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Las alianzas regionales ganan terreno mientras la paz y la seguridad se hunden en el Barómetro de Cooperación Global 2026

El informe del World Economic Forum refleja un viraje hacia coaliciones pequeñas y regionales, impulsado por tensiones geopolíticas y restricciones tecnológicas, en un escenario donde la paz y la seguridad se desploman con fuerza

María José
María José Martínez Modelo
Departamento de Comunicación - Atlas Tecnológico
15-01-2026

El Global Cooperation Barometer 2026 del Foro Económico Mundial que transforma la composición de la cooperación internacional, con mecanismos multilaterales más débiles y coaliciones pequeñas que crecen con paso firme. Este desplazamiento confirma que el mundo no vive un colapso cooperativo, pero sí una reorganización bajo nuevas reglas.

El informe detecta que los espacios más flexibles, como los flujos de datos, el comercio de servicios o ciertos movimientos de capital, avanzan incluso en 2025. En paralelo, los acuerdos amplios retroceden. Las tensiones geopolíticas, los conflictos regionales, la presión sobre las instituciones internacionales y los incentivos domésticos explican gran parte de este movimiento. En ese escenario emergen alianzas a medida, definidas por intereses precisos y formadas por grupos reducidos de países. La minilateralidad se convierte, así, en una herramienta fundamental para asegurar algunos avances.


El barómetro organiza su diagnóstico en cinco pilares que muestran ritmos distintos: comercio y capital, innovación y tecnología, clima y capital natural, salud y bienestar, y paz y seguridad. Solo el último refleja un deterioro severo.

El comercio y los flujos financieros mantienen niveles superiores a los de 2019, aunque con un giro notable hacia socios más alineados. El comercio de bienes crece menos que la economía global y cambia de rutas, con distancias geopolíticas que se reducen y cadenas que se reorganizan en torno a círculos de afinidad. Las restricciones, especialmente las estadounidenses, aceleran ese desplazamiento.

Mientras tanto, los servicios y ciertos flujos de capital avanzan. La inversión en sectores estratégicos (centros de datos, semiconductores, baterías o minerales críticos) se dirige, sobre todo, hacia economías afines. La migración laboral, en cambio, pierde fuerza tras años de expansión. Y la ayuda oficial al desarrollo cae de manera pronunciada, con menos países que alcanzan el objetivo del 0,7% de su renta nacional.

El segundo pilar, dedicado a la innovación y la tecnología, registra uno de los mayores crecimientos gracias al aumento del tráfico de datos, la expansión del ancho de banda y el auge de servicios tecnológicos. La infraestructura digital escala con rapidez, impulsada por la carrera global por la IA.

Sin embargo, las restricciones se multiplican. Estados Unidos y China amplían controles sobre tecnología avanzada y conocimiento estratégico, y la cooperación científica cae. Aun así, surgen acuerdos específicos entre países para IA, 5G y fabricación de chips. El resultado es un ecosistema dual, que muestra competencia intensa en la frontera tecnológica y colaboración selectiva donde existen intereses convergentes.


En el apartado de clima y capital natural, la cooperación climática aumenta en comercio y financiación, lo que facilita una mayor instalación de renovables. El mundo añade récords de capacidad solar y eólica, con China como motor principal y un avance notable en varias economías emergentes.

La cara menos favorable aparece en los resultados, puesto que las emisiones globales vuelven a subir y la recuperación de los ecosistemas pierde ritmo. La financiación climática crece, aunque más lentamente, y persisten cuellos de botella en las cadenas de suministro de tecnologías limpias, muy concentradas en un número reducido de fabricantes.

El pilar sanitario parece estable gracias a la mejora de muchos indicadores tras la pandemia. Pero esa estabilidad es engañosa. La asistencia internacional para salud cae de forma abrupta y desplaza costes hacia los países con menos recursos. Y los avances en acceso a medicamentos a través de acuerdos regionales contrastan con la debilidad de la arquitectura global.

El último pilar, dedicado a la paz y seguridad, es el que más se deteriora. Los conflictos se multiplican, los desplazamientos forzados alcanzan cifras inéditas y las misiones de paz no crecen al mismo ritmo. La capacidad de resolución multilateral se debilita, mientras las potencias mantienen posiciones enfrentadas y el uso de la fuerza se extiende. La inseguridad se amplía también a espacios digitales y a infraestructuras críticas.


El barómetro muestra un mundo que se adapta a una era más fragmentada. Allí donde los incentivos económicos o estratégicos coinciden, surgen acuerdos que permiten avanzar. Donde predominan tensiones políticas o intereses enfrentados, el retroceso es evidente. El desafío para los próximos años consistirá en combinar instrumentos flexibles con una renovación de las instituciones globales. La cooperación ya no depende solo de grandes tratados, sino también de la capacidad de cada país para identificar espacios de convergencia, proteger sus capacidades internas y elegir el formato adecuado para cada reto.

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