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Las Big Ideas del Aspen Ideas Festival: videojuegos personalizados, IA en la consulta médica y el valor de la comprensión humana
Una decena de expertos defienden una medicina más preventiva y centrada en el paciente, donde la IA complemente el juicio clínico, la menopausia se aborde como un proceso de envejecimiento y la digitalización contribuya a simplificar un sistema sanitario cada vez más complejo
La IA con el foco en el paciente
La primera de estas voces es la de Kris Alexander, profesor asociado en la Toronto Metropolitan University. Su idea es usar la IA para “ayudar a alguien” a través de la creación de videojuegos personalizados. Gracias a su propuesta, ha conseguido establecer rutinas para entrenar el sueño de los bebés, método que han aplicado miles de padres en los últimos 12 años. Explica que también ha empleado esta tecnología para ayudar a su mujer, profesora para niños con necesidades especiales en Toronto. “Ella ha estado implementando pedagogía objetiva, que consiste en el diseño de un videojuego específico para cada uno de los niños con los que trabaja con el propósito de facilitar su aprendizaje de habilidades básicas, como leer, escribir, realizar operaciones aritméticas o desarrollar habilidades sociales”, detalla. “Mi tesis”, continúa, “es que podemos utilizar la IA y la pedagogía objetiva para ayudar a alguien más”.
Nworah Ayogu, jefe de salud en Thrive Capital, trabaja también la aplicación de la IA a la salud. Da punta a esta idea: “no podemos medirla únicamente como software”, afirma. Habla de un caso australiano en el que, tras la implementación de un software de IA, se analizaron los resultados obtenidos. Las mediciones del sistema mostraban un éxito rotundo; sin embargo, las mediciones de los datos sobre la medicina real mostraban “un fallo abyecto”.
La IA supone un punto de inflexión, pero “si seguimos aproximándonos a la IA como un software meramente, obtendremos muchas herramientas que nos ahorrarán tiempo y aumentarán los ingresos de las compañías, pero que no nos ayudarán a conseguir que los pacientes se curen. La IA es un optimizador poderoso, pero tenemos que asegurarnos de colocar el foco en el lugar correcto y medir lo que de verdad importa, asegurarnos de que la conversación gira en torno a cómo extender la vida y aliviar el sufrimiento de nuestros pacientes”, concluye.
Según Sharmila Makhija, fundadora de la Escuela de Medicina Alice L. Walton, en estos tiempos la educación médica necesita ser más humana que nunca. “Estamos entrando en un momento en el que las habilidades más valiosas en la medicina han pasado a ser los valores humanos, habilidades que históricamente hemos tratado como secundarias”, explica. Makhija apunta a que aunque la IA puede proporcionar información, nunca podrá reemplazar “la comprensión humana y la capacidad de cuestionar”.
Ginecología y salud mental, grandes olvidadas
Mary Claire Haver, ginecóloga y autora de La nueva perimenopausia, ha destacado la importancia de un estudio centrado en la salud de las mujeres durante la etapa postmenstrual. Incide en que es una etapa en la que el estrógeno cae, lo que se traduce en que el cuerpo pierde de pronto un regulador del que ha dependido durante los anteriores cuarenta años. “La menopausia”, recalca, “no es el solo el final de la fertilidad: es la aceleración de la edad en el cuerpo humano y es una puerta abierta a enfermedades que matan o incapacitan a la mayoría de mujeres, como las enfermedades del corazón, el Alzheimer, la osteoporosis o la diabetes”. Denuncia que es muy corriente archivar estos problemas bajo el nombre de “salud femenina” en lugar de dedicarle la atención debida. “Es ciencia del envejecimiento”, defiende.
Otra de las ideas presentadas es la necesidad de una base de salud mental en la rutina individual, ha compartido Jessica Jackson, fundadora de Therapy is for Everyone. “Hemos pasado las últimas décadas tratando de comunicar que la salud mental es tan importante como la física; pero, siendo honestos, nuestro sistema sanitario todavía trata la salud mental de manera diferente a cualquier otra rama sanitaria”. Profundiza sobre este concepto al hablar de que, así como asistimos anualmente a revisiones con nuestros dentistas, no deberíamos esperar a desarrollar una enfermedad para buscar ayuda.
“Deberíamos tener un espacio, una revisión anual, para entender cómo funcionamos, qué ha cambiado desde el año anterior, si percibimos señales tempranas que deban preocuparnos”, explica. “La próxima gran innovación en salud mental será la construcción de una infraestructura que ayude a cada persona a entender, monitorear y cuidar su salud mental antes de que alcance una crisis”, continúa.
Un sistema sanitario disfuncional
Para Andrea Downing, presidenta de The Light Collective, la mirada debería estar puesta en el paciente, aunque a menudo se ignora esta obviedad. “Nosotros, los pacientes, no debemos esperar a que el sistema sanitario se ponga al día con nosotros”, puntualiza. “Los pacientes tenemos problemas de confianza: el 71% no confía en las tecnológicas cuando usan IA, aunque el 41% sube su historial médico a estas herramientas”, aporta. “El 67% de los médicos alimentan con nuestro historial médico las plataformas de IA sin nuestro consentimiento”, termina.
Zeke Emanuel, oncólogo y autor de ‘Eat your Ice Cream’, se muestra convencido de que lo que se necesita no es una gran idea, sino un gran plan: “Ninguna idea, por ambiciosa que sea, bastará para arreglar el disfuncional sistema de salud de Estados Unidos”. El objetivo debe ser la creación de “un sistema con cobertura universal, alta calidad y costos asequibles”, comparte. Su propuesta se basa en la cobertura universal a través de dos mecanismos: “165 millones de personas recibirán cobertura como se hace a día de hoy y los otros 15 millones deberán elegir entre seis opciones: un plan de salud pública modernizado o cinco opciones de cobertura privada”.
Las cuatro diferencias principales entre estas opciones estarían en la red de proveedores, la calidad, el costo, las primas adicionales y los gastos compartidos. “No habrá deducibles ni copagos para consultas o medicamentos genéricos y se limitarán a un máximo de 1.500 dólares por familia, aplicados únicamente a servicios no esenciales”, incide. También se refiere al proceso de digitalización y transparencia: “Simplificaremos, estandarizaremos y digitalizaremos los procesos de facturación para hacer que el sistema sea comprensible y accesible para todos los usuarios”. “No necesitamos destinar más dinero, solo necesitamos que el sistema funcione mejor”, concluye.

