Las Claves de los Expertos
La Hora Premium sitúa la integración industrial y la seguridad como las claves para el despliegue de la robótica humanoide
Francisco Ricau (ITI) modera la mesa redonda que cierra el ciclo ‘IA y robótica, hacia el mundo híbrido’ con Ana Mata (Horse), Damien Sallé (Tecnalia), Javier Miguélez (Moving Robots y ARME) y Mario Machín (Mars) sobre los retos que marcarán la incorporación de los robots humanoides a la industria
La robótica humanoide evoluciona con rapidez, aunque su implantación dependerá de la capacidad para resolver aplicaciones concretas, integrarse en los procesos productivos y garantizar la seguridad. Esa ha sido la principal conclusión de la mesa redonda ‘De la automatización a la autonomía, el despertar del entorno físico inteligente’, que pone el broche al ciclo ‘IA y robótica, hacia el mundo híbrido’ de La Hora Premium de Atlas Tecnológico. Moderada por Francisco Ricau, Service Manager - Generative AI en ITI y colaborador en Atlas Tecnológico, la sesión ha reunido a Ana Mata, Global Robotics Technical Specialist en Horse; Damien Sallé, Coordinator of Robotics & Automation en Tecnalia; Javier Miguélez, fundador y CCO de Moving Robots y presidente de ARME; y Mario Machín, Digital Transformation Engineer & Smart Factory SPoC en Mars. La mesa cierra un ciclo en el que han participado Agustín J. Sáenz, director de Estrategia, Mercado y Tecnología de Tecnalia; Javier Sirvent, evangelista tecnológico, y Concha Monje, investigadora y catedrática de la Universidad Carlos III de Madrid.
Ricau ha abierto el encuentro con una reflexión sobre el cambio de paradigma que vive la automatización industrial. La atención suele centrarse en la apariencia de los humanoides, aunque el verdadero salto consiste en disponer de robots capaces de percibir el entorno y adaptarse a espacios que hasta ahora estaban reservados a las personas. Esa evolución promete reducir el peso de la ingeniería específica que acompaña a muchos proyectos de automatización y ampliar el número de procesos susceptibles de automatizarse.
Las cifras muestran que el mercado todavía se encuentra en una fase temprana. Según Ricau, durante 2025 se entregaron entre 13.000 y 18.000 robots humanoides en todo el mundo, una cantidad modesta frente a las previsiones de crecimiento que manejan distintos analistas. Ese recorrido explica el interés creciente de las compañías por conocer una tecnología que despierta grandes expectativas y que todavía busca sus primeros casos de éxito a gran escala.
Damien Sallé ha explicado que el rasgo diferencial de un humanoide reside en su capacidad para compartir el mismo espacio físico que una persona. “Está pensado para poder estar trabajando o actuando en las mismas esferas de la planta”, señala. Esa característica permite imaginar soluciones que aprovechen las instalaciones existentes sin transformar por completo la distribución de la fábrica.
El responsable de robótica de Tecnalia atribuye los avances recientes al aprendizaje por refuerzo, la simulación y el aumento de la capacidad de cálculo. Gracias a esa combinación, los robots han mejorado su locomoción y su estabilidad, aunque cada aplicación sigue requiriendo un desarrollo específico. “Muchísimas de las operaciones van a necesitar una ingeniería muy avanzada”, explica.
Javier Miguélez sitúa el debate desde la perspectiva de quienes asesoran a las empresas interesadas en incorporar esta tecnología. A su juicio, la conversación debe comenzar siempre por la necesidad productiva y no por el robot. El presidente de ARME defiende que el interés por los humanoides supera al que despertaron otras tecnologías móviles durante sus primeros años, como AGV o ARM, aunque insiste en que cada inversión necesita una justificación ligada a una aplicación concreta.
En este sentido, Miguélez considera que los humanoides aportarán valor allí donde una misma plataforma pueda asumir diferentes funciones sin grandes modificaciones. “Van a entrar en todas aquellas aplicaciones en las que tú puedes tener al humanoide haciendo la tarea A durante un tiempo, y luego hacer la tarea B”, afirma. Conforme aumente la producción y disminuyan los costes de fabricación, esa versatilidad abrirá nuevas posibilidades para la automatización industrial.
