Algoritmia y Violín

Lecciones del Mundial para la gestión de datos

La experiencia de usuario es una de las cuestiones que deben verse reforzadas con la captación de datos, algo que los organizadores del Mundial de Fútbol han sabido gestionar de forma admirable, desde el awareness de los partidos hasta el armario ropero del usuario días después, nuestras grandes corporaciones en sectores críticos y muy regulados y la Administración deberían tomar nota

02-08-2026

Sin colas de acceso, con banda ancha de alta calidad desde la llegada al estadio y un lanyard tematizado para todos los asistentes, con independencia del asiento que fueran a ocupar en el estadio. La organización no hace distinciones, ni en las puertas de entrada ni en la entrega de los lanyards, entre los espectadores VIP y el resto (una vez en el palco, la cosa cambia sustancialmente, como es obvio). Llevar colgada una especie de ‘acreditación’ genera un engagement instantáneo.

En la tarjeta del lanyard aparece un QR que conduce a la aplicación diseñada para el público del Mundial de Fútbol. Puedes descargarla desde Apple Store aquí. Los espectadores suben a ella las fotos y vídeos del partido y, por menos de 50 dólares, pueden encargar también un álbum para recibirlas en formato físico, y una camiseta o una sudadera personalizadas, en las que se pueden insertar hasta cuatro fotos.

La experiencia de usuario de los grandes eventos globales los está convirtiendo en un fenómeno que comienza el día que surge el primer awareness, probablemente en redes sociales, hasta la estantería y el armario ropero de casa días después de su celebración, pasando por la web de compra de entradas, las puertas de acceso, los asientos y los puestos de bebidas y comidas. En ese customer journey, datos, datos, datos.

Llevo la reflexión a la forma en la que las grandes compañías que gestionan sectores críticos y regulados en España se relacionan con los usuarios, incluida la propia Administración pública. Pienso en la calidad de la relación que mantenemos con empresas eléctricas, gasistas, de telecomunicaciones, concesionarios de redes hídricas y gestores de infraestructuras de transportes, pero también con los gigantes tecnológicos que se ocupan de proveernos de servicios cloud, nos dan acceso a sus redes sociales y nos venden dispositivos conectados. Entre eficiencia y humanidad, me decía estos días una usuaria cabreada, siempre prima la primera, con una pegajosa propensión al error.

Por supuesto, el sector público. Todos sabemos en qué área de la Administración se encuentran los mejores profesionales de inteligencia artificial (IA) de España, y no es precisamente Defensa, aunque ésta sea, como es natural, una de las más destacadas captadoras de talento. El CIO de la ciudad de Boston, Santiago Garcés, me explicaba que su visión no era construir un modelo de IA municipal con el que tuvieran que relacionarse todos los ciudadanos, sino de convertir la Administración en un sistema capaz de interactuar con los modelos de IA de los ciudadanos. Justo al revés. Ciencia ficción.

Aunque cueste acordarse ya de ello, después de la borrachera de celebraciones en España, el Mundial de Fútbol no se ha celebrado sólo en Estados Unidos. Los estadios en los que 48 equipos han disputado sus 104 partidos se encontraban dispersos por cuatro zonas horarias en tres de los países más grandes del mundo.

La señal televisiva se difundió a nivel planetario aplicando lo que se conoce como la ‘analogía del chef’: cada cadena ha recibido un feed estandarizado que podía personalizar a su gusto. Chefs de alta gama preparando un bistec exquisito que, una vez listo, acababa en un plato que cada país podía decorar de acuerdo con su audiencia. Más de 3.000 personas han producido más de 9.000 horas de contenido. Han podido jugar con los sentimientos de miles de millones de personas en todo el mundo.

Verizon ha sido la compañía responsable del diseño y operación de la red de fibra de alta velocidad que ha conectado a los tres países del Mundial con el Centro Internacional de Transmisiones ubicado en Dallas. Ha entregado en torno a 7 terabits por segundo de capacidad de datos a través de 129.000 kilómetros de ruta, una auténtica salvajada. Cada una de las 16 sedes ha dispuesto de una red privada de 5G. El caso de uso principal de la retransmisión era la cámara corporal de vista del árbitro de Lenovo.

Con motivo de los Juegos Olímpicos de París, que se desarrolló en 70 sedes deportivas y no deportivas, y movilizó a 300.000 personas, público aparte, pude conversar con el responsable de Juegos Olímpicos y Grandes Eventos de Atos, Nacho Moros. Me explicó que, llamativamente, el deporte que más datos genera es el golf. Tras su aparente minimalismo esconde una enorme complejidad.

Atos era proveedor de diversas soluciones. Unas estaban enfocadas a securizar el dato, desde las acreditaciones al visado para entrar en el país e integrarlo con la Policía. Los retos geopolíticos en materia de ciberseguridad han elevado el riesgo a cotas desconocidas. Además, el grupo francés desarrolló las aplicaciones de resultados deportivos, que debían estar disponibles en cualquier tipo de dispositivo en tiempo real dentro de los márgenes que el usuario espera, que son muy exigentes. El volumen de datos que genera un evento deportivo se ha multiplicado exponencialmente.

Si toda la gestión de datos no se traslada a la experiencia de usuario, no puede considerarse plenamente exitosa. En estos días en los que Europa se engaña con regulaciones inaplicables, inejecutables, como la Data Act y la IA Act (se regula mucho, pero se puede controlar poco), las grandes corporaciones deberían recuperar el sentido inicial de la tecnología. “He tenido esta idea para mejorar el mundo”, dice el pitch escolástico. El Mundial de EEUU ha demostrado habilidad para hacerlo.