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La personalización humano-robot emerge como el próximo salto de la automatización industrial

Patrick Slade, investigador de Harvard, y expertos industriales de ARME, Toyota, Movvo Robotics, ITI y STILL Iberia analizan cómo la robótica móvil transformará la relación entre personas y máquinas.

17-06-2026

Mesa redonda moderada por Javier Miguélez, centrada en el papel de la robótica móvil en la industria

Los avances en personalización, inteligencia artificial (IA) y colaboración entre personas y máquinas están abriendo la puerta a entornos donde robots y trabajadores compartirán responsabilidades. Esa ha sido una de las principales conclusiones de la ponencia de Patrick Slade, profesor de bioingeniería e investigador en Robótica Bioinspirada y Computación de la Harvard John A. Paulson School of Engineering and Applied Sciences, quien ha presentado sus investigaciones sobre personalización de sistemas robóticos en el marco de las jornadas Smart Business: Innovation & Values (UPV). 

Su trabajo parte de una constatación: muchos dispositivos de asistencia fracasan porque no tienen en cuenta las características particulares de cada usuario. “Nuestro trabajo se centra en tratar de superar los déficits de movilidad para las poblaciones de pacientes”, ha explicado Slade. A partir de experiencias desarrolladas en países como Ecuador y Guatemala, el investigador comprobó que la interacción entre humanos y robots no puede abordarse desde una lógica estandarizada. “Las personas son muy únicas: tienen una musculatura única y un control motor único”, afirma. 


Según ha recordado el investigador, muchas soluciones tecnológicas terminan siendo abandonadas por los propios usuarios. “Por ejemplo, los brazos descargados para las personas que tienen dolor de pierna y las manos bioeléctricas prostéticas para los amputados, ambas tienen ratios de abandono de más del 60%”, señala.


Para resolver este problema, el equipo de Harvard ha desarrollado sistemas basados en el concepto de human-in-the-loop, donde el robot adapta continuamente su comportamiento a las necesidades concretas de cada persona. El resultado es una interacción más eficiente y natural. El éxito se produce “cuando el beneficio del equipo es mayor que la pérdida”.


Mediante un exoesqueleto de tobillo personalizado y sensores portátiles de bajo coste, los investigadores lograron reducir de forma sustancial el esfuerzo metabólico necesario para caminar. “Hemos doblado los beneficios de caminar comparados con otros dispositivos robóticos existentes a través de muchas actividades gracias a esta idea de personalización”, destaca.


La misma filosofía se ha aplicado a sistemas de asistencia para personas con discapacidad visual. Uno de los desarrollos más prometedores combina un teléfono móvil instalado en el pecho con auriculares de conducción ósea capaces de proporcionar instrucciones adaptadas a cada usuario. Slade formula que “el sistema parece proporcionar un nivel humano de performance de navegación y esto es suficientemente mejor que el default que la gente usaba, que era Google Maps”.


Más allá de las aplicaciones médicas, la colaboración entre personas y robots marcará la próxima década de transformación productiva. “Los humanos y los robots tendrán que compartir responsabilidades diferentes dentro de la industria”, afirma. En ese escenario, los robots deberán aprender a adaptarse a cada trabajador igual que hoy lo hacen con pacientes o usuarios individuales. El investigador ha descrito un futuro en el que las máquinas serán capaces de reconocer automáticamente a cada operario y modificar su comportamiento en función de sus características para mejorar la eficiencia.


El valor de la automatización

La mesa redonda posterior ha trasladado estas reflexiones al ámbito empresarial y ha puesto el foco en una cuestión mucho más inmediata: cómo convertir la robótica móvil en una herramienta de competitividad.

Daniel Rial, Sales Director de Movvo Robotics, ha sido contundente. “Cualquier CEO que está apostando por la robótica entra en el terreno de la competitividad operativa”, afirma. A su juicio, la automatización ya no responde solo a criterios de innovación, se trata de una necesidad de supervivencia empresarial. “Es necesaria esa incorporación de la robótica, la automatización de procesos. No vamos a poder competir en precio ni en plazo”, advierte.


La escasez de mano de obra y las dificultades para cubrir determinados puestos están acelerando la adopción de tecnologías de automatización en numerosos sectores. Álex Domínguez, Automation Sales Manager de STILL Iberia, considera que la discusión ya no gira en torno a si una empresa debe automatizarse. “El mercado crece de forma abismal. Hoy, la pregunta es cómo implementar la robótica en la empresa”, señala


Andrés Meseguer, investigador de I+D en ITI, ha destacado que los principales sectores en los que se está integrando la robótica son “la logística, la agricultura, la minería y la hostelería. Son escenarios verticales en los que se ha identificado un retorno”. Por su parte, Daniel Rial ha incidido en la fuerte implantación de estas tecnologías dentro de la industria farmacéutica, mientras que Domínguez ha señalado sectores como la automoción, el gran consumo, el comercio electrónico o incluso infraestructuras críticas como AENA.


Los participantes han coincidido en que la robótica móvil aporta tres grandes beneficios: productividad, seguridad y trazabilidad. Desde Toyota, Joan Vendrell considera que una de las ventajas más evidentes es “poner una máquina para no quemar a la gente: no piden descansos, no piden vacaciones, trabajan 24/7”.


Sin embargo, los expertos han insistido en que el principal valor no reside solo en la sustitución de tareas repetitivas. Álex Domínguez ha destacado la capacidad de estas soluciones para reducir accidentes laborales, garantizar la continuidad de las operaciones y liberar tiempo para actividades de mayor valor añadido. La automatización permite, según explica, incrementar la producción sin depender de la disponibilidad de personal para determinados turnos o franjas horarias.


Javier Miguélez, presidente de ARME, ha aportado otro dato revelador sobre el contexto actual. “Desde la pandemia, el absentismo ha aumentado aproximadamente un 50%”, afirma. Ante esta situación, considera que la automatización debe abordarse desde una perspectiva estratégica. “Primero hay que ver los cuellos de botella en toda la etapa de producción. Integrar la robótica móvil es un seguro para mejorar la competitividad”, ha señalado.


La velocidad de adopción también será determinante. Domínguez considera que la automatización dejará de ser una ventaja competitiva para convertirse en un requisito básico. “Cualquier empresa mediana va a tener que automatizar procesos”, asegura. No obstante, la transformación no estará exenta de barreras. Uno de los principales obstáculos todavía es la resistencia al cambio. Joan Vendrell explica que todavía existe preocupación entre los trabajadores sobre el impacto de estas tecnologías en el empleo. “Tenemos que hacer entender a los empleados que no les están sustituyendo, sino que se les está desplazando a otro puesto de trabajo donde van a proporcionar otro valor añadido a la empresa”, afirma.


Daniel Rial ha identificado además dos tipos de rechazo habituales. “Se producen dos tipos de miedo frente a esta tecnología”, ha explicado. “Por un lado, el miedo al robot en sí. Ese miedo desvirtúa el querer adoptar esa nueva solución. El segundo miedo es el miedo al fracaso”, considera.


La percepción de seguridad es un factor clave para acelerar la adopción. Andrés Meseguer recordó que muchas veces la barrera es psicológica más que tecnológica. “Es importante transmitir al personal en planta que no hay que tener miedo a que se integren robots. Están preparados para ser seguros”, ha concluido.