La visión de la industria ha quedado representada por Mario Machín, quien ha explicado que Mars todavía no desarrolla pilotos específicos con humanoides, aunque sigue muy de cerca la evolución de esta tecnología y ya ha identificado posibles casos de uso. El ingeniero defiende que la decisión de incorporar un robot comienza mucho antes de seleccionar un proveedor. “La decisión no empieza cuando compras el robot, empieza bastante antes, cuando entiendes los problemas que tienes”, afirma. Desde su experiencia, el principal reto consiste en encontrar aquellas operaciones donde un humanoide aporte más valor que las soluciones disponibles y pueda integrarse de forma natural dentro del ecosistema industrial.
Ana Mata comparte una visión similar desde el sector de la automoción. Horse observa con interés la evolución de los humanoides y estudia su aplicación como complemento de la robótica convencional. “Lo vemos más orientado a que pueda llenar el hueco de aplicaciones que ahora mismo nos resulta muy difícil integrar con la robótica tradicional”, explica. Esa flexibilidad permitirá abordar procesos con una elevada variabilidad de piezas o de operaciones, ámbitos donde otras soluciones presentan mayores limitaciones.
La especialista ha recordado que la evolución tecnológica avanza con rapidez y obliga a revisar continuamente el estado del mercado. Los fabricantes mejoran sus plataformas a gran velocidad y los estudios comparativos pierden vigencia en pocos meses. Aun así, señala que todavía existe distancia entre las demostraciones que hoy se difunden y una operación industrial capaz de funcionar de manera continuada durante varios turnos de trabajo con la fiabilidad que exige una fábrica.
Seguridad y regulación
El debate también ha abordado los obstáculos que todavía acompañan a la implantación de estos sistemas. Mata destaca la ausencia de estándares comunes entre fabricantes, la dependencia de integradores para desarrollar aplicaciones y la necesidad de incorporar nuevas competencias dentro de las empresas. A ello se suma la falta de una normativa específica que facilite la certificación de robots humanoides en instalaciones industriales, una cuestión que condiciona cualquier despliegue fuera de entornos de prueba.
Así, la seguridad ha concentrado buena parte del debate porque representa uno de los factores que condicionarán la incorporación de los humanoides a las plantas industriales. Damien Sallé ha añadido que el desafío no se limita al cumplimiento normativo. Un robot humanoide comparte el espacio de trabajo con las personas y su propia configuración introduce riesgos diferentes a los de otras plataformas móviles. Ha recordado que una caída puede provocar daños tanto sobre los equipos como sobre los operarios, de modo que la seguridad funcional constituye uno de los ámbitos donde fabricantes y centros tecnológicos concentran una parte importante de sus esfuerzos.
Javier Miguélez coincide en que la protección de las personas será uno de los grandes condicionantes para la adopción industrial. El experto ha explicado que todavía no existe una normativa específica para robots humanoides, aunque previsiblemente acabarán sometidos a exigencias similares a las que ya cumplen otras soluciones de robótica móvil. Para los participantes, ese desarrollo regulatorio resultará decisivo para acelerar la llegada de los humanoides a los entornos de producción.
Los participantes coinciden en que los próximos años estarán marcados por la convergencia entre inteligencia artificial y robótica. Esa evolución permitirá ampliar las capacidades de los humanoides y facilitará su incorporación a nuevos procesos productivos. Al mismo tiempo, defienden que el éxito dependerá de una estrategia basada en necesidades concretas, conocimiento técnico y colaboración entre fabricantes, centros tecnológicos y empresas industriales.
El consenso entre los expertos ha apuntado hacia un futuro de adopción progresiva, apoyado en proyectos bien definidos y en una integración gradual dentro de las plantas industriales. Más que sustituir de forma inmediata los sistemas existentes, los robots humanoides empiezan a perfilarse como una nueva herramienta para ampliar las posibilidades de la automatización allí donde la flexibilidad marque la diferencia.

