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La infraestructura de la IA movilizará 28,9 billones de euros hasta 2050

Según PwC, Estados Unidos concentraría la mayor parte de la inversión, China mantendría una posición que le permitiría desarrollar cargas de entrenamiento a gran escala mientras que Europa se verá perjudicada por las limitaciones energéticas y la fragmentación regulatoria

18-09-2026

La expansión de la inteligencia artificial (IA) podría movilizar 28,9 billones de euros de inversión en centros de datos hasta 2050. La cifra se elevaría hasta cerca de 43,01 billones de euros si la adopción de esta tecnología avanzara a un ritmo más rápido, según el análisis ‘Where $31.6 trillion of capex flows in the era-defining AI build-out’ de PwC, elaborado a partir de un modelo desarrollado por Oxford Economics para 46 países y territorios.

El estudio sitúa la construcción de infraestructura para la IA ante un ciclo de inversión diferente al de anteriores grandes transformaciones tecnológicas. A diferencia de las redes ferroviarias, la electrificación o el despliegue inicial de internet, la inversión no disminuiría una vez construida la infraestructura.

Servidores, sistemas de almacenamiento, redes, procesadores y, sobre todo, GPU y otros aceleradores para IA deberán renovarse de forma periódica. PwC estima que estos equipos tienen ciclos de actualización de entre cuatro y seis años, lo que obligará a mantener la inversión durante décadas.

La inversión anual en centros de datos pasaría así de unos 688.000 millones de euros en 2026, a 946.000 millones en 2030 y 1,55 billones en 2050, según el escenario central del informe.

La característica que diferencia este ciclo de inversión de anteriores desarrollos de infraestructura es el peso creciente de la tecnología instalada dentro de los centros de datos. PwC calcula que por cada euro destinado a la construcción de un centro de datos se generarán aproximadamente 10 euros adicionales de inversión futura en equipamiento de tecnologías de la información y la comunicación. Servidores, almacenamiento, sistemas de red y equipos de computación deberán sustituirse y actualizarse varias veces a lo largo de la vida útil de una instalación.

El peso de estos activos crecerá de forma progresiva. El equipamiento TIC representará alrededor del 70% del gasto total de capital en 2026 y podría alcanzar el 93% en 2050. La IA explica buena parte de esta transformación. La infraestructura cloud tradicional se apoyaba principalmente en CPU, mientras que las cargas de trabajo relacionadas con la IA requieren GPU y aceleradores más costosos, con mayor consumo energético y ciclos tecnológicos más rápidos.

Un centro de datos puede tener una vida útil de unos veinte años, pero durante ese periodo podría necesitar entre tres y cinco ciclos de inversión en su equipamiento tecnológico.

La energía, el principal lastre

El informe plantea que el factor decisivo para el desarrollo de esta infraestructura será la energía. Los centros de datos necesitan grandes cantidades de electricidad, sobre todo a medida que aumenta la densidad de los racks y se extiende el uso de GPU y otros aceleradores. Sin embargo, las redes eléctricas no siempre cuentan con la capacidad necesaria para responder a este crecimiento.

La disponibilidad de generación, capacidad de transmisión, subestaciones y transformadores se está convirtiendo en un elemento determinante para establecer dónde se desarrollarán los próximos proyectos. PwC identifica cinco factores principales que condicionarán el destino de la inversión: la disponibilidad de energía, la latencia y la conectividad, la seguridad y la capacidad para alojar datos en regiones de confianza, el acceso a GPU y a ecosistemas tecnológicos y, por último, la certidumbre regulatoria y la aceptación de las comunidades.

La energía ocupa la primera posición. Los mercados capaces de proporcionar electricidad abundante, fiable y con una creciente proporción de fuentes bajas en carbono tendrán una ventaja competitiva para atraer capacidad de computación. Las regiones con una elevada presencia de energías renovables, climas favorables para reducir las necesidades de refrigeración y planes creíbles de descarbonización cuentan con ventajas estructurales.

