Algoritmia y Violín

Una agencia de innovación con poder para derribar las barreras regulatorias

Esa es una de las funciones de ARPA-H, la agencia del Gobierno norteamericano que acaba de presentar sus programas de apoyo a la investigación de alto impacto, alto riesgo y alta rentabilidad, con 1.000 millones de dólares anuales de presupuesto, mientras, en España, el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades prefiere no aparecer por el Congreso Nacional de Industria

Eugenio
Eugenio Mallol
Director de Comunicación - Atlas Tecnológico
08-02-2026

V. Domenico / WEF

Una de las grandes sorpresas de la reciente JP Morgan Healthcare Conference (JPM 2026) celebrada en San Francisco, la mayor reunión mundial de inversores del sector de la salud, tan poco propensos como son a las sorpresas digamos 'no fungibles', ha sido la protagonizada por una agencia estatal norteamericana llamada Advanced Research Projects Agency for Health (ARPA-H). Interesante su mecanismo, especialmente después de un Congreso Nacional de Industria en el que no ha estado presente el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Al equipo de Diana Morant se le haya perdido nada entre el sector industrial,  al parecer, y su disputa con Jordi Hereu por el Programa Marco le impide compartir foco.

ARPA-H tiene como objetivo, ya sabes, "acelerar la mejora de la salud para todos", no dejes de decir en un pitch ante inversores que tu propósito es hacer un mundo mejor. Su intención es apoyar el desarrollo de "soluciones de alto impacto para los problemas de salud más complejos de la sociedad". Ronda de imprimación. Tiene como referente a otra agencia emblemática y fundamental para comprender los últimos 65 años de innovación en Estados Unidos, la DARPA (Defense Advanced Research Projects Agency).

Cualquier científico en universidades norteamericanas, sea cual sea su orientación política, sabe que una de las primeras puertas a las que debe llamar para financiar su investigación es la de la DARPA. Si no le contactan ellos directamente. Para lo demás, demócrata de toda la vida. Los españoles suelen soltar una risa cuando se les informa de que tal o cual empresa de robótica, es un decir, ha firmado un manifiesto para que sus ingenios no tengan uso militar.

En fin, con esa inspiración, ARPA-H se ha presentado en la JPM 2026. Ha explicado que dispone de 1.000 millones de dólares (850 millones de euros) para financiar investigación que cree "nuevas oportunidades" y resuelva "problemas importantes" mediante "programas ambiciosos, bien definidos y medibles".

Y el segundo round: cada programa está dirigido por un gestor que defiende una idea central, plantea un reto y adjudica proyectos a equipos multidisciplinares de profesionales. Una vez adjudicado, el trabajo de estos últimos se mide y evalúa para garantizar que solo las mejores soluciones avancen. Igualito que el programa Horizon Europe.

Se trata de financiar iniciativas de "alto impacto, alto riesgo y alta rentabilidad", y ¡tercer round!: ARPA-H está dispuesta a proporcionar la influencia necesaria para derribar las barreras regulatorias. No es esta una cuestión estrictamente teórica, ese rol constituye, de hecho, una de sus funciones principales. Uno no va a San Francisco, a la JPM 2026, a que le saquen los colores por vender humo.

Imagina al CDTI acudiendo al Ministerio de turno, al Congreso o, peor, a un parlamento autonómico para plantear batalla, con plena autoridad institucional, y pedir que se elimine alguna de las mil trabas burocráticas que impiden a los innovadores desplegar todo su potencial ("por todo el mundo resuena el grito del corazón del artista, permíteme hacer todo aquello de lo que soy capaz", dice la Babette de Isak Dinesen).

Los hechos. En la JPM 2026, ARPA-H ha expuesto los tres programas con financiación disponible, tres, no más, importante esto: el programa de Transformación de la Atención Cardiovascular con IA Agentic (ADVOCATE), el programa de Intervenciones Autónomas y Robótica (AIR) y el programa de Sistemas de Bioestabilización (BoSS).

El primero de ellos, por ejemplo, tiene como objetivo transformar la gestión avanzada de las enfermedades cardiovasculares con un sistema de agentes de IA que proporcione atención clínica integral las 24 horas, los siete días de la semana. ADVOCATE quiere crear un sistema de IA agéntica clínica, único en su clase, confiable y autorizado por la FDA, que actúe como un nuevo miembro digital del equipo de atención clínica.

Da la impresión de que la idea no es que la mayoría de los proyectos que financien los programas ADVOCATE, AIR y BoSS acaben en un cajón, como sucede con muchas de las actuaciones de I+D+i financiadas con fondos públicos en Europa y España. Fundamentalmente aquellas que se presentan como una apariencia de I+D+i, pero sólo buscan sostener la actividad de grupos de investigación públicos y privados.

Nos tenemos que quedar, en fin, con varias cosas. Interesante la figura del gestor central, experta, locomotora capaz de encauzar los esfuerzos en la dirección correcta. Cuánto ayudaría encontrar la fórmula para aprovechar tanto conocimiento técnico, empresarial y científico en nuestro país del que sólo podemos extraer migajas porque el entorno no da para más.

Alto riesgo, alto impacto y alta rentabilidad. Ahorrar unas decenas de millones de euros en una gran empresa sin ánimo de patentar, de generar conocimiento de vanguardia, es innovación de patio de colegio. E investigar sin pensar en soluciones que tengan como destino final mejorar la vida de las personas (¡el talento literario y la imaginación creativa que esconden los títulos de tantos proyectos de I+D!) es puro entretenimiento.

Y, por último, esa Arcadia, esa unidad perdida de Hölderlin, ese sfumato de Da Vinci: una agencia impulsora de la innovación con el respaldo institucional suficiente como para promover el derribo de barreras regulatorias en el continente de las fronteras normativas por antonomasia, en esa recreación del Infierno de Dante en forma de nueve círculos concéntricos competenciales al que conocemos como Administración pública. ¡Eso es demasiado pedir!