Ojeadores de innovadores

¿Cómo andamos de ojeadores y cazatalentos en el sector científico-tecnológico español? Tener en el radar a los que despuntan es una forma de competir por el talento y las grandes figuras de la innovación saben que si es necesario deben implicarse personalmente en ello, ecosistemas como el de Múnich e comunidades globales como Sigma Squared han desarrollado herramientas para localizar genios
4 de febrero de 2024 | Compartir: Compartir en twitter Compartir en LinkedIn
Ojeadores de innovadores

A propósito de una noticia reciente que ha puesto de nuevo en el foco a uno de los grandes nombres propios del sector tecnológico mundial, converso con un investigador y profesor español de la materia. Acumula una larga trayectoria en una de las principales universidades de Estados Unidos y conoce bien el asunto porque fue precisamente ese popular personaje el que le arrebató a uno de sus alumnos de doctorado justo cuando iba a implicarle en el lanzamiento de una empresa que, por cierto, con el tiempo acabó siendo todo un éxito.

La cosa es que la noche anterior a echar adelante con el proyecto, el chaval recibió una llamada en el móvil. El multimillonario emprendedor le proponía en persona cofundar otra empresa diferente con él. Cómo podía decirle que no.

¿Cómo andamos de cazatalentos en el sector científico-tecnológico en España? ¿Cuántos CEO y emprendedores de éxito son capaces de llamar hoy a un ingeniero estudiante de máster para que se sume a su proyecto porque conocen su trabajo y sus capacidades? En cierta ocasión, una asociación de startups de una región española mostraba su cansancio. Tenía que llamar a las puertas de las empresas, especialmente de pymes, para dar a conocer sus proyectos de innovación. El mundo al revés

Tras dejar la dirección general de la sociedad de inversión de Juan Roig, Angels Capital, Jaime Esteban puso en marcha la consultora SpeedOut, a la que una compañía valenciana encargó que hiciera un scouting mundial para localizar empresas que dominaran una determinada tecnología. El listado final de 10 candidatas lo encabezaba una firma de Paterna. Escribe Ezequiel Navarro que, en mitad de una semana de mil demonios, fue capaz de dedicar una tarde a una spin off de la UPM dedicada a diseñar convertidores de hasta 2.000 amperios para alimentar chips de supercomputación para cloud, IA y GPU. Es el tema.

La diplomacia de innovación que necesitamos debe incluir una exigente tarea de rastreo de talento y voluntad de emprendimiento en nuestro propio ecosistema. Sólo una vez he entrevistado a un directivo con una cerveza en la mano, fue a Jörg Claussen, director científico del Center for Digital Technology and Management (CDTM), una ‘escuela de genios’ ideada por la Universidad Técnica de Múnich y la Universidad Ludwig-Maximilian. Está gestionada por estudiantes de doctorado y su propósito es formar innovadores en la fase previa a su explosión ya sea como emprendedores, ya como profesionales. De su seno han salido ya siete unicornios.

Un planteamiento similar es el de Sigma Squared, una comunidad global dedicada a incorporar y conectar a emprendedores veinteañeros de base científico-tecnológica. Sus asociados han captado ya la friolera de 1.600 millones de dólares de inversión. Comento la jugada y sus planes de futuro con sus jóvenes y talentosas directivas Julia Zhou y Greta Pappa. Entre los fondos que asoman la cabeza Sequoia o Index Partners.

Qué sería de los equipos de fútbol sin buenos ojeadores. Quizás sea otra asignatura pendiente o, mirando el vaso medio lleno, otra oportunidad.

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