La obra del teamLab y el nuevo Clean Industry Deal de la UE

El temor a tomar decisiones sin marcha atrás, al que dedica una obra el colectivo teamLab en el Centro de Arte Hortensia Herrero de Valencia, está condicionando la capacidad de Europa para pasar de las ideas a la acción, como se ha vuelto a ver en la cumbre de Amberes, celebrada un año después de aquella en la que se acordó el Industry Deal
Eugenio Mallol
2 de marzo de 2025 | Compartir: Compartir en twitter Compartir en LinkedIn
La obra del teamLab y el nuevo Clean Industry Deal de la UE
Un fragmento de la obra 'The World of Irreversible Change' de teamLab en el CAHH.

El Centro de Arte Hortensia Herrero (CAHH) de Valencia incluye una obra del colectivo teamLab, fundado en Japón por Toshiyuki Inoko. Se titula The World of Irreversible Change (“El mundo del cambio irreversible») y consta de una pantalla que proyecta una creación digital interactiva en la que aparece una aldea medieval japonesa poblada por labradores y samuráis que transitan por ella de forma autónoma.

Está sincronizada con la ciudad: cuando amanece en Valencia lo hace en la aldea, comparte la climatología y la estación del año. La clave es que, si se toca la pantalla muchas veces, los samuráis se enfrentan con los labradores y, al cabo de un tiempo, si se sigue interactuando con ella se desata una guerra total que arrasa toda la aldea. Cuando eso suceda, teamLab ha decidido que no hay vuelta atrás, la obra nunca volverá a su estado original. Se acabará.

El equipo del CAHH instruye a los visitantes para que no la toquen y se evite su desaparición. Sólo deberían tener el privilegio de interactuar las personalidades, al parecer. En ocasiones, se generan debates entre grupos de personas frente a la obra, y casi siempre deciden quedarse quietos.

En el arte reciente, el propio observador es muchas veces el motivo de la acción del artista. Nos pone frente al espejo para conocernos mejor a nosotros mismos. La pregunta que deberíamos hacernos acerca de la propuesta de teamLab sería, en mi opinión, qué sociedad es más libre: ¿la que acaba pronto con la obra, porque decide que nada le impide interactuar?, ¿o la que opta por alargar al máximo su permanencia resistiéndose a tocar? En ambos casos, hay que tomar una decisión, el problema surge si ésta no responde a una estrategia, si es el resultado del miedo.

Un año después de acordar un Industry Deal en Amberes, que supuestamente debería estar presidiendo la nueva legislatura de la Comisión Europea, se acaba de celebrar en la misma ciudad una reunión de la que ha salido una nueva proclama: el Clean Industry Deal. Esta vez la participación se ha multiplicado casi por 10, ha habido 400 representantes de la empresa y de los trabajadores.

La Comisión Europea ha anunciado una Ley de Aceleración de la Descarbonización Industrial y una Ley de Economía Circular, revisará el marco de contratación pública, creará un Banco de Descarbonización Industrial y un Centro de Materias Primas Críticas y pondrá en marcha una Unión de Habilidades. Movilizará, en fin, 100.000 millones de euros para apoyar la industria limpia en Europa. Es la nueva nueva Declaración de Amberes.

Algún líder empresarial ha dejado dicho en redes sociales que todo eso está muy bien, pero hay que pasar a la acción. No deja de ser elocuente que el principal mensaje del evento enseña de Digital Europe, celebrado también hace unos días, Masters of Digital 2025, en plena sacudida del mercado por el impacto de la inteligencia artificial, haya sido una llamada a  solucionar el problema de la regulación.

Me temo que Europa es esa sociedad que quiere que la aldea japonesa dure todo lo posible y no se atreve a tocar la pantalla para no perderla. Me la imagino como ese grupo de visitantes que debate durante horas qué tiene que hacer, crean comisiones y destinan fondos para pagar a expertos que les ayuden a decidir. El miedo al cambio es poderoso que la expectativa de algo nuevo. Porque lo gracioso es que la obra de teamLab lleva tantos años ‘viva’ que sus gráficos y su software en general están ya desfasados. Muy probablemente a un chaval le parecerá tan poco visualmente atractiva como un juego de Atari antiguo.

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