Algoritmia y Violín

Un país (y unas empresas) 'deep tech friendly'

Los directivos de empresa se dividen entre quienes subestiman la capacidad transformadora de la IA para hacer I+D y quienes la asumen, pero nunca encuentran el momento para tomar decisiones, esa doble parálisis se extiende también a nuestra clase política incapaz de diseñar un entorno regulatorio que permita a las grandes ideas escalar

13-09-2026

IFA Berlín

Una de las preguntas más incisivas de los periodistas en la presentación del certamen IFA Berlín 2026, el evento sobre electrónica de consumo más importante de Europa que acaba de celebrarse, planteó cuál podría ser la tecnología de consumo actual por la que la industria estaría “apostando fuerte”, pero que en cinco años podría convertirse en un fracaso rotundo. Un ejemplo del pasado reciente políticamente correctos: los televisores curvos (podríamos mencionar otros ejemplos, ay, mucho más dolorosos).

Tanto el CEO de IFA Berín, Leif Lindner, como la directora general de la influyente asociación de la industria alemana GFU Home & Consumer Electronics, Carine Chardon, defendieron que la inteligencia artificial (IA) no es una burbuja, aunque alertaron sobre los riesgos derivados de la regulación. “La pregunta a responder es con cuánta intensidad deberíamos gestionar las normativas para desarrollarnos a la misma velocidad que ahora, porque si nos desborda, podría ser un riesgo”, dijo el primero.

Carine Chardon llevó la cuestión a la más mundana inquietud sobre la viabilidad de las gafas inteligentes. "Se podría discutir probablemente el tema de las gafas inteligentes”, afirmó a los periodistas, su conclusión es similar a la de Lindner: “la mayoría de la gente piensa que llegará. Tendremos que ver cómo se diseñan las regulaciones y los marcos legales, dependiendo de la normativa que venga, podría romperle el cuello a esta tecnología, aunque personalmente no lo creo”.

En realidad, las dudas sobre la capacidad de los reguladores para entender el impacto de la revolución tecnológica y las urgencias con las que necesita responder el conjunto de la economía, se pueden equiparar fácilmente a las que tenemos hoy en día en nuestras empresas. El estado de shock es sistémico. Y hay que actuar.

Ozgur Tohumcu, director mundial de automóvil e industria de Amazon Web Services (AWS), con quien conversé a finales del año pasado, contaba recientemente que a medida que pasa tiempo con clientes, una de las conversaciones más interesantes que sigue teniendo versa sobrre cómo la IA agente va a transformar la forma en que realiza la investigación y desarrollo (I+D) en las empresas.

Algunos directivos de empresas, dice, están subestimando lo que es posible. Analizan la IA en sus procesos de I+D, ven ganancias de eficiencia de entre el 10% y el 15% y eso les parece suficiente. Son porcentajes agradables porque suenan seguros y alcanzables, pero “en un mundo donde el impacto real de la IA en cómo investigamos, diseñamos, ingeniamos y validamos productos es mucho mayor, anclar a toda la organización a una fracción de la oportunidad es una forma silenciosa de quedarse atrás”, afirma.

Otro grupo de directivos creen, con razón, que la IA cambiará fundamentalmente la I+D, y se adueña de ellos una ambición muy alta. Tan grande que siempre hay motivos para esperar al plan perfecto, al modelo perfecto, al momento perfecto. “Mientras esperan, pierden lo único que ninguno de nosotros puede recuperar, que es el tiempo”, dice Rohumcu.

El enfoque correcto, en su opinión, es “mantener una ambición agresiva a largo plazo y la disciplina para empezar hoy, al mismo tiempo”. El objetivo debe ser alto, pero debe elegirse algo real para empezar a construir. Con la base adecuada, “pon el volante de inercia en marcha y sigue desgastándolo, paso a paso”. Las formas en las que se obtienen las mejoras resultan difíciles de ver al principio, pero “las organizaciones que liderarán en I+D dentro de unos años serán las que giren el volante hoy, no las que aún perfeccionan la hoja de ruta”.

Esta visión no es sólo atribuible a quienes tienen que liderar en las empresas, sino quizás resulta más necesaria que nunca en quienes tienen que innovar en el ámbito público, en la regulación, el gran problema para la I+D hoy. ¿Están subestimando el potencial transformador de la IA? En IFA Berlín 2026 Lindner ha dicho algo evidente si se confirma que el IoT pasa a convertirse en AIoT: hay que renovar la mayor parte del hardware existente en el mundo.

¿Son conscientes del desafío pero no encuentran el momento adecuado para actuar? El diletantismo está ahogando a Europa. Tenemos que configurar un ecosistema ‘deep tech friendly’, en el que la normativa no se convierta en un freno para la innovación, sino en la palanca que la permita desplegarse (¡la importancia de los estándares!) de la forma más robusta posible..