Las Claves de los Expertos
Update Menu Valencia: La IA entra en la fábrica con los pies en la tierra
El Update Menu Valencia reúne a profesionales de la industria y la tecnología para analizar los retos de la inteligencia artificial en la empresa, desde la calidad de los datos y los costes hasta la gestión del cambio y el papel de las personas
16-10-2026

La inteligencia artificial ya está presente en la industria, pero todavía dista de ser una solución madura. Esta fue una de las conclusiones del Update Menu Valencia, organizado por Atlas Tecnológico, con profesionales de Fontenas, Stadler, Dacsa, Grupo Choví Alimentación y Franuí, en la que fue la octava edición de esta iniciativa.
Okticket fue la compañía promotora, representada por Marta Sánchez y David García. Participaron los colaboradores de Atlas Tecnológico Arantza Bárcena, Graziela Conci y Juan José Hernández Cogollos. Eugenio Mallol, también colaborador de Atlas Tecnológico, condujo el debate sobre las tendencias tecnológicas e industriales del sector.
En esta ocasión, el lugar escogido volvió a ser La Barraca de Toni Montoliu. La jornada arrancó con una masterclass sobre paella valenciana y un paseo en carro por la huerta. Después, la mesa dio paso a las conversaciones. Estas son algunas de las principales conclusiones expuestas por los participantes.
1. Una tecnología todavía en pañales
El diagnóstico de partida fue unánime: la IA en la empresa está dando sus primeros pasos. Los agentes, uno de los temas estrella del año, se usan sobre todo en pilotos pequeños, casi experimentales.
Un ejemplo típico es el de un agente de ventas conectado al CRM que cada mañana avisa de las oportunidades pendientes. Funciona, pero nadie lo considera una solución definitiva, sino que es una prueba para entender qué hay detrás antes de incorporarlo al producto o a la operativa diaria.
La conclusión es que hoy la IA vive entre la innovación y la preproducción. Recomendarla para entornos productivos críticos sería, en palabras de la mesa, temerario.
2. Nadie sabe cuánto costará mañana
La gran incógnita no es tecnológica, sino económica. Lo que hoy cuesta unos 150 dólares al mes podría costar mil o cien mil dentro de un año. Con esa incertidumbre es difícil calcular el impacto en la cuenta de resultados. Ya no se trata solo de elegir una tecnología, sino de apostar por un coste que nadie puede prever. Construir la empresa sobre esa base, o prescindir de parte del equipo por ella, se percibe como un riesgo difícil de asumir.
Sin embargo, no todos lo ven igual. También se defendió que la IA seguirá siendo accesible y que ya está ahorrando muchísimas horas, incluso en la gestión de presupuestos. Para quienes piensan así, el criterio es que mientras ayude, se sigue usando.
3. La dependencia, un riesgo estratégico
Ligada al coste aparece otra preocupación, que es la de la dependencia. Varios asistentes describieron equipos que trabajan a medio gas el día que la herramienta de IA falla. Algunos perfiles muy brillantes ya no saben, o no quieren, trabajar sin ella.
La mesa interpretó que parte de la estrategia de los grandes proveedores consiste precisamente en generar ese hábito, casi una adicción. Bajadas de precio y modelos más rápidos facilitan la entrada, pero el problema llega cuando la empresa ya no puede salir. Por eso se insistió en que nadie pone en duda que la IA ha venido para quedarse. Lo que se cuestiona es poner todos los huevos en esa cesta sin saber qué coste ni qué grado de dependencia se está asumiendo.
4. Austeridad y estrategia de francotirador
Ante una oferta comercial que "inunda" a las empresas, la receta fue austeridad. La propuesta es avanzar como un francotirador, con proyectos muy pequeños y muy concretos. Así, se elige un caso acotado, se implanta, se comprueba que funciona y se convence con resultados a la dirección. Solo después se pasa al siguiente. Frente al discurso de la hiperconexión total, se trata de ganar batallas una a una.
Y, para eso, antes de disparar hay que dibujar cómo debería ser la empresa dentro de tres o cuatro años, porque cada pieza pequeña debe encajar en esa visión global y poder escalar después.
