Algoritmia y Violín

La materia prima crítica era la computación

Esperar hasta un año para disponer de la capacidad de computación necesaria para simular aplicaciones de IA es inasumible para una empresa que pretenda competir por la vía de la innovación tecnológica, China lo está sintiendo en sus carnes y las compañías españolas más avanzadas también: Europa tiene apenas el 5% de capacidad de computación global en IA, y Bruselas se lo toma con calma

Eugenio
Eugenio Mallol
Director de Comunicación - Atlas Tecnológico
17-05-2026

La inteligencia artificial (IA) ha proporcionado una estupenda baza negociadora a Donald Trump en su histórica visita a China. Los líderes de los gigantes tecnológicos le han respaldado (no son todos los que están, desde luego, pero fue Elon Musk, y Tim Cook y el presidente de Xiaomi pudieron hacerse un selfie con él) mostrando al mundo la unidad de acción de Administración y sector privado. Las fronteras entre ambos resultan indistinguibles muchas veces en su país. “In God We Trust”, se lee en el billete de dólar estadounidense. Ahí está la respuesta.

La presencia del fundador y CEO de Nvidia, Jensen Huang, se confirmó en el último momento. Los gigantes de China anhelan sus procesadores H200, conscientes de las implicaciones en términos de competitividad que va a tener el veto estadounidense a los Blackwell de última generación. A finales del año pasado, ByteDance, Alibaba, Tencent, JD.com, Lenovo y Foxconn recibieron el permiso estadounidense para comprar H200, con condiciones para evitar su uso militar por parte de China, pero aún no los tienen en sus manos. Medios como el WSJ sostienen que el propio Xi Jinping los mantiene bloqueados en los puertos y que estos días le ha dicho a Trump que renuncia a ellos.

La computación está volviendo loco al Gobierno chino, incapaz de conseguir que Huawei baje de los 7 nanómetros en sus chips porque EEUU tampoco deja a ASML vender sus equipos de Litografía Ultravioleta Extrema (EUV), ni los de Litografía Ultravioleta Profunda (DUV) avanzados que le permitirían rebasar ese límite. Como me explicaba la ex presidenta de TSMC Europa, María Marced, replicar los 100.000 componentes de altísima precisión de esas máquinas, hasta 200.000 en total, no es algo que esté hoy al alcance de China, ni de nadie.

El nuevo ensayo de Anthropic, “2028: Dos escenarios para el liderazgo global en IA”, publicado en mitad de la cumbre de Beijing, tiene un argumento central muy claro: Estados Unidos y sus aliados poseen actualmente una ventaja decisiva en computación. Los laboratorios chinos de IA se mantienen cerca de la frontera solo gracias al talento, las lagunas en el control de exportaciones, el acceso a la computación en el extranjero, el contrabando y la destilación a gran escala de modelos estadounidenses. Pura dependencia tecnológica.

Resulta que, pese a que nuestros telediarios insistan machaconamente en las tierras raras y el litio, la materia prima fundamental en liza en las conversaciones de Beijing ha sido la computación. Las grandes corporaciones chinas pueden contratar a compañías de otros países que sí disponen de ella para hacer la simulación que requieren sus aplicaciones de IA, que es la tarea más sofisticada. Para el entrenamiento esto resulta menos crítico, aunque condiciona claramente la velocidad a la que se puede innovar, y la inferencia también los necesita, pero ahí el elemento clave es la proximidad. ¡Los “tres ordenadores”!

Llevar la computación fuera de China o fuera de la UE (las compañías tecnológicas de nuestro país están teniendo que irse a Reino Unido o Estados Unidos ahora mismo), implica un nivel de dependencia tremenda, inadmisible para un país o una región que aspire a convertirse en potencia mundial. Si en el futuro hay escasez, seremos la segunda opción siempre.

El 16 % de los centros de datos del mundo están Europa, Sin embargo, si nos centramos específicamente en la infraestructura de computación de IA, la participación es significativamente menor, ni siquiera alcanza el 5% global, según datos del Foro Económico Mundial. Es un dato desolador.

Ya he comentado la reunión con inversores de los jefes de Microsoft y Amazon Web Services en la que explicaron que la demanda supera ampliamente a la oferta y que, sólo a partir de mediados de este año, esperaban vislumbrar el equilibrio. Hemos contado aquí también los datos recientes de PitchBook  acerca de la escasez de unidades de procesamiento gráfico que ha transformado el acceso a capacidad de cómputo en una puja constante. Startups de neocloud subastan capacidad futura entre clientes que compiten por asegurarse contratos a largo plazo.

Actualmente, el mercado no garantiza disponibilidad de computación para determinadas tareas hasta dentro de 10 o 12 meses. Ese plazo resulta inasumible para las empresas de innovación tecnológica. ¡Es de locos! ¡No poder simular hasta dentro de un año! Cómo habrá cambiado el mundo en ese tiempo, imposible saberlo.

La Unión Europea ha reaccionado a su nivel, con la exasperante lentitud de siempre. El anuncio de las gigafactorías de IA, una de las cuales recalará en el Barcelona Supercomputing Center, quedó anticuado ya en el mismo momento en el que se formuló. Una inversión de 20.000 millones de euros para construir entre cuatro y cinco gigafábricas de IA a gran escala, equipadas con aproximadamente 100.000 chips de IA de última generación cada una. Si hiciéramos la analogía futbolística, ese es el presupuesto de un equipo de Segunda… en la parte baja de la tabla. La fotografía del presidente de Brasil, Lula da Silva, en el centro catalán con la ministra Diana Morant ilustra perfectamente el momento en el que estamos, eso nos basta para ser felices.

Telefónica está moviéndose en la buena dirección con su plan de nodos de edge, que ayudarán al tejido productivo, pero lo que se promete no es suficiente y no avanza lo suficientemente rápido. Depender de la capacidad de computación de terceros entraba dentro de una dinámica de intercambios aceptable en la era de la revolución digital, pero en este superciclo de la IA nos convierte claramente en un país en vías de desarrollo tecnológico.