Las Claves de los Expertos
“La mitad de la empresa (y del país) no funciona en el campo de batalla”
El CEO de Palantir Technologies, Alex Karp, advierte sobre la integración de sistemas ante la creciente revolución de la IA para hacerla operativa a escala sin generar desconfianza
La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa experimental para convertir se en un desafío de ingeniería a gran escala. Así lo plantea Alex Karp, cofundador y director ejecutivo de Palantir Technologies, quien sitúa el verdadero cuello de botella de la IA en su despliegue operativo.
“La pregunta ya no es si la IA funciona”, afirma, “sino cómo hacer que funcione dentro de sistemas reales, con restricciones y bajo ciertas condiciones”. Desde su experiencia en entornos militares y gubernamentales, el ejecutivo defiende que el éxito de la IA depende de su capacidad para operar en diferentes escenarios.
“La mitad de tu empresa no funciona en el campo de batalla”, advierte. Uno de los mayores problemas actuales, según el CEO de Palantir, es la incapacidad de muchas organizaciones para evaluar su propio nivel tecnológico. “La primera lucha de una nación soberana o de una gran empresa es saber dónde está”, afirma. “Hay infraestructuras enteras que existen solo en un PowerPoint y desaparecen cuando se enfrentan al mundo real”.
Desde el punto de vista técnico, Karp insiste en que la IA no puede desplegarse como un componente aislado. “Mover un dron de A a B no es el problema”, explica. “El problema es sincronizar datos, protegerlos del adversario, definir quién puede tocarlos y orquestar todo eso sin romper la cadena de seguridad”. En ese proceso, subraya que, “la arquitectura de datos es más importante que el modelo”.
El directivo pone como ejemplo el uso de plataformas de Palantir en Ucrania. “Los equipos ucranianos construyen sobre nuestros produtos soluciones que ni siquiera anticipamos”, afirma. “Eso es posible porque el sistema está diseñado para ser extendido, no solo utilizado”. En contraste, señala que en EEUU el reto es diferente: “Tienes fuerzas masivas que necesitan intgración profunda entre sistemas heterogéneos”.
En el ámbito empresarial, Karp defiende que los mismos principios se aplican a la adopción de la inteligencia artificial. “Al final, un negocio es información”, sostiene, y la ventaja competitiva reside en cómo esa información se organiza, se procesa y se covierte en acción antes que los demás.
En ese contexto, subraya la importancia de evitar la homogeneización tecnológica: “No quieres que tu empresa se parezca a todas las demás, quieres que haga lo que nadie más pueda hacer”. De ahí su visión crítica sobre la adopción de modelos generativos sin una estrategia clara. “Comprar un modelo de lenguaje y esperar que cree valor es un error”, advierte. Para Karp, la IA solo funciona cuando se apoya en ontologías, control del contexto y reglas operativas bien definidas.
En términos de impacto, Karp asegura que la inteligencia artificial puede transformar radicalmente la eficiencia operativa. “Podemos eliminar hasta el 80% de ciertos costes”, afirma, “lo que antes llevaba un año de integración, ahora puede hacerse en una semana”.
El directivo también lanza un aviso contundente sobre el impacto de la IA en el empleo. Según Alex Karp, los títulos universitarios tradicionales, como filosofía en universidades de élite, serán cada vez más difíciles de “colocar” en el mercado laboral. Los verdaderos ganadores, dice, serán los técnicos vocacionales.
El CEO de Palantir rechaza además la idea de que el sector esté en una burbuja. “Estamos en un retraso”, afirma. “Hay mucha IA que ya funciona, y ahora la pregunta es cómo hacerla operativa a es cala”. En su opinión, el problema es la desconfianza generada por intentos fallidos.
Karp alerta sobre los desequilibrios globales y la brecha tecnológica que puede acelerar la IA. “Estados Unidos y China entienden cómo hacer esto a escala”, mientras que Europa enfrenta “un problema estructural muy serio”. “La revolución que viene va a revelar quién tiene arquitecturas sólidas y quién solo tiene presentaciones”, concluye. “En los próximos tres años veremos honestidad de mercado, divergencias claras y quién es capaz de soportar el peso de esta transformación”.