5. Sin datos de planta no hay IA
Una de las ideas más repetidas fue que la IA no es el primer paso. Antes hay que estandarizar procesos, digitalizarlos y, sobre todo, sensorizar unas líneas de producción que en muchos casos aún no lo están. El orden lógico es sensorizar, recoger los datos en una capa superior, modelizarlos y solo entonces aplicar IA para sacar conclusiones. Se advirtió contra la tentación de pensar que la IA "te resuelve la vida" sin ese trabajo previo.
Dentro de la fábrica, la IA es solo un componente más, y pequeño, de la Industria 4.0. Cuando el dato existe, los resultados llegan. En este sentido, se citó un proyecto con dos años de datos que predice el rendimiento del proceso a partir de las características fisicoquímicas de la materia prima. Ahora se va a replicar en otra planta.
6. La mejora paga la siguiente inversión
La realidad financiera de muchas industrias condiciona todo lo anterior. Con márgenes estrechos por la presión de la gran distribución y materias primas cada vez más caras, no se puede trasladar todo el coste al precio.
El resultado es una lógica de autofinanciación: el dinero para sensorizar una línea sale de la mejora que generó el proyecto anterior. Cada euro tiene que justificarse, y hay que ser muy consciente de dónde se invierte. Por eso la hoja de ruta es imprescindible. Si se avanza paso a paso y con presupuesto limitado, hay que saber con mucha claridad hacia dónde se quiere ir.
7. La IA necesita gobierno
La IA no puede ser una suma de iniciativas sueltas, sino que debe estar integrada en la estrategia de la compañía, con una gobernanza propia y un marco claro de uso.
Algunas organizaciones ya han dado ese paso con oficinas de inteligencia artificial y datos. Desde ellas se reúnen con los directores de área, identifican dónde puede aportar la IA y ordenan los despliegues, por ejemplo de asistentes corporativos que empezaron en un grupo piloto y ya llegan a toda la plantilla. Otras empresas reconocen que todavía no tienen ese marco y que es una tarea pendiente. Coinciden en que, sin él, el riesgo es que cada departamento vaya por su lado.
8. Un proyecto por responsable: la palanca más simple
Entre las fórmulas para impulsar la adopción, una despertó especial consenso por su sencillez. Consiste en pedir a cada responsable de área que identifique un solo proceso en el que la IA pueda ayudar. Algunas empresas lo han incorporado incluso a sus objetivos anuales, y cada director debe plantear un proyecto que integre inteligencia artificial. La mesa lo calificó de brillante, porque obliga a pensar en casos reales y no en promesas.
La clave, se subrayó, es dar ejemplo. Una empresa que vende tecnología tiene que usarla de verdad dentro de casa y conocer de primera mano para qué sirve y para qué no.
9. El cambio se juega en los mandos intermedios
La gestión del cambio apareció como el verdadero cuello de botella. Los mandos intermedios están atrapados entre dos mundos. Por un lado, una dirección con prisa, a veces movida por lo que le ha contado un familiar o una IA, y por otro, unos equipos de planta con prioridades muy distintas.
Para muchos operarios, lo importante es cobrar a final de mes y que no salte una alerta roja, no la última novedad tecnológica. Se relataron casos de resistencia abierta, como sabotajes a robots y AGV en el turno de noche, donde hay menos supervisión.
También se criticó que haya decisiones tomadas por moda, como despedir programadores porque "la IA ya programa". La respuesta pasa por la formación a todos los niveles y por no dejarse arrastrar por lo que parece que hace todo el mundo.
10. La IA es el copiloto; el piloto es humano
La responsabilidad fue uno de los ejes éticos del debate. La metáfora elegida fue la del rally: la IA puede ser el mejor copiloto, pero quien conduce y responde es siempre una persona.
"Lo ha hecho la IA" no sirve como excusa ante un cliente ni ante nadie. Quien entrega un producto es responsable de él, lo haya generado una máquina o no. Lo mismo vale para decisiones mucho más graves, porque detrás de cada botón hay alguien que lo pulsa.