La expansión de la IA también está modificando el perfil de los compradores de capacidad de computación. Durante la última década, el crecimiento del cloud estuvo protagonizado por los grandes proveedores de infraestructura. La IA incorpora nuevos actores al mercado, entre ellos neoclouds, desarrolladores de modelos, plataformas de inferencia, empresas y gobiernos.

Cada uno presenta necesidades diferentes. Los hiperescaladores requieren capacidad a gran escala y rapidez en el despliegue. Los desarrolladores de modelos y las neoclouds concentran una elevada demanda de GPU, aunque están expuestos a la disponibilidad de chips y a la capacidad de monetizar sus servicios.

Las empresas aportan una demanda más vinculada a sus procesos internos, pero necesitan integrar la IA con requisitos de seguridad y gobernanza. Por su parte, los gobiernos impulsan la capacidad doméstica condicionada por las políticas públicas y los procesos de contratación.

Esta diversidad modifica la geografía de la infraestructura. Las cargas de entrenamiento de modelos se pueden concentrar en territorios que dispongan de energía competitiva, acceso a chips, grandes superficies, talento y capacidad para construir rápidamente. La inferencia, en cambio, puede requerir una mayor proximidad a los usuarios y a los datos.

PwC estima que alrededor del 30% de las cargas de trabajo ya presentan requisitos localizados y que esta proporción está creciendo. La latencia, la privacidad, la seguridad y la soberanía de los datos pueden impulsar la construcción de capacidad cerca de los mercados donde se utilizan los servicios, especialmente cuando la IA se incorpora a procesos empresariales críticos.

EE.UU como principal beneficiario

Estados Unidos concentra la mayor parte de la inversión prevista y se mantiene como el principal beneficiario de la expansión de la infraestructura para IA. Las Américas acumularían 14,21 billones de euros de inversión hasta 2050 en el escenario central. De esta cantidad, 15,1 billones corresponderían sólo a Estados Unidos, cerca del 48% del total mundial.

El país mantiene una posición central en el ecosistema de chips avanzados y concentra algunos de los principales desarrolladores de modelos, hiperescaladores y empresas nativas de IA. A ello se suman la disponibilidad de capital, el talento y las políticas estatales orientadas a facilitar la construcción de nueva infraestructura. La región también presenta el mayor potencial de crecimiento si la adopción de la IA se acelera. En ese escenario, la inversión acumulada podría alcanzar los 23,34 billones de euros.

Asia-Pacífico acumularía 7,06 billones de euros de inversión hasta 2050, una cifra inferior a su peso dentro de la economía mundial. China e India aparecen como las principales fuentes de crecimiento de la demanda, impulsadas por su población, el desarrollo de sus economías digitales y el margen existente para incorporar la IA a actividades empresariales y de consumo.

China mantiene además una posición que le permite desarrollar cargas de entrenamiento a gran escala, mientras que Japón y Australia muestran una mayor resiliencia gracias a la diversidad de sus fuentes de demanda. La región presenta, sin embargo, una elevada sensibilidad a la evolución de la IA. En un escenario de adopción más rápida, la inversión acumulada crecería un 69% respecto al caso central. En una evolución más lenta, caería un 34%.

Europa reuniría 4,82 billones de euros de inversión en centros de datos hasta 2050, una proporción inferior a su peso en el PIB mundial. PwC atribuye esta situación a factores como las limitaciones energéticas, las dificultades de planificación y la fragmentación regulatoria entre países.

Estas restricciones también reducen el potencial de crecimiento de la región en un escenario de aceleración de la IA. La inversión europea sólo aumentaría un 23% porque el escenario central ya incorpora importantes limitaciones de suministro.

No obstante, las normas europeas sobre soberanía del dato contribuyen a mantener una base de demanda doméstica. Los requisitos para que determinados datos y cargas de trabajo permanezcan dentro de territorios específicos pueden favorecer la construcción de infraestructura local.

Los países nórdicos aparecen como una alternativa a algunos de los principales hubs de Europa occidental. La elevada presencia de energías renovables, las temperaturas más bajas y unos precios de la electricidad entre un 40% y un 50% inferiores a los de otras zonas europeas les proporcionan ventajas para atraer nueva capacidad.