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Felipe Romera (PTA): «Echo en falta un mayor apoyo institucional para vertebrar los ecosistemas de innovación en España»

Uno de los pioneros del 'modelo Málaga' que atrae a grandes corporaciones tecnológicas y startups, el presidente del Parque Tecnológico de Andalucía y de la Asociación de Parques Tecnológicos de España, conversa con el analista de innovación Eugenio Mallol sobre la cooperación universidad/empresa y la necesidad de convertir los PERTE en "propósitos de país"

2021-10-20 Compartir: Compartir en twitter Compartir en LinkedIn
Felipe Romera (PTA): «Echo en falta un mayor apoyo institucional para vertebrar los ecosistemas de innovación en España»

Eugenio Mallol.-En el conjunto de España no está suficientemente valorado quizás lo que se ha hecho en Málaga. Es muy llamativa su capacidad para atraer el interés de las grandes corporaciones tecnológicas, para ponerse en el mapa sin más recurso que el talento. Estuviste en el mítico equipo de Fujitsu I+D y fuiste de los pioneros en traer esa nueva cultura de gran compañía, de modo que debes de conocer el secreto.

Felipe Romera.-No es una cosa de dos días. Llevamos 30 años trabajando en lo que llamaría la creación y vertebración de un ecosistema. Nos hemos ido adaptando a las diferentes olas de innovación, lo que nos ha permitido conseguirlo. Cuando comenzamos en 1992, la ola era la electrónica, todo nuestro objetivo era traer fábricas del sector, un mercado que entre ese año y 1998 quedó reducido a la mitad en España. Internet llegó y fue muy valioso para nosotros, porque en el Parque teníamos una fibra de 100 megas que no se utilizaba para nada. Eso hizo que la diferencia entre dentro y fuera del parque, donde como mucho se alcanzaban los 9.600 bits/s, resultara muy significativa, lo cual atrajo a muchas empresas.

Eugenio Mallol.-Llama la atención en esta historia que vuestra estrategia no fuera: vamos a captar un buen tractor, un OEM del automóvil o un fabricante de bienes de equipo…

Felipe Romera.-Sí quisimos, pero no lo conseguimos. Lo intentamos en electrónica, pero no generó una ola de continuidad importante. Con internet fue distinto, porque hizo que desde 2000 hasta 2007 el Parque se llenara y se generara un cierto ecosistema local de creación de empresas de alto valor añadido. Y vinieron las multinacionales a comprar. Por ejemplo, la adquisición de una startup local hizo que se instalara en el parque Dedalus. Se creó una startup fruto de un proyecto fallido con Nokia llamada Optimi que fue comprada por Ericsson y se instaló en el parque gracias a su equipo de I+D. La empresa Hispatec vendió una parte de su negocio, que era VirusTotal, a Google, pero la gente de Málaga también dijo que no se iba de la ciudad y se les permitió quedarse. AT4 Wireless fue comprada por dos grandes multinacionales: Keysight Technologies, de HP, que se dedica a los equipos de prueba de 5G, y Dekra, que está invirtiendo de una forma importante en el vehículo conectado. Estos son ejemplos reales de empresas locales que atraen a multinacionales. En 2007 teníamos un cierto ecosistema del parque muy local, pero durante ese tiempo de la crisis en los que las grandes compañías buscaban mejorar su productividad interna utilizando la innovación, llegaron Oracle o BBVA a través de OP Plus. De hecho, en ese periodo perdimos 3.000 empleos, pero ganamos 5.000. De modo que cuando, en 2015, empieza el boom de las tecnologías digitales y la Cuarta Revolución Industrial, el parque está muy bien posicionado porque tenía un colectivo muy importante de desarrolladores de software.

Eugenio Mallol.-Cuando cuentas esta historia, me viene a la cabeza la presentación del PERTE del Automóvil en Moncloa. Pedro Mier, presidente de Ametic, toma la palabra y dice: ojo, que el tema del automóvil no se queda sólo en el chasis y el motor, sino que es también inteligencia artificial, conectividad, etcétera. Muchas veces no sabemos encontrar una vía lateral para posicionarnos como ecosistema, nos cuesta potenciar ese espacio donde podemos ser más competitivos. Vosotros sí habéis tenido la habilidad de detectar que la economía del futuro está basada en los componentes, hay que competir en los componentes.

Felipe Romera.-Claro, claro. Fíjate cómo se ha acelerado todo. Desde 2017 y hasta la pandemia, Málaga empieza a tener visibilidad, no en España, pero sí en Europa, fruto de las multinacionales que tenemos aquí y de su relación con los clientes, muchos de los cuales deciden también instalarse aquí. Y eso hace que aparezcan muchas startup europeas. De hecho, en el parque la mayoría de instalaciones que tenemos son de empresas extranjeras que empiezan con 5, 10, 20 trabajadores y acaban teniendo 150 o 200. Todo esto cristaliza en la pandemia, cuando nos proponemos que todas esas compañías que están aisladas empiecen a trabajar juntas. La videoconferencia nos hace un gran favor, porque los CEO tienen posibilidad de conectarse en una reunión. A partir de ahí, creamos el club de ejecutivos Málaga Tech Park Execs, que dirige Ezequiel Navarro, y empezamos a ver que quieren cooperar, las grandes también. Porque ven que no pueden abarcar todo en las tecnologías digitales y, aunque sean competidoras, colaboran para sacar valor y acceder a más mercados. Y de pronto el parque se vertebra. Esa es la gran diferencia con otros ecosistemas de innovación que son mucho más grandes, como los de Barcelona o Madrid. Esa es la idea por la que creamos, muy de la mano de Ametic, el Instituto Ricardo Valle Innovación, con el que se pretende poner en marcha una red a nivel español. El objetivo es desarrollar proyectos con empresas, el instituto y la universidad, que en todo este proceso tiene un papel muy importante.

Eugenio Mallol.-El rector José Ángel Narváez es el señalado como responsable de este clima de colaboración con el sector privado.

Felipe Romera.-Con José Ángel Narváez, nos pasamos un año pensando cuál podía ser el futuro común. Un vector debía ser la internacionalización, es decir, queremos ir al ámbito internacional juntos y, de hecho, la universidad ha sido clave en la atracción de startups al facilitar la transferencia de conocimiento, algo muy fácil de decir, pero muy difícil de hacer. De modo que en este ecosistema de innovación vertebrado ponemos en el centro a la Universidad porque estamos alineados. Esto lo cristalizamos en un edificio que hace el parque en el campus universitario, llamado Rayo Verde, en el que conviven grandes empresas y startups que quieren trabajar con la Universidad, que tiene un tercio de la superficie.

Eugenio Mallol.-Háblame de cómo resolvéis el diálogo con los investigadores, las empresas siempre dicen que están como en un plano diferente.

Felipe Romera.-Eso es lo que se está vertebrando. Cuando traes a una empresa y le presentas de entrada a un vicerrector en ese edificio, se siente encantada y todo se monta mucho más fácil. La transferencia no es nada sencilla, es un proceso que casi nadie sabe cómo se produce, pero uno de los temas más importantes del ecosistema de innovación español, donde funciona bastante mal. Hemos conseguido algo que no existe en ningún sitio. Y ahora tenemos medio centenar de empresas, la mayoría multinacionales, que han venido por distintas fórmulas, y además se anuncian nuevas inversiones de grandes corporaciones en el parque, y la gente se pregunta qué pasa en Málaga. Lo que pasa es que se ha creado un ecosistema vertebrado unido a algo muy relevante: la cooperación institucional, todos remando en la misma dirección. Las empresas quieren esto y buscan posicionarse en este ecosistema, que es muy competitivo, porque Málaga tiene todavía unos costes más bajos que Madrid y Barcelona y eso hace que puedas tener una rentabilidad mayor.

Eugenio Mallol.-Entusiasma oírte, pero luego ves el debate político en España y es otro mundo.

Felipe Romera.-Es verdad. Yo soy presidente de la Asociación de Parques Científicos y Tecnológicos Españoles y hemos vivido en un cierto amodorramiento interno, muy endogámicos. Hemos creado un ecosistema nacional que está muy bien, con más de 150.000 personas trabajando en los parques, estamos prácticamente en todas las provincias. Lo poco del sistema de innovación español vertebrado está en los parques y, sin embargo, apenas existimos para el sistema. Los parques no actuamos en las políticas públicas, es una divergencia, cada uno vamos por nuestro lado.

Eugenio Mallol.-Tampoco se os busca, no es sólo responsabilidad vuestra.

Felipe Romera.-Las políticas públicas o bien buscan la investigación, o bien las empresas, pero los organismos intermedios no pintamos casi nada en ayudar a hacer política científica o tecnológica. Y ahí es donde nosotros reclamamos, junto a los centros tecnológicos, las incubadoras de empresas, los clústers, Ametic, todos juntos. Hicimos un manifiesto que mandamos a la vicepresidenta Nadia Calviño el año pasado, simplemente diciendo que nos poníamos a sus órdenes para desarrollar políticas cuando todo el entusiasmo de los fondos europeos estaba en su esplendor. Todavía no sabemos muy bien por dónde van. Nos dijeron que sí, pero no hemos sido capaces de avanzar en qué “sí”. Es un déficit más de la vertebración del ecosistema de innovación.

Eugenio Mallol.-Tenía lista una pregunta desde el principio, pero he querido esperar a escucharte describir todo el modelo. Te la formulo ahora: no sé si el futuro de España está en desarrollar muchas ‘Málagas’, con esa filosofía de apertura y visibilidad internacional, o en aplicar a España en su conjunto el ‘modelo Málaga’.

Felipe Romera.-Mi pensamiento en esto es idéntico al de Ametic. En España, por el propio desarrollo económico, se han creado grandes polos de innovación. Para desarrollar el ecosistema tienes que usar lo que tienes y a partir de ahí impulsar las buenas prácticas y lo que es diferencial, poniéndolo en valor. La cooperación entre los sistemas de innovación es fundamental. Esto en los parques lo tenemos hecho, tenemos la red APTE, pero esa vertebración es muy limitada porque no tenemos suficiente visibilidad. El ‘modelo Málaga’ se puede imitar, aunque no puedes pretender hacer en seis meses lo que nos ha costado 30 años. Las fórmulas son muy sencillas: un apoyo institucional duradero, con tiempos de 15 o 20 años y una acción continua; y vínculos que permitan sacar valor del que más tiene. La única forma de desarrollar estos polos de innovación es la cooperación. El valor de 50 es mucho más que el de los 50 solos.

Eugenio Mallol.-Qué te sobra y qué te falta.

Felipe Romera.-Yo siempre me he dedicado a abrir caminos y, cuando lo haces, vas de derrota en derrota. Y eso no se puede cambiar. Es verdad que para el que va detrás lo de copiar es fantástico, porque se quita muchas barreras. Pero el entorno local marca también mucho el desarrollo de un ecosistema de innovación. Y no es lo mismo Bilbao que Málaga o Zamora. Echo en falta un mayor apoyo institucional a los ecosistemas de innovación, pero no para que nos den dinero, sino para vertebrar esa cooperación. El Gobierno es el que tiene que hacer política, los ecosistemas tienen que ser locales y el ecosistema nacional debe ser la vertebración de los polos de innovación que funcionan. Nosotros hemos visto que hasta el parque más pequeño suma al ecosistema de innovación. Pero, salvo los vascos, el resto de comunidades autónomas están un poco perdidas en la vertebración.

Eugenio Mallol.-En esa imagen de vertebración y polos que cooperan, Europa promovió una política de especialización inteligente que en su momento iba bien encaminada, pero con el tiempo no queda demostrado que sea acertado no marcar tan explícitamente en qué tiene que innovar cada polo. Algunos expertos dicen que la estrategia de especialización inteligente ha acabado convirtiéndose en una estrategia de imitación recurrente.

