Algoritmia y Violín
Están alterando las apuestas de la IA y no tenemos con qué responder
Las organizaciones tendrán que adaptar sus arquitecturas al nuevo entorno de la IA, en el que la confianza basada en la previsibilidad del futuro se ha esfumado y la dependencia tecnológica de Europa las sitúa en una posición de inferioridad en el acceso a los modelos de vanguardia y computación
La confianza se basa en la predicción, en el compromiso de cumplimiento de la palabra dada, en la esperanza de que las reglas pactadas no se van a romper, en la credibilidad que nos merece una sentencia que anticipa el futuro. Spotify acaba de solicitar a dos plataformas de apuestas basadas, Kalshi y Polymarket, que eliminen su logotipo de sus sitios web después de que, supuestamente, algunos usuarios hayan alterado sus datos de streaming para ganar envites.
De hecho, ha tenido que eliminar medio millón de reproducciones de la canción Earrings de Malcolm Todd tras descubrir que el aumento repentino de escuchas coincidía con apuestas sospechosas en Kalshi de que la canción alcanzaría el número 1 en Spotify. Este episodio agrava la preocupación de que los sitios de predicción están creando oportunidades para la manipulación. Las autoridades francesas investigaron en abril si alguien había manipulado un dispositivo meteorológico en el aeropuerto de París para ganar una apuesta de Polymarket sobre la temperatura.
No es el momento más adecuado para poner la confianza a prueba en el sector tecnológico. Las inversiones en infraestructuras para extender las capacidades de computación de la inteligencia artificial (IA) requieren de una fe ciega en el sector. Quienes compraron acciones de SpaceX, con una valoración bursátil de 2,13 billones de dólares ahora mismo, vieron cómo su precio se disparaba un 25% y se hundía un 22,5% en apenas 10 días. En la apertura del viernes prácticamente estaba plano. En unos meses, darán el salto al parqué OpenAi y Anthropic. Sigue el rastro del dinero.
Más les vale a los inversores controlar sus pulsaciones, en efecto. Alphabet, matriz de Google, emitió en febrero un bono corporativo extremadamente raro que vence dentro de 100 años para impulsar sus ambiciones en el campo de la IA. En aquel momento llamó la atención que necesitara probar la confianza del mercado en que seguirá en pie en 2126, tratándose de una compañía que genera hoy un flujo de caja libre anual superior a los 73.000 millones de dólares y cuenta con 126.000 millones en efectivo. Precedentes en la emisión de bonos a 100 años, como IBM y Motorola, no ayudaban a facilitar las cosas.
Pero en el momento del lanzamiento, Steve Sosnick, estratega jefe de Interactive Brokers, dijo a la CNN algo que pone de relieve algunos de los aspectos contradictorios del momento actual. Dijo que Google cuenta con algunas características únicas que juegan a su favor. Entre ellas, la de haberse convertido, de hecho, en un monopolio avalado por el Gobierno de Estados Unidos. Un fallo judicial del año pasado que dictaminó que, si bien estaba infringiendo las leyes antimonopolio, no tendría que modificar fundamentalmente su modelo de negocio. “Si vas a prestar dinero a alguien durante 100 años, ser un monopolio probado probablemente no sea una mala opción”, dijo Sosnick.
Las últimas semanas hemos vivido una nueva entrega de esa contradicción interna en la que se han sumido las sociedades occidentales, obligadas a mantener su defensa de la libertad de mercado al tiempo que refuerzan el poder de los Estado ante los desafíos geopolíticos.
Después de lanzarse en picado contra él, el gobierno estadounidense ha flexibilizado las restricciones para la versión preliminar de Fable 5 y Mythos de Anthropic, limitándola a 100 organizaciones estadounidenses seleccionadas. OpenAI continúa con restricciones similares para GPT-5.6, y limita el acceso anticipado a aproximadamente 20 organizaciones. Para la mayoría de los profesionales, por tanto, esos modelos simplemente han desaparecido.
¿En qué situación está quedando Europa? ¿En quién puede confiar? Si la plataforma tecnológica de una organización depende de un único modelo de vanguardia que puede dejar de estar disponible sin previo aviso, esa dependencia rígida forma parte ya de su arquitectura, no de una simple relación con un proveedor. Si un competidor sí puede seguir teniendo acceso a él, puede aprovechar para expulsarle del mercado.
La pregunta clave que las organizaciones deben tener en mente es cómo construir con la suficiente flexibilidad para poder adaptarse a diferentes modelos cuando las circunstancias cambien. La estrategia multivendedor se va a convertir en un requisito arquitectónico fundamental, del mismo modo que hoy nadie discute la necesidad de abordar la portabilidad de las bases de datos y la independencia del proveedor de la nube.
Si a eso se suma el hecho de que Europa sólo cuenta con el 5% de la capacidad mundial de computación en IA (y está concentrada en el espacio FLAPD, lejos de nuestras fronteras), el problema se eleva a nivel de cuestión de Estado. Una democracia que no sea capaz de garantizar el acceso a modelos de vanguardia y a computación de IA a su tejido productivo no puede contarse entre las más desarrolladas. La función tóken/vatio/dólar se impone con crueldad. Están alterando las apuestas y no tenemos con qué responder..
