Algoritmia y Violín
El mito de la eficiencia autoritaria y las actitudes hostiles en las tiendas de lujo
Las desventajas de la excesiva planificación de la economía se ponen de manifiesto en crisis como la de los sectores fotovoltaico e inmobiliario en China, pero también podrían responder a una falta de cultura de mercado libre que hace que el acto de vender no resulte tan sencillo
Los consumidores chinos están expresando una insatisfacción generalizada con la experiencia de compra en las tiendas de lujo en su propio país, lo que los está llevando a consumir en el extranjero. El director ejecutivo de Équité, consultora global de estrategia de lujo, y uno de los expertos más respetados del sector a nivel mundial, Daniel Langer, explica en un imperdible artículo que la satisfacción del cliente con las experiencias presenciales suele rondar el 60% en China, “una cifra que debería alertar a cualquier marca que se tome en serio su futuro en este mercado crucial”.
Langer se reunió en Shanghái con directivos del equipo comercial de una de estas grandes compañías de lujo para averiguar qué estaba sucediendo. “Los comentarios recibidos revelaron una cruda realidad: una insatisfacción generalizada con la experiencia en tienda en muchas marcas de lujo en China, caracterizada por lo que describieron como actitudes hostiles por parte del personal de ventas”, escribe. Más adelante, caracteriza esas hostilidades como “falta de empatía y calidez”.
“No saben vender”, me dice un directivo que distribuye en nuestro país productos fabricados en el gigante asiático. Incorporo esa idea a un proceso de reflexión que había iniciado ante la crisis de sobreproducción que atraviesa su industria fotovoltaica. ¿Se pueden atribuir algunos de los fenómenos recientes de la economía de China simplemente a su inexperiencia en el libre mercado?
Es apenas un adolescente en una ciencia que los países occidentales venimos probando y desarrollando desde hace 400 años. Acapara cuota de mercado aceleradamente, no gestiona bien el incremento de capacidad productiva, es poco prudente al manejar la deuda, sus vendedores tienen actitudes hostiles. Otros hemos aprendido ya qué errores hay que evitar y esa puede ser una ventaja competitiva fundamental.
Los expertos del sector fotovoltaico saben bien que la demanda se incrementa cuando suben los precios de la energía. Lo cual nos ha llevado a la paradoja de que el aumento de la demanda dejase de ser una buena noticia hace tiempo en China y haya conducido a una dinámica de autodeglución. El bloqueo del Estrecho de Ormuz ha dado la puntilla este año al sector chino que vive una crisis severa de sobreproducción, con un desplome de los precios que ha provocado el cierre o absorción de más de 40 fabricantes.
Acaba de celebrarse el Annual Meeting of the New Champions del Foro Económico Mundial (WEF) en Dalian (China), sin apenas representación española y muy poca estadounidense, otro de los fenómenos de nuestros días. Cada vez más foros globales empiezan a reflejar las tensiones geopolíticas entre los dos grandes titanes, China y Estados Unidos, lo que nunca es deseable.
Comento esta percepción acerca de la inexperiencia china en el libre mercado a una de las pocas voces de nuestro país allí, el químico alicantino Javier García, que ha participado otro año más en la redacción del informe de 10 Tecnologías Emergentes del WEF y modera una mesa redonda.
No está de acuerdo en que esa sea la causa de las distorsiones en la competencia a las que asistimos, sino la dificultad de aplicar de forma siempre positiva un modelo de economía planificada tan estricto como el de China. Ese precisamente que tantas ventajas tiene a juicio de muchos de nuestros sectores económicos, cansados de los condicionantes que introduce el ciclo electoral en la gestión política de nuestras democracias.
China se está esforzando para posicionarse ante el resto del mundo como un socio fiable y previsible, frente a los bandazos de la Administración Trump, además obviamente de punta de lanza de la innovación científico-tecnológica. Pero la economía planificada tiene dos inconvenientes claros que se ponen de manifiesto en la realidad china: la corrupción y las ineficiencias en el mercado. La mayor de las cuales no es precisamente la muerte por éxito de la industria fotovoltaica, sino sobre todo el colapso del sector inmobiliario.
Las palabras de Javier García desde Dalian me conectan con un artículo reciente de los profesores de la Aarhus University de Dinamarca, Jørgen Møller y Svend-Erik Skaaning, que titulan “El mito de la eficiencia autoritaria”. Dicen en él que, desde Platón, se acusa a las democracias de ser miopes, estar paralizadas por intereses particulares, ser propensas a elegir demagogos y ser incapaces de hacer los sacrificios que exigen los desafíos actuales.
Sin embargo, sostienen que numerosos estudios sobre el funcionamiento real de las democracias y las autocracias en distintas regiones, a lo largo de los siglos y en ámbitos que van desde el crecimiento económico hasta la eficacia militar y la protección del medio ambiente, han puesto en tela de juicio esta idea.
“Estos estudios no demuestran la superioridad de las autocracias. Al contrario, la tentación autocrática resulta, en la mayoría de los casos, un espejismo o incluso una trampa. Las democracias no solo son moralmente preferibles porque reconocen la equidad política y la dignidad de los ciudadanos, sino que también tienden a funcionar mejor”, afirman.
La gran cuestión que nos desvelará la historia es si China conseguirá finalmente desplegar un régimen autoritario más eficiente, un libre mercado más maduro, o los dos. Parece una contradicción, pero en estos tiempos cuánticos es posible ya pensar en la coexistencia de los contrarios..

