. En primer lugar, entre la industria, que es el Gaia-X nacional, pero también en el espacio de datos de salud que está detrás del PERTE de Salud de Vanguardia. Ese cambio de application centric a data centric está detrás de todo ese cambio en el modelo de gestión. Cuando tengas datos de manera unificada podrás desarrollar aplicaciones y dar más información a cada comunidad autónoma. Es un gran cambio de paradigma, pero tenemos los recursos para poderlo a abordar. La otra clave para mí es que a las empresas les interesa ser conscientes de que ha desaparecido la visión vertical, ahora son ecosistemas en los que sí o sí van a tener que compartir datos…

Eugenio Mallol.-…y colaborar…

Carme Artigas.-…y colaborar en la cadena de valor. Porque eso es lo que las va a hacer resilientes y las dotará de capacidad para innovar. A través de la estrategia Gaia-X estamos animando a los sectores motores de la economía española a que creen espacios para compartir datos e innovar. Ya hemos lanzado el espacio de datos de turismo, que es pionero a nivel europeo, hay otro conjunto potente en industria 4.0 y detrás de cada uno de los PERTE estratégicos nacionales habrá espacios de datos. Estamos evolucionando hacia la economía del dato. Tenemos que ayudar al sector privado a compartir datos y hacerlo también en el sector público en los ámbitos G2G para abrirlos después al sector privado y que innove. Para eso hemos creado la Oficina del Dato con el Chief Data Officer. Son cambios a largo plazo que tienen que empezar ahora.

Eugenio Mallol.-Si lo conseguimos será como abrir la puerta del árbol en Alicia en el País de las Maravillas, vamos a entrar en un mundo nuevo. Me interesa también mucho hablar del Plan de Competencias Digitales: cuando se aprobó el PERTE de la Agricultura hicimos una consulta a las empresas agroalimentarias del ecosistema de Atlas Tecnológico. Yo pensaba que iban a decir: “necesitamos herramientas de IoT, robótica, 5G”, pero no, lo primero reclaman es formación, tener competencias digitales. Es importante por eso relacionar el ámbito TIC con el de Educación, establecer puentes, dar valor curricular a la formación digital, aunque sea no reglada.

Carme Artigas.- Hay un nivel inconexo de madurez en distintos aspectos de adopción tecnológica entre las grandes, las medianas y las pequeñas empresas. En el corto plazo, lo importante es que las pymes no se queden fuera del carro de la digitalización y de ahí el Kit Digital. A nivel de competencias digitales, el 36% de la ciudadanía carece de las básicas, aunque es importante decir que eso no puede justificar su exclusión de los servicios personales. Tenemos que generar los puestos de trabajo del futuro, incluidos los de alta cualificación, pero antes hay que dotar a las empresas de los perfiles que necesitan hoy. Existe un gap de recursos, hay cuatro veces más demanda de perfiles tecnológicos que oferta disponible. Aquí vienen dos grandes revoluciones: el Ministerio de Educación impulsa el cambio curricular en Primaria, Secundaria y Universidades, aunque necesitaremos una generación para ver el impacto, y, a más corto plazo, tenemos la Ley de Reforma de la Formación Profesional que, junto a la Ley de Startups, son las dos grandes reformas que van a cambiar el clima…

«Vamos a impulsar una certificación de la formación en competencias digitales no regladas para que tenga un baremo. Y esas microcertificaciones tendrán su equivalencia en el mundo reglado»

Eugenio Mallol.-…porque inciden en ese cambio cultural que tanto se echa en falta en la sociedad…

Carme Artigas.-…sí, tan importantes son las inversiones vinculadas al Plan de Recuperación como las reformas, porque si inyectas dinero en una economía tradicional no la vas a convertir en una economía digital. Tenemos que cambiar leyes y mecanismos. La nueva FP crea tres nuevas familias, impone como modelo único la formación dual y permite la creación de puentes con la Universidad. Pero hacen falta ya perfiles y ahí tenemos que confiar en la formación no reglada, de la mano del sector privado. Esto implicará planes de choque, muchos los estamos haciendo con el SEPE y la Fundae, relacionados con la formación en temas tecnológicos. Pero hay una parte importante de competencias digitales que van más allá. Es casi más relevante lo que sabes hacer que lo que sabes, porque esto último queda obsoleto muy rápido. Se piden cinco C al hablar de competencias: pensamiento Computacional, Crítico y Creativo, y capacidad de Colaboración y Comunicación. El punto débil aquí es que haciendo formaciones de choque de seis meses incentivemos el fracaso escolar, como pasó en el pasado muchas veces con el Fondo Social Europeo. Ese error no lo vamos a cometer. Haremos formación a partir de 21 años porque hay una correlación directa entre el nivel de paro y la edad a la que se deja de estudiar. Finlandia se plantea llevar la educación obligatoria hasta los 18 años precisamente por eso, habrá que escucharles.

Y con la formación no reglada sucede que el empresario no tiene una referencia de qué es bueno, malo o regular a la hora de contratar. Vamos a impulsar una especie de certificación de competencias digitales no regladas para que tengan un baremo. Y esas microcertificaciones tendrán su equivalencia en el mundo reglado: si has hecho 1.000 horas de código, da igual donde las hayas hecho, te equivaldrá como un curso o medio curso, lo que corresponda en cada caso, de formación reglada.

Eugenio Mallol.-Lo revolucionario sería aprovechar la omnicanalidad de la formación.

Carme Artigas.-Es revolucionario, de verdad, tenemos que empezar a distinguir lo reglado, que tiene que ver con el conocimiento, de las competencias, porque en estos momentos va a ser tan importante una cosa como la otra. El mercado nos está exigiendo que le aportemos esos perfiles que necesita, pero también que trabajemos a largo plazo. Hemos hecho una consulta de la mano de la Secretaría de Estado de Economía para ver dónde están las bolsas de empleo. Cuántos ingenieros, expertos en cloud, cuántas personas capaces de instalar placas solares o soldadores submarinos a -10 metros necesita España, lo que sea. Porque con el Plan de Recuperación estamos generando demanda de determinados perfiles. Este análisis de las bolsas de empleabilidad también lo estamos incorporando a los planes de choque.

«Lo que pido a las grandes empresas es que se crean el papel de tractor que deben tener en la economía nacional»

Eugenio Mallol.-Se dice que en España se ha hecho política industrial tradicionalmente cuando ha habido que solucionar problemas y crisis. Nos falta hacerla con visión constructiva, , pensando en qué modelo queremos de país. Y no sólo la industrial, sino la de toda la economía, para que en el tema de los Fondos de Recuperación no confundamos los medios con los fines. No se trata de repartir dinero por repartirlo. Me gustaría saber qué modelo tienes en la cabeza, cuál tenéis en el Gobierno. Cada cual puede entender por nuevo modelo productivo una cosa diferente, probablemente no sea el mismo para el sector turístico que para el químico. Cuál es el tuyo.

Carme Artigas.-El modelo productivo tiene que cambiar para ser más competitivo y resiliente, más digital y sostenible. La transición ecológica y la digital van a tener que realizarse a la vez. Las tensiones energéticas son una muestra más de que estamos en una transición hacia un nuevo modelo y de que la equidad en el reparto de los costes y los beneficios que genera esa transición no es inmediata. Por eso tenemos que estar vigilantes. Tenemos que transitar hacia esa economía del dato, lo que supone no sólo un cambio cuantitativo, sino también cualitativo, hay que migrar hacia actividades de más valor añadido. Si España es la única economía de las seis grandes europeas donde no hay una correlación directa entre el incremento de productividad y la generación de empleo es porque está muy orientada a las pymes y una parte muy importante de la actividad de algunos de sus sectores principales, como construcción y turismo, no tiene un alto valor añadido. Tenemos que pasar a sectores con mayor contribución digital y llevar a estos grandes tractores de la economía hacia una economía digital que genere puestos de trabajo más cualificado. Eso pasa por que todos los sectores incorporen la tecnología y entiendan el valor de los ecosistemas y de compartir datos, y por que en España exista la materia prima tanto tecnológica como intelectual para que tengamos una concentración de inversión y talento.

Tenemos que evolucionar también de ser un país de micropymes a uno de pequeñas y medianas empresas. Y lo que estamos viendo ahora con los Planes de Recuperación es que por primera vez surgen ecosistemas de colaboración. Gracias a los PERTE estamos forzando, y es una maravilla, a los competidores a colaborar. Lo que pido a las grandes empresas es que se crean el papel de tractor que deben tener en la economía nacional. Puedes ser una compañía energética con 100 científicos de datos, pero es que a lo mejor necesitas 1.000 para competir a nivel mundial, y no los vas a fichar, no te compensa, pero sí puedes tener un ecosistema de startup a tu alrededor que apoyas y son parte de tu innovación abierta. Esto era impensable hace dos años, pero ahora está ocurriendo. Esa es la clave del cambio de modelo productivo: la colaboración entre universidades, centros de investigación, grandes y pequeñas empresas. De la mano del Ministerio de Universidades vamos a lanzar convocatorias para que se creen en España como mínimo 10 áreas temáticas de excelencia en inteligencia artificial. Junto a ello hay que ayudar al emprendimiento, a que las startups crezcan y pensar ya en las scaleups. Somos exportadores netos de talento y tenemos que ayudar a crear unicornios desde España. Hagamos la profecía autocumplida, invirtamos en talento, porque la competencia es global. No se trata de conseguir el primer millón, sino los siguientes 10 y después los siguientes 50. En este país puedan faltar proyectos, pero no dinero, tenemos que conseguir que no quede ni un solo buen proyecto que no encuentre la financiación necesaria para crecer.

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