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La seguridad energética impulsa 2,9 billones de inversión a nivel global en 2026
El informe World Energy Investment 2026 de la Agencia Internacional de la Energía concluye que la crisis en Oriente Medio ha acelerado la electrificación, el refuerzo de redes y la apuesta global por renovables, nuclear y seguridad energética
La International Energy Agency (IEA) sostiene en su informe ‘World Energy Investment 2026’ que la crisis abierta por el conflicto en Oriente Medio ha consolidado una prioridad compartida entre gobiernos y empresas, como es la de reforzar la seguridad energética mediante una expansión acelerada de la electrificación, las renovables, las redes y la diversificación de suministros. Esa transformación movilizará 2,9 billones de euros en inversiones energéticas durante 2026, un 5% más que el año anterior, con cerca de dos tercios dirigidos hacia tecnologías de bajas emisiones.
El documento describe un sistema energético internacional sometido a una tensión inédita. Mientras la crisis de 2021-2023 golpeó sobre todo a Europa por el recorte del gas ruso, las perturbaciones actuales afectan de forma directa a Oriente Medio y a Asia, regiones estrechamente ligadas al tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz. La fragilidad de esa ruta estratégica ha alterado la percepción global sobre la fiabilidad de los suministros.
A partir de esa constatación, los países importadores han comenzado a reforzar las fuentes de energía disponibles dentro de sus propias fronteras. La energía solar aparece como la gran beneficiada de este cambio de prioridades, con una inversión mundial en proyectos solares que alcanzará 314.000 millones de euros en 2026. Además, las importaciones de paneles solares se han disparado en economías emergentes de Asia y África. Filipinas, que declaró una emergencia energética nacional en marzo, triplicó sus compras respecto a 2025. En África, quince países registraron máximos históricos de importaciones solares durante el primer trimestre del año.
El informe también subraya el regreso de la energía nuclear como componente estratégico de los sistemas eléctricos. Actualmente existen 78 gigavatios de nueva capacidad nuclear en construcción en quince países y la inversión anual supera los 68.800 millones de euros. China concentra un tercio de ese gasto y domina, junto con Rusia, el mercado tecnológico de nuevos reactores. Al mismo tiempo, más de cuarenta países han aprobado políticas de apoyo a la energía nuclear, incluidos proyectos de pequeños reactores modulares, considerados una herramienta útil para reforzar la estabilidad de las redes eléctricas.
Ese avance de las tecnologías eléctricas explica otro de los grandes cambios identificados por la IEA, y es que la electricidad ya absorbe cerca del 60% de toda la inversión energética mundial. El gasto en generación, redes e infraestructuras eléctricas alcanzará 1,38 billones de euros en 2026 y llegará a 1,72 billones si se incorporan las inversiones en electrificación del consumo final. El crecimiento del vehículo eléctrico en el sudeste asiático y el aumento de las ventas de bombas de calor en Europa ilustran esa tendencia.
Las redes eléctricas y el almacenamiento ocupan ahora un lugar central dentro de las estrategias de inversión. El gasto mundial en redes crecerá cerca de un 20% interanual hasta 473.000 millones de euros, mientras las baterías destinadas al sector eléctrico superarán los 86.000 millones. La Agencia considera este cambio una corrección necesaria tras años de retraso en infraestructuras esenciales para garantizar la estabilidad del suministro eléctrico.

Combustibles fósiles
La guerra también ha alterado los equilibrios dentro de los combustibles fósiles. Las inversiones petroleras caerán por tercer año consecutivo y quedarán por debajo de los 500.000 millones de dólares. En cambio, el gas natural vive una expansión impulsada por nuevos proyectos de exportación de gas natural licuado, especialmente en Estados Unidos y Qatar. La inversión en suministro de gas alcanzará 330.000 millones, el nivel más alto de la última década. Aun así, numerosos países asiáticos observan con creciente cautela su dependencia exterior tras la nueva crisis de abastecimiento.
El carbón mantiene igualmente una posición destacada, sobre todo en Asia. Las inversiones en este combustible ascenderán a 180.000 millones de dólares, la cifra más elevada desde 2012. China concentra cerca del 70% del gasto global y continúa aprobando nuevas centrales térmicas. India ocupa el segundo lugar y ha triplicado sus inversiones en carbón durante la última década. Para varios gobiernos asiáticos, la prioridad inmediata consiste en asegurar capacidad firme de generación mientras avanzan las renovables y las redes.
Centros de datos e IA
El informe dedica un apartado relevante al auge de los centros de datos y la inteligencia artificial. Los pedidos mundiales de centrales eléctricas de gas alcanzaron en 2025 su máximo en veinticinco años, impulsados en gran medida por la demanda energética de las grandes tecnológicas estadounidenses. El sector digital ya representa alrededor del 40% de todos los contratos corporativos de compra de electricidad firmados en el mundo. La construcción de infraestructuras energéticas para centros de datos movilizó más de 86.000 millones de dólares en 2025, una cifra superior a toda la inversión energética africana durante ese mismo año.
La financiación constituye otro de los factores decisivos para el futuro inmediato. El conflicto en Oriente Medio ha elevado la volatilidad financiera y ha endurecido los costes de endeudamiento. Esa situación afecta especialmente a las tecnologías de bajas emisiones, caracterizadas por elevados costes iniciales. En este sentido, los países emergentes afrontan mayores dificultades, puesto que el coste del capital duplica ya el de las economías avanzadas y China. La IEA advierte de que esas diferencias podrían limitar numerosos proyectos energéticos en regiones con fuerte crecimiento de demanda.

Pese a esas incertidumbres, el informe concluye que el sistema energético mundial atraviesa una transformación estructural. La búsqueda de seguridad, resiliencia y diversificación ha desplazado el centro de gravedad de las inversiones hacia la electricidad y las tecnologías bajas en emisiones. El estrecho de Ormuz, una vía marítima de apenas cincuenta kilómetros de ancho, ha demostrado hasta qué punto la estabilidad económica mundial depende todavía de infraestructuras vulnerables. A partir de esa lección, gobiernos y empresas han comenzado a rediseñar sus estrategias energéticas con una velocidad inédita.

