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El impacto social emerge como el nuevo frente de la sostenibilidad corporativa
La investigadora en la Universidad de Cambridge Tanja Collavo y otros expertos en economía circular inciden en la capacidad de la inteligencia artificial y los modelos predictivos para trasladar los objetivos ESG desde el reporte hacia la acción

Los sensores basados en IA pueden contribuir a la detección temprana de incendios forestales
La investigadora ha incidido en que muchos de los riesgos que preocupan actualmente a gobiernos y empresas tienen un origen común: la falta de atención a las personas. “No estamos siendo conscientes del daño que hacemos a la gente”, señala. Su análisis se apoya en la idea de que la sostenibilidad no depende sólo de factores ambientales o económicos, sino que también requiere sociedades cohesionadas y comunidades capaces de afrontar los desafíos futuros.
Mientras las emisiones de carbono cuentan con métricas ampliamente aceptadas, aspectos como la cohesión social, la calidad del empleo o la resiliencia comunitaria exigen procesos de análisis mucho más complejos y prolongados. “Comunicarse es la palabra clave aquí”, indica Collavo, que insiste en la necesidad de mantener una relación continua con empleados, proveedores y comunidades.
La investigadora también advierte de que la IA puede convertirse tanto en una herramienta para impulsar el bienestar como en un factor que amplifique desigualdades ya existentes. “El impacto de la IA es positivo cuando se desarrolla para y con la gente, y negativo cuando parte sin ella”.
En su opinión, la tecnología puede contribuir a mejorar la salud, aumentar la productividad y reducir la contaminación. Sin embargo, también puede incidir negativamente si se construye sobre datos sesgados o excluye a determinados colectivos. “Hay muchos sesgos en los datos que se utilizan para entrenar los modelos de IA”, alerta. La pérdida de confianza constituye otro de los riesgos emergentes. “Cuando las personas no saben si lo que está generando la IA les va a beneficiar o a perjudicar, se produce una pérdida de confianza”, asevera.
Digitalización para la resiliencia urbana
La economía circular aparece como una de las herramientas más eficaces para avanzar hacia ese objetivo. Toni Vitón, director de proyectos de CM Plastik, ha defendido la necesidad de combinar sostenibilidad y rentabilidad. “Muchos proyectos se quedan atrás si no existe la viabilidad técnica y económica”, ha señalado. Su empresa se dedica precisamente al aprovechamiento de residuos como nuevas materias primas. “Es una oportunidad de negocio real con algo que no tenía valor y que suponía un problema”, explica.
La digitalización y los datos se han identificado igualmente como elementos clave para aumentar la eficiencia de los servicios públicos y reducir el consumo de recursos. José Ramón Castellar, director general de Discomon, ha resumido esta filosofía en una frase sencilla: “La idea es ser capaces de generar más valor con menos recursos”.
Entre los proyectos presentados, destaca la instalación de sensores para optimizar rutas de recogida de residuos o sistemas de detección temprana de incendios forestales basados en IA. “En La Calderona, un fuego se apagó en tres horas gracias a este sistema”, ha asegurado.
La resiliencia urbana ha ocupado también un lugar destacado en el debate. Ricardo Herreras, responsable de cuentas para el sector público de Laberit, ha recordado la tragedia de la DANA en las comarcas de l’Horta Sud de Valencia como ejemplo de la importancia del acceso a información en tiempo real. “Las ciudades resilientes son aquellas capaces de adaptarse”, afirma. El objetivo, según ha explicado, consiste en desarrollar modelos predictivos que permitan actuar antes de que se produzcan las emergencias. “La idea es poder avisar a nuestros ciudadanos con cierta simultaneidad”, puntualiza.
Para lograrlo, la calidad del dato resulta determinante. “Sin datos, no tenemos IA”, ha recordado Juan Andrés Avilés, IBM Presales Consultant de TD SYNNEX. A su juicio, las capacidades de optimización y predicción que ofrece la IA “pueden convertirse en un aliado fundamental para construir territorios más eficaces y sostenibles”, concluye.
