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El Tax Lease ofrece hasta un 40% de financiación para proyectos de I+D+i y acelera la innovación empresarial sin necesidad de deuda

La nueva vía de financiación conecta empresas de innovación e inversores privados, con el apoyo técnico y legal de Incotec para garantizar seguridad y rentabilidad

12-03-2026

Eduardo García de la Santa, director de expansión en INCOTEC

En el actual ecosistema de incentivos a la innovación, el Tax Lease de I+D se ha consolidado como una solución de financiación privada que permite monetizar las deducciones fiscales por I+D+i. A diferencia de las subvenciones públicas tradicionales, este mecanismo no depende de presupuestos estatales limitados ni de procesos de concurrencia competitiva. 

Su función principal es transformar incentivos fiscales futuros en liquidez inmediata para la empresa que ejecuta el proyecto, de manera que conecta la actividad tecnológica con el capital privado de terceros. Según destaca Eduardo García de la Santa, director de expansión en INCOTEC, este instrumento “es una herramienta de financiación que está creciendo por encima del 50 o el 60% cada año. En los dos últimos años se ve que está incrementando de manera exponencial”, lo que refleja su plena madurez en el mercado actual.

Este modelo tiene sus raíces en estructuras financieras utilizadas históricamente con éxito en sectores como la construcción naval y las producciones cinematográficas. Su adaptación al ámbito de la I+D responde a la solidez del marco fiscal español, que ha permitido trasladar un esquema de éxito al sector tecnológico. En 2026, el Tax Lease ha evolucionado hacia una mayor estandarización, integrándose plenamente en las estrategias de innovación sostenible (ESG) de las compañías que buscan vías de financiación ágiles, seguras y, sobre todo, no dilutivas.

La operativa de esta ecuación financiera articula los intereses de varios protagonistas clave. El primero es la empresa innovadora e investigadora, que desarrolla proyectos tecnológicos pero que, a menudo por estar en fases de crecimiento, no dispone de base imponible suficiente para aplicarse las deducciones por sí misma. En el otro lado se sitúan los inversores, ya sean personas físicas o jurídicas, cuya motivación es obtener una rentabilidad fiscal atractiva mediante la adquisición de créditos que les permitan reducir su carga impositiva en el Impuesto de Sociedades o el IRPF de manera predecible y regulada.

Dada la complejidad del modelo, la figura de la consultoría técnica y los estructuradores resulta imprescindible. El estructurador actúa como el director de orquesta de la operación, organizando el flujo financiero, mientras que consultoras especializadas como INCOTEC aportan el rigor técnico necesario. García de la Santa subraya que el valor diferencial reside en la experiencia acumulada y señala que “INCOTEC lleva más de 25 años haciendo esto con sus clientes, al defender la I+D dentro de los proyectos que ejecutan sus clientes”, lo que asegura que cada iniciativa cuente con una base argumental sólida y coherente ante terceros.

El vehículo que hace posible esta conexión es la Agrupación de Interés Económico (AIE), una sociedad mercantil de transparencia fiscal que funciona como estructura instrumental. Su papel real es canalizar la inversión y permitir que los beneficios fiscales generados por el proyecto se trasladen directamente a los inversores en proporción a su participación. El proceso se desarrolla en fases críticas: desde la identificación del proyecto y la obtención de un certificado "ex-ante" que valida la innovación, hasta la ejecución y el posterior certificado "ex-post", que consolida el derecho a las deducciones una vez cerrado el ejercicio fiscal.

En términos económicos, el impacto es directo y tangible sobre la cuenta de resultados. Eduardo García de la Santa explica que, en un proyecto de 500.000 euros catalogado como I+D, “el investigador puede conseguir una financiación directa sobre su proyecto que puede estar comprendido entre el 30 y el 35% de ese medio millón de euros”. En el caso de que la actividad sea de Innovación Tecnológica (IT), el retorno para el investigador se sitúa habitualmente entre un 12% y un 16%. Esta inyección de liquidez neta permite a las empresas ganar capacidad de inversión y reducir significativamente el riesgo financiero de sus desarrollos más ambiciosos.

Sin embargo, la alta rentabilidad exige una gestión impecable de la seguridad jurídica. Como advierte el director de expansión de INCOTEC, “esto es una operación que puede tener mucha rentabilidad tanto para el inversor como para el investigador”, pero precisamente por ello es muy probable que Hacienda la revise en el futuro. Para evitar riesgos, es imperativo que los proyectos sean robustos, los gastos sean coherentes y todo esté perfectamente justificado. La clave es que, ante una posible inspección, el expediente sea capaz de defender la operación sin fisuras, garantizando que las cosas estén "bien hechas y bien documentadas".

El primer paso para cualquier empresa o inversor que desee beneficiarse de esta estructura es analizar su situación con un partner especializado que cuente con experiencia técnica y capacidad para estructurar este tipo de operaciones. En muchos casos, ese proceso comienza con una evaluación preliminar del proyecto para determinar su viabilidad dentro del modelo Tax Lease

Según concluye García de la Santa, lo ideal es “darle la oportunidad a INCOTEC para que analice su proyecto, para que haga una valoración inicial sin compromiso”. Este análisis previo, que suele completarse en apenas dos semanas, permite determinar si el volumen de gasto es suficiente y si la novedad tecnológica puede defenderse desde el punto de vista fiscal, asegurando que solo se avance en la operación cuando existen garantías razonables de éxito y sostenibilidad.