Las Claves de los Expertos
Una política industrial duradera para el nuevo marco de ayudas europeas
Los participantes en la mesa redonda ‘Innovar en el mundo post Next Generation’ coinciden en que el impacto de los fondos ha sido positivo, pero piden reforzar la colaboración público-privada y orientar las inversiones hacia sectores estratégicos
Los fondos Next Generation nacieron como una respuesta extraordinaria a la crisis provocada por la pandemia, pero rápidamente trascendieron el objetivo inicial de reactivar la economía para convertirse en un instrumento destinado a impulsar la digitalización, la transición energética y la transformación del modelo productivo europeo. El verdadero desafío cinco años después es cómo consolidar un modelo de financiación que permita mantener el impulso a la innovación, la transformación industrial y la soberanía tecnológica. Se trata de la cuestión que ha pesado sobre la mesa redonda ‘Innovar en el mundo Post Next Generation’, celebrada en el marco de New In y moderada por Francesc de Paula Pons, director de The Terminal Hub.
José María García Orois, director de Desarrollo de Negocio de la SETT, ha abierto el debate con una valoración favorable del impacto que los fondos europeos han tenido sobre la economía española por su capacidad para acelerar cambios estructurales. La principal aportación del programa consiste en acelerar procesos de transformación que ya estaban en marcha, pero que difícilmente habrían alcanzado la velocidad actual sin una inyección extraordinaria de recursos públicos.
“Los efectos de los fondos Next Generation han sido claros en toda la economía española. Desde el año 2020 hay datos más que evidentes de que se ha producido un cambio en la creación de empleo, la digitalización, la tecnología verde, la transición verde y la productividad”, afirma. Sin embargo, más allá del balance de estos primeros años, ha insistido en que el principal aprendizaje consiste en entender que este esfuerzo no puede tener un carácter temporal. “La lección aprendida es que no podemos parar. Los fondos Next Generation marcan un camino para todas las administraciones y para todo el tejido productivo”, ha señalado.
Felipe Carrasco, secretario autonómico de Industria, Comercio y Consumo de la Generalitat Valenciana, ha recordado un estudio elaborado por la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE) según el cual el 70% de las grandes empresas valencianas desconocían cómo acceder a los fondos Next Generation. Más significativo aún resulta el dato publicado por el Ministerio, según el cual solo una de cada cinco empresas ha conseguido beneficiarse finalmente de estos programas. A su juicio, estos datos evidencian que el instrumento no ha alcanzado plenamente sus principales objetivos. “Si la orientación era transformar económicamente el tejido productivo de Europa, basado en pymes y micropymes, ha sido un nefasto fracaso”, asegura.
El responsable autonómico ha ido más allá y defiende que esta experiencia debería servir para replantear el funcionamiento de futuros programas europeos. “Desde muy al principio de la puesta en marcha de los fondos Next Generation, todas las regiones españolas pedimos cogobernanza de los fondos europeos, pero se nos ha negado. No hemos podido tomar decisiones con respecto a la gestión”, afirma. En consecuencia, considera que una parte importante de los recursos no ha llegado al segmento empresarial que más necesitaba apoyo para afrontar su transformación tecnológica.
Carrasco vincula este debate con las nuevas oportunidades que se abren para la industria europea en ámbitos como la defensa, la seguridad o las tecnologías duales. En su opinión, aprovechar esta nueva etapa exigirá una coordinación mucho más estrecha entre administraciones y una mayor capacidad para trasladar los instrumentos financieros hasta las pequeñas y medianas empresas.
José María García Orois ha explicado que Europa está modificando progresivamente la forma en que interviene en la economía. El modelo basado exclusiva mente en subvenciones está dando paso a otro en el que las administraciones públicas actúan cada vez más como un inversor: comparten riesgos con las empresas y orientan los recursos hacia proyectos considerados estratégicos para el conjunto de la Unión Europea. En este contexto, ha recordado que parte de es tos mecanismos ya se canalizan a través del Instituto de Crédito Oficial (ICO), con el objetivo de impulsar sectores considerados prioritarios para el futuro económico europeo.
José María García Orois (SETT): “Los efectos de los fondos Next Generation han sido claros en toda la economía española, hay datos más que evidentes”
El secretario autonómico Felipe Carrasco sitúa la colaboración como uno de los pilares sobre los que debería construirse el escenario posterior a los Next Generation. Frente a un modelo basado exclusivamente en ayudas económicas, defiende reforzar los mecanismos que permiten conectar empresas, universidades, centros tecnológicos y administraciones públicas.
“Es muy importante consolidar empresas para que estas sean mayores y se consigan mejores salarios, más innovación y más resultados y posicionamiento a nivel internacional sobre la base de la innovación y la consolidación”, ha asegurado. La consolidación empresarial, ha defendido, constituye uno de los principales retos para transformar el crecimiento puntual derivado de los fondos europeos en una ventaja competitiva permanente.
De acuerdo con José María García Orois, el dinero público debe concebirse como un recurso capaz de generar nuevos ciclos de inversión. Desde la SETT, el objetivo consiste en seguir identificando oportunidades empresariales y reinvertir los recursos recuperados para impulsar nuevas tecnologías y favorecer el desarrollo de compañías con capacidad de competir internacionalmente. La previsión asociada al programa España Crece, dotado con 50.000 millones de euros, responde precisamente a esa lógica de continuidad y de apoyo permanente a empresas estratégicas.
La intervención de Pilar Carrato, CFO del CDTI y CEO de Innvierte, ha introducido otro de los grandes debates que marcan la agenda europea: la soberanía tecnológica. Defiende que los recursos públicos deben orientarse hacia tecnologías capaces de generar capacidades industriales propias y reducir la dependen cia exterior de ámbitos considerados críticos, aunque, en su opinión, la creciente atención que reciben conceptos como la IA o la defensa obliga “a tener cuidado, porque la palabra innovación se usa mal”, advierte.
Pilar Carrato (CDTI): “Si no hay capital privado, no podemos hacer nada. Todos los actores son necesarios, incluidos fondos de pensiones y aseguradoras”
En este contexto, reivindica el papel de la Deep Tech, aunque insiste en que el término no puede utilizarse de forma indiscriminada. “Deep Tech no es simple mente usar la palabra IA”, afirma, y menciona otras vías como “la computación cuántica” o “los sistemas avanzados”. Sostiene que debe caracterizarse por su capacidad de aportar un valor diferencial para Europa y ofrecer ventajas competitivas sostenibles que permitan construir esa soberanía tecnológica que Europa persigue desde hace años.
Carrato ha recordado, además, el crecimiento experimentado por los instrumentos públicos de financiación durante los últimos años. Antes de la llegada de los fondos Next Generation, el conjunto de programas movilizaba alrededor de 1.000 millones de euros anuales. Posteriormente, esa cifra aumentó hasta los 2.000 millones, alcanzando durante los tres últimos ejercicios un volumen cerca no a 2.500 millones de euros al año, sin que el resto de líneas de financiación des aparecieran.
Pilar Carrato concluye incidiendo en que, a pesar del actual régimen de ayudas del Estado, el futuro de la innovación dependerá de una mayor implicación del capital privado. “Si no hay capital privado, no podemos hacer nada. Todos los actores son necesarios”, y añade que son fundamentales los fondos de pensiones y las aseguradoras. “Es necesaria la inversión por parte de las empresas grandes”.


