Algoritmia y Violín

No son sólo las infraestructuras de transporte, ¡son sus datos!

Europa vive ajena al proceso de colonización por parte de China de los puertos del Norte de África y de esa Sudamérica con la que acabamos de firmar el acuerdo de Mercosur, la siguiente oleada serán los aeropuertos, pero el problema no es estrictamente de eficiencia en la gestión de infraestructuras, sino de control de los datos del comercio mundial

Eugenio
Eugenio Mallol
Director de Comunicación - Atlas Tecnológico
03-05-2026

Si un país ha comprendido desde el principio que controlar el mundo físico será tan determinante en el futuro como liderar la transformación digital, ese es China. Hay un motivo fundamental para acreditar esa estrategia: los datos. Mientras los gigantes del sector tecnológico planean billones de dólares de inversión para extender las infraestructuras de entrenamiento, simulación e inferencia de la IA, su contraparte china viene desplegando desde hace años una discreta, pero imparable actividad de control de las fuentes clave de datos de calidad y alto valor geoestratégico.

Los puertos son el enclave fundamental en esta dinámica. La UNCTAD estima que más del 80% de las mercancías que se comercian a nivel mundial se transportan por vía marítima. La economía de China depende dramáticamente de las exportaciones y es consciente de lo que eso significa.

Incomprensiblemente, Europa no sólo se mantiene ajena al proceso de colonización chino de puertos tanto en el Norte de África (los lados oriental y occidental ya pueden darse por perdidos), como en esa Sudamérica con la que acabamos de firmar el Acuerdo de Mercosur, sino que está financiando directamente con nuestros impuestos el desarrollo de sus terminales con la filosofía de que si despegan económicamente servirán de freno migratorio.

No se trata de un problema sólo de infraestructuras, sino de datos. El proceso de concentración vertical que vive el sector marítimo deja cada vez a más operadores, logísticos, de transporte, transitarios y hasta autoridades portuarias, a merced de aquellas compañías que controlan la información todos los eventos que se producen en el transporte de una mercancía. Las compañías chinas están ocupando posiciones en el Norte de África y, sobre todo, en Brasil que les otorgan la llave de este proceso.

Mauricio Lascurain y Daniel Romero explicaban hace un año en un informe el despliegue de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR), un proyecto de infraestructura global chino que busca revitalizar la antigua Ruta de la Seda. En África, la IFR ha financiado proyectos en sectores como energía, telecomunicaciones y transporte, con el objetivo de aumentar la conectividad regional y la integración económica, explican.

Desde el lanzamiento de la IFR en 2013, la relación entre China y África ha adquirido una nueva dimensión. “La IFR se despliega en África a través de dos corredores principales: la Ruta de la Seda marítima del siglo XXI, que conecta puertos del océano Índico y el mar Mediterráneo, y la Ruta de la Seda terrestre, que busca extenderse hacia el norte de África y enlazarse con Europa”, añaden.

La distribución sectorial de las inversiones chinas en África se centra principalmente en el sector energético y el de transporte (63%). Inicialmente, China enfocó sus operaciones en África oriental debido a sus puertos y a su necesidad de materias primas, pero estas iniciativas se han extendido a todo el continente. Hoy es el principal proveedor de infraestructuras en África: financia el 20% de los proyectos y construye un tercio de ellos.

En cuanto a Sudamérica, la presencia de China en los puertos de esa región se ha consolidado mediante la inversión y administración de al menos 37 terminales, entre las que destacan especialmente proyectos estratégicos como el megapuerto de Chancay en Perú y una amplia red de infraestructuras en Brasil.

El informe ‘No Safe Harbor’ del Center for Strategic International Studies (CSIS) confirma que la expansión china en puertos de Sudamérica está generando ya dilemas de seguridad en varios países. ¿El motivo? Algunos gobiernos están teniendo dificultades para monitorizar actividades logísticas y tecnológicas dentro de instalaciones operadas por empresas chinas. Los datos.

Y lo que viene ahora son los aeropuertos. Camila Chame explica, con datos del Council on Foreign Relations estadounidense, que en las últimas dos décadas entidades chinas han invertido en la construcción, ampliación o modernización de unos 60 aeropuertos en todo el mundo.

Si bien se trata de la mitad de las operaciones llevadas a cabo en puertos y solo 46 están activos, “el carácter especialmente sensible para la seguridad nacional de los aeropuertos ofrece margen para mirar con suspicacia operaciones en las que intervienen empresas o bancos chinos”, debido a “la sujeción que deben a su gobierno en caso de ser requeridos”.

De nuevo la sombra de Mercosur. La mayor operación aeroportuaria de China hasta la fecha se produjo en 2017, cuando Hainan HNA Infrastructure Investment Group compró por 16 millones de dólares cerca del 60% del operador del principal aeropuerto de Río de Janeiro, en Brasil.

En cierta ocasión, un directivo de Walmart me explicó que habían considerado la posibilidad de comprar el Puerto de Valencia, ciudad donde se ubicó durante muchos datos su desconocida oficina central en Europa. Hay que mirar con mucha atención los movimientos que se están produciendo en ese tipo de enclaves porque ya no se trata de asegurar la sostenibilidad física de la cadena de suministro, sino el verdadero nutriente de la creación de valor del futuro: los datos.