Además, se recalcó que si las personas dejan de escribir y crear porque todo lo genera la IA, la propia IA se quedará sin nada nuevo de lo que aprender. La supervisión humana no es solo un requisito de seguridad, sino una condición para que la tecnología siga mejorando.
11. Regulación: "no vale todo"
La batalla regulatoria entre las grandes compañías de IA todavía no afecta al día a día de las empresas presentes. Pero todas coinciden en que acabará afectándoles, y de lleno. En la mesa se describió un sector dividido: unos desarrolladores piden poner límites a la evolución de la IA y otros rechazan cualquier freno. Europa ha optado por regular, con el temor recurrente a quedarse atrás frente a Estados Unidos y China.
Aun así, predominó la idea de que algún marco es necesario porque "no vale todo". Se recordó que incluso el Vaticano se ha pronunciado sobre la IA en esa misma línea, y ha defendido que la tecnología no puede quedar por encima de la responsabilidad humana.
12. Una IA que siempre te da la razón
Con cierta ironía, la mesa señaló uno de los rasgos más inquietantes de los asistentes de IA, como es su tendencia a la autocomplacencia. Casi siempre dicen al usuario que lo ha hecho todo bien y que su idea es excelente.
Ese halago constante alimenta la vanidad y refuerza la dependencia. Existen formas de configurar la herramienta para que sea más crítica, pero apenas se usan.
De ahí se deriva un reto de formación. Muchas personas no saben formular bien una pregunta, repreguntar y contrastar hasta obtener una respuesta con sentido. El mayor desafío es tener criterio suficiente para juzgar si lo que devuelve la IA es fiable.
13. ¿Adónde van nuestros datos?
La confidencialidad fue otra de las alertas. Cuando un empleado cuenta a un asistente de IA los problemas de un producto o la situación de su departamento, está compartiendo información potencialmente estratégica. El riesgo crece con las herramientas integradas en el correo y los documentos de trabajo, que pueden acceder a todo, y muchas veces el usuario no sabe exactamente dónde termina esa información.
Hay quien opta por separar planos, de manera que usa la IA para aprender y para tareas personales, pero sin introducir nunca datos de la compañía. Pero es una disciplina que, por ahora, depende más del criterio individual que de las políticas de empresa.
14. "Mi IA contra tu IA"
La IA ya está cambiando la forma de relacionarse dentro y fuera de la empresa. En selección de personal, los currículums encajan ahora a la perfección con cada oferta, porque se redactan con IA a medida. Así que la sorpresa llega en la entrevista.
Lo mismo ocurre en sentido contrario, en el que los proveedores adaptan sus propuestas comerciales a cada cliente con la misma facilidad. Y en las reuniones proliferan los "expertos" instantáneos que discuten con lo que les ha dicho su asistente, igual que los pacientes que corrigen al médico.
La consecuencia es paradójica. Lo que se ahorra en tiempo por un lado se pierde por otro, porque hay que dedicar más horas a conversar y verificar qué sabe de verdad cada persona. Y todo apunta a que esta situación ha llegado para quedarse.
15. El factor humano y la brecha entre lo digital y lo físico
El debate terminó donde empieza cualquier fábrica: en las personas. Se habló de una pérdida de compromiso con el trabajo y de una rotación de operarios que se marchan por diferencias salariales mínimas. Se avanza mucho en tecnología, se dijo, pero muy poco en la parte social y psicológica de la empresa.
Las empresas que están frenando la rotación no lo hacen solo pagando más. Lo consiguen con planes de carrera visibles, un buen clima de trabajo y modelos de retribución atractivos. Hacerse atractivo para el empleado ya es una necesidad estructural.
A esto se suma una brecha de ritmos. Los productos digitales avanzan a una velocidad que ninguna estructura interna puede seguir, mientras la planta trabaja con los pies en la tierra, entre máquinas físicas y materias primas cada vez más caras. Ganarán las empresas que sepan unir ambos mundos, y la dosis de "última tecnología" que conviene asumir la marcará, sobre todo, lo que haga la competencia.
El Update Menu Tour continuará el próximo 10 de noviembre en Murcia, última parada de esta edición, con una nueva oportunidad para compartir mesa y reflexionar sobre las tendencias que definen el futuro industrial.
