Algoritmia y Violín

¿Quién puede decir que no a una industria china?

En algunas regiones españolas, un tercio de los proyectos de implantación industrial que se manejan proceden ya del gigante asiático, aseguran empleo y actividad, de modo que las advertencias geopolíticas y de los servicios de inteligencia suenan a eco lejano, la clave es gestionar este momento difícil con visión granular

04-10-2026

¿Cuál es la alternativa a dejar que una empresa china se instale en tu territorio? Esa es la pregunta que se están formulando hoy en día muchos de nuestros responsables públicos. Recientemente, un consejero de una de comunidad autónoma me aseguraba que, de los 66 proyectos de implantación de nuevas industrias que están manejando 22 proceden del gigante asiático. ¿Quién puede decir que no?

No resulta nada fácil por criterios geopolíticos cerrar la puerta a una inversión de decenas de millones de euros que puede asegurar empleo y mantener viva a una malla de industrias auxiliares. La alternativa al acuerdo de Geely con Ford era, en la práctica, el cierre de la planta valenciana. Un dilema en el que la voz de Donald Trump se escucha como un eco lejano. Además, nuestros gestores públicos saben que su renuncia sólo servirá para abrir la puerta a la implantación de la compañía china en otra región cercana.

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) lleva tiempo auscultando la imparable penetración de músculo industrial chino en nuestro país, porque eso lleva aparejado indisociablemente el acceso a conocimiento. El Comité de Seguridad en la Investigación del CSIC se concibió como un servicio de antiespionaje, no sólo para evitar que alguien robe las ideas de nuestros científicos, sino para que las empresas no sean las causantes involuntarias de una fuga de tecnología.

Jean-Luc Moullet, subdirector de innovación del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS), el equivalente francés a nuestro CSIC, es un ingeniero de Minas que ha pasado por el Departamento del Tesoro, representó a Thomson-Technicolor en San Francisco y en Los Ángeles y la convirtió en líder mundial de soluciones de trazabilidad de contenidos digitales, ha dirigido una empresa de TI de salud, ha sido asesor para asuntos industriales del ministro de Defensa francés y ha gestionado el Programa Inversiones para el Futuro (PIA) de la Presidencia de la República. Me gusta mencionar su caso porque hoy es el hombre que vigila el uso que van a hacer las empresas de la I+D que producen sus investigadores. Ese es el perfil del momento.

La UE incluye salvaguardas para proteger nuestra innovación en el Reglamento de control de la inversión extranjera directa (IED), en el Kit de herramientas para abordar la interferencia extranjera en la I+D, en la 5G Toolbox y en el Reglamento de la UE sobre control de las exportaciones de productos de doble uso, es decir, de todo aquello que, como el software, puede destinarse tanto a usos civiles como a militares o nucleares.

Ahora, además, proteger nuestros intangibles con patentes y el resto de fórmulas legales disponibles, sale rentable. La italiana Lucia Cusmano, que coordina la Estrategia de la OCDE para pymes y emprendimiento, me habla de su colaboración con la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) en la iniciativa de IP-Backed Finance. El objetivo es que los activos intangibles “sean reconocidos por las instituciones financieras como colateral o garantía para el crédito”. Va a ser uno de los pilares de la EU Innovation Strategy, busca movilizar financiación para empresas ricas en intangibles, que son las que tienen un potencial de crecimiento importante.

“En este momento, el rol de China, su sobrecapacidad en algunos sectores estratégicos y la crisis en el sistema multilateral internacional ponen a Europa ante un nuevo escenario”, continúa Cusmano, “tiene que encontrar un equilibrio entre la apertura, que en algunos sectores sigue siendo importante, tanto para las exportaciones como para las importaciones, y la necesidad de responder a este nuevo escenario”.

La receta de la OCDE es aplicar “una estrategia más tailored, más específica y granular sobre dónde están los desafíos en términos de dependencia estratégica. No puede ser un proteccionismo puro, eso no puede funcionar, no es posible con los tratados internacionales. Se trata, sobre todo, de un tema de diversificación en términos de mercado y de partnerships internacionales: diversificar las fuentes de importación y encontrar nuevas alianzas en el escenario internacional”. Junto a ello, para Europa, “el desafío industrial es sobre todo un problema de productividad y de difusión de la innovación”.

China va a estar presente en la solución de una forma u otra. Esa “difusión de la innovación” de la que habla Cusmano deberá hacerse en un ecosistema cada vez más inoculado por actores del país de Xi Jinping. Un equilibrio difícil para nuestros responsables autonómicos. ¿Quién puede decir que no?