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¿Quién va a pagar la I+D+i ahora?

Ángel Alba, colaborador de Atlas Tecnológico y fundador y CEO de Innolandia, analiza el futuro de la financiación de la I+D+i y defiende que las empresas deben asumir un mayor compromiso inversor para innovar y competir más allá de las ayudas públicas

Hace unos días asistí al evento anual de los centros tecnológicos en Madrid, Meetech Spain. Y entre mesas redondas, zonas de exposición y cafés, había dos temas recurrentes. El primero era el de las tecnologías duales.

De hecho, el hilo argumental del evento era las tecnologías que nos permitirán vivir en la Luna, como oportunidades. La sombra de Kennedy y DARPA siguen siendo muy alargadas desde que la mitad de las tecnologías del Iphone original se desarrollaron gracias a investigaciones científicas y tecnológicas durante el programa espacial norteamericano de los 60.

Pero en casi todas las mesas, el mensaje final no era tecnológico. Era económico. Necesitamos seguir invirtiendo en I+D+i. Pero ¿quién va a pagarla ahora?

Los fondos Next Generation se acaban. El último pago se recibió en agosto de este año y los datos del indicador adelantado por la Fundación COTEC dicen que seguimos creciendo al 7% de inversión, pero aún estamos dopados por Europa.

Todos los sabíamos. Pero tenemos un problema. En España existe una enorme aversión al riesgo en general y hacia los proyectos de I+D+i en particular. Hablando con una gran empresa alimentaria (más de 600 millones de facturación) me preguntaban si en el proyecto de ayudarles a desarrollar un nuevo producