Lo que nunca va a cambiar es la clave

NVIDIA lanza sus conmutadores de fotónica de silicio, todo un punto de inflexión en la carrera de la IA, lo que invita a reflexionar sobre las palabras de Jeff Bezos acerca de que la clave es preguntarse qué no va a cambiar nunca: en el ámbito del conocimiento, siempre requeriremos investigación, pero no necesariamente de las mismas entidades
Eugenio Mallol
23 de marzo de 2025 | Compartir: Compartir en twitter Compartir en LinkedIn
Lo que nunca va a cambiar es la clave

El gran anuncio reciente (¿para estabilizar la acción en el mercado quizás?) se ha producido en la GTC 2025 de NVIDIA, su conferencia global para desarrolladores, ingenieros e investigadores de IT. Jensen Huang ha presentado los conmutadores de red fotónica de silicio NVIDIA Spectrum-X y NVIDIA Quantum-X, que permiten a las fábricas de IA conectar millones de GPU entre sus instalaciones, reduciendo drásticamente el consumo de energía y los costes operativos. Según afirma la compañía, ha logrado “la fusión de circuitos electrónicos y comunicaciones ópticas a gran escala”.

El sabio José Capmany, fundador de iPronics, una de las compañías españolas que están tratando de provocar la disrupción en el mercado del hardware a nivel global, con el primer chip fotónico universal, programable y multifuncional del mercado, reaccionaba en LinkedIn a la novedad de NVIDIA con una sentencia tajante: esto supone un punto de inflexión en el camino de la fotónica.

Casi de forma simultánea, en la mesa con la que se cerraba el Ciclo de Logística de La Hora Premium de Atlas Tecnológico, el CEO de TLSI y moderador, Juan José Hernández Cogollos, preguntaba a los ponentes si estamos ante una evolución o una revolución. Tim O’Reilly lleva un tiempo dándole vueltas al tema, a propósito del impacto de las nuevas, vertiginosamente cambiantes e inexploradas formas que está adoptando la inteligencia artificial. Y su receta es acudir continuamente al consejo del fundador de Amazon, Jeff Bezos: la clave está en preguntarse qué no va a cambiar nunca. “Es imposible que la gente no quiera pagar menos, o que nuestros paquetes lleguen más despacio, ni ahora ni dentro de 10 años”, dice.

En realidad, no resulta fácil ya tan fácil adherirse completamente a la reflexión de Bezos. Los que conocen bien a los consumidores advierten de dos cosas: a) no es nada sencillo saber qué pasa por sus endemoniadas cabezas, en el sentido de que no puedes fiarte al 100% de ninguna encuesta, movimiento en redes sociales o análisis de navegación en la app, ni siquiera de Amazon (sólo hay que ver cómo funciona su sistema de recomendación), al menos por un plazo superior a unos días, quizás horas; y b) la idea de propósito está calando tan profundamente en ciertas partes de la sociedad que sí, hay gente dispuesta a pagar más por un producto o servicio si le asegura que es respetuoso con el medio ambiente o no ha sido fabricado en condiciones de explotación.

Por eso, hace falta reunir en un mismo proyecto a los que saben bien qué es eso que nunca cambia (la mente empresarial), que habitualmente ven las cosas como una evolución; con los que viven instalados en el cambio (la mente innovadora y tecnológica), más entregados a la idea de la revolución.

El mensaje de fondo de Bezos está claro, en cualquier caso: resulta fundamental saber qué no va a cambiar. Por ejemplo, en el mundo del conocimiento. La sociedad, la economía, van a necesitar permanentemente centros de producción de nuevas ideas de base científico-tecnológica, porque, aunque nos abrumen tantos anuncios de avances en la frontera, realmente todo está por hacer. Hay que reconstruir un nuevo mundo prácticamente de cero basado en las nuevas soluciones digitales y en nuevas fuentes de energía. Los países con menos legacy, como los de Oriente Medio e incluso la propia China, están avanzando más rápido entre otros motivos, porque había menos que sustituir.

Hace falta conocimiento, en fin, eso no va a cambiar. Pero ¿dónde se va a producir? Ahí sí se están produciendo movimientos. Fíjate en este cuadro que se publicaba hace poco, mira la columna de la derecha:

No, lo más relevante, en mi opinión, no es que la Academia China de las Ciencias ocupe el primer puesto en investigaciones más citadas, siendo eso ya toda una llamada de alerta (¡y los datos son 2017-2022!). Por supuesto, no debe sorprender que Europa no se asome ni de lejos a los primeros puestos. Lo verdaderamente llamativo es que Google produzca más citas que las universidades de Stanford y el MIT y que Microsoft supere a la de Berkeley. Una buena parte de la ciencia de frontera se ha trasladado a las empresas y eso tiene implicaciones enormes. La mayor tiene que ver con el sentido de la investigación: está claro que queremos conocimiento, pero preferimos que sean los accionistas de Google quienes decidan a qué merece destinarse el esfuerzo científico, por encima (en realidad, no es un efecto sustitución, sino adición, evitemos la demagogia) de los claustros universitarios y de la clase política. Esa sí es una revolución.

Me quedo finalmente con el gráfico que proporcionábamos en el Radar Atlas 22/03 y que reproduzco sobre estas líneas. ¿A qué puede deberse la acumulación de liquidez de Warren Buffett en Berkshire desde hace unos meses? Quiero quedarme con la idea de que está esperando a que se despejen las dudas sobre quiénes van a ser finalmente los ganadores en la batalla por construir el nuevo mercado de la inteligencia artificial. Pero algo de lo que está pasando a nuestro alrededor se empeña en que sea pesimista. Ojalá no.

Según Pitchbook, los fondos de capital privado han desplegado alrededor de un tercio de su capital en circulación cada año, de media, desde 2010. Durante el año fiscal que finalizó en septiembre de 2024, esa cifra se redujo al 26%. En el caso de los fondos de capital riesgo su tasa media anual (37%) se redujo a menos de la mitad, hasta tan solo el 18%, lo que pone de relieve la drástica caída de la inversión de riesgo. Si bien el entusiasmo impulsado por la IA ha alimentado el optimismo en el mercado de capital riesgo, aún no se ha traducido en una inversión de capital acelerada.

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