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Resurrección genética, baterías de sodio y estaciones espaciales comerciales: las tecnologías que cambiarán 2026

Desde edición genética personalizada, energía nuclear de próxima generación y centros de datos a hiperescala, la nueva ola de innovación según el MIT

Maria Teresa
Maria Teresa Isonhood
Departamento de Comunicación - Atlas Tecnológico
26-01-2026

MIT Technology Review


El 2026 se perfila como un punto de inflexión tecnológico. Según MIT Technology Review, las innovaciones que están emergiendo ahora no solo prometen transformar sectores clave como la energía, la biotecnología o la inteligencia artificial, sino que también abren nuevos debates éticos, sociales y económicos. En su lista anual de las 10 tecnologías más rompedoras, el MIT señala qué avances pueden tener un impacto real en los próximos años.

Las baterías de iones de sodio encabezan los avances en energía limpia. Más baratas y fabricadas con materiales abundantes, se presentan como una alternativa sólida a las de litio, especialmente para el almacenamiento de energías renovables y para vehículos eléctricos de menor coste. Aunque aún ofrecen menor densidad energética, su rápida mejora y el impulso industrial de China las colocan como una pieza clave de la transición energética.

La energía nuclear de próxima generación regresa al centro del debate climático con reactores más pequeños, seguros y flexibles. Estos nuevos diseños permitirían producir electricidad estable y sin emisiones para cubrir la creciente demanda derivada de los centros de datos, la electrificación del transporte y el aumento del consumo energético global.

En el ámbito de la inteligencia artificial, la generación de código con IA se consolida como uno de los usos más extendidos. Herramientas capaces de escribir y probar software están acelerando el desarrollo de aplicaciones, videojuegos y servicios digitales, incluso entre usuarios sin formación técnica, aunque el MIT advierte de sus límites en fiabilidad y seguridad.

Los llamados compañeros de inteligencia artificial representan una de las tendencias más controvertidas del año. Más allá de su funcionalidad, estos chatbots están generando vínculos emocionales con millones de personas, lo que plantea interrogantes sobre el impacto psicológico y el papel de empresas privadas en relaciones cada vez más personales.

La interpretabilidad mecanicista intenta resolver uno de los grandes problemas de la IA moderna: entender cómo toman decisiones los grandes modelos de lenguaje. Estas técnicas buscan analizar el interior de las redes neuronales para explicar sus respuestas, un paso clave para mejorar la seguridad, la transparencia y el control de estos sistemas.

El impacto físico de la IA tampoco pasa desapercibido. Los centros de datos de IA a hiperescala reflejan el coste del auge de esta tecnología. Estas infraestructuras, comparables al consumo energético de ciudades enteras, están forzando la búsqueda de soluciones radicales, desde pequeños reactores nucleares dedicados hasta la posibilidad de trasladar parte del procesamiento fuera de la Tierra.

En biotecnología, la edición genética personalizada en bebés marca un hito histórico. Tras el éxito de un tratamiento diseñado a medida para corregir una enfermedad rara, el MIT señala que este enfoque podría abrir la puerta a nuevas terapias genéticas individualizadas para patologías hasta ahora incurables.

La llamada resurrección genética no busca revivir especies extintas por espectáculo, sino aprovechar su información genética. El estudio de genes antiguos podría ayudar a desarrollar nuevos tratamientos médicos, proteger especies amenazadas o crear plantas más resistentes al cambio climático.

La puntuación genética de embriones amplía el alcance del cribado genético más allá de las enfermedades graves. Algunas startups aseguran poder estimar rasgos complejos, lo que ha situado esta tecnología en el centro de un intenso debate ético sobre sus límites y posibles usos futuros.

Las estaciones espaciales comerciales podrían redefinir el acceso a la órbita terrestre. Con proyectos que combinan turismo, investigación científica y negocio privado, el MIT apunta a que 2026 podría ser el año en que el espacio deje de ser exclusivo de las agencias públicas y se convierta en un nuevo mercado en expansión.