Felipe Romera.-Formé parte del mirror group de la DG de las Regiones para ello. El valor que tiene esa especialización inteligente es que debes saber dónde tienes tus valores. Intentar desarrollar algo de lo que no tienes nada lo puedes hacer, pero es mucho más arriesgado. Es correcto favorecer tus polos de innovación en función del valor que tengas alrededor de una tecnología, de una capacidad o de un servicio. Pero la cooperación interregional ha funcionado muy poco, cada política regional ha sido para ellos y esta interrelación, que es donde puedes sacar más valor, no se ha producido de forma adecuada. La especialización está bien, pero no creo que haya que forzarla. Las nuevas tecnologías eso lo transforman, porque cada vez más en un coche eléctrico o en uno conectado, por ejemplo, el valor no está en la chapa o en los motores, sino en la conectividad, en el software, en la conexión. Eso da grandes oportunidades a lugares donde hay un gran desarrollo alrededor de la conectividad. Hay que trabajar en cooperación no sólo en España, sino en el mundo, pero intentemos construir un ecosistema de innovación español que sea la suma de los ecosistemas locales, trabajando en red. De esto nadie quiere hablar, porque no está en las políticas y, sin embargo, es de lo que deben tratar esas políticas. Las tecnologías digitales lo están transformando todo, lo que era de una forma ahora es de otra y será diferente dentro de unos años. Hay que estar muy al tanto y ser capaces de leer lo que está pasando. Un ejemplo: en inteligencia artificial, los americanos eran los líderes y de repente los chinos, que llevan siete u ocho años con políticas muy concretas de impulso, les han rebasado. ¿Y en Europa? Ya no en España. Hemos creado una Secretaría de Estado de Inteligencia Artificial, pero ¿y? ¿Cuáles son las políticas concretas, cuál es la actividad que tenemos? Muy verdes, por decirlo de una forma. ¿Qué pasa con la microelectrónica? Lo mismo. Nos caemos del guindo de que Europa ha dejado pasar esa tecnología y, sin embargo, ahora cree que es estratégica. Vamos a construir dentro de lo que tengamos los núcleos, primero de diseño, luego de prototipos, las fábricas grandes cuestan mucho dinero, pero habrá que hacerlo si quieres tener una cierta independencia tecnológica. ¿Qué estrategias tiene el Gobierno o Europa para ser relevantes en la segunda soberanía nacional tecnológica? Esto no lo veo claridad en los discursos políticos.

Eugenio Mallol.-La cuestión es si los Planes de Recuperación, por lo que hemos podido ver hasta ahora, contribuyen a esos objetivos que son claves.

Felipe Romera.-Yo no sé por dónde van estos fondos, no lo sé. Veo el PERTE del coche eléctrico y se están organizando elementos de valor que pueden ser capaces, si se saben leer bien, de determinar una cierta línea de estrategia española con respecto a ello. Los PERTE no los veo mal, aunque tenemos que ver cómo se desarrollan. En APTE hemos preguntado a las empresas cuáles quieren participar en el PERTE del automóvil y tenemos casi medio centenar de todas las regiones. Eso puesto junto, con un objetivo, con un propósito, lo que Ametic llamaba los proyectos tractores, está muy bien. Porque los PERTE, entendidos como proyectos que marcan un propósito nacional, están muy bien. Pero eso lo debe permitir esa cooperación, que no sean las grandes empresas las que los utilicen para sus propios desarrollos sin más, eso no funciona así. Tienes que crear ese ecosistema de grandes y pequeñas empresas que cooperen. El tema eléctrico no es que Endesa o Iberdrola monten su plan, cada una su PERTE, sino que Endesa e Ibedrola, junto con el resto, creen un propósito general que es un propósito de país y de las empresas. Son cosas que se necesitan, no lo pueden tener independientemente cada una de esas compañías. Me preocupa mucho de los fondos de recuperación que las convocatorias que están saliendo sean las antiguas convocatorias con más dinero, porque si lo hacemos así no transformamos el país. Cambias el país con propósitos concretos, y eso deben ser los PERTE. Ha pasado un año y no tenemos el PERTE publicado más allá de cómo hay que presentar las peticiones, y nos tenemos que gastar miles de millones. Y otra cosa que hemos visto también es la propia capacidad de la Administración de gestionar estos fondos. Simplemente por la gente que tiene, ahí tenemos un poco no ya las carencias, sino los vectores sobre los que tendríamos que trabajar. No me cabe la menor duda de que como no montemos los fondos de recuperación en base a vectores concretos y propósitos de país que signifiquen la integración y la cooperación entre todos, estará bien, pero la capacidad de transformación de ese dinero que tanto entusiasmo generó a los empresarios el año pasado quizás decaiga.

Eugenio Mallol.-En fin, en este mundo, lo peor es ser irrelevante y Málaga no quiere serlo.

Felipe Romera.-Yo sé dónde estoy, somos un ecosistema pequeño-mediano visto en el contexto europeo, pero peleón.

Eugenio Mallol.-Otros, disponiendo de muchos más recursos, les han sacado menos partido.

Felipe Romera.-No olvides los dos elementos clave: la cooperación empresarial y universitaria en un mismo fin y la cooperación institucional para apoyar ese modelo. Málaga es eso. Y se puede copiar, otra cosa es que la gente quiera y los políticos entiendan que este es un tema de ir todos juntos. En Málaga se ha conseguido durante 30 años. Y cuando hablo de cooperación entre ecosistemas es el mismo modelo, expandido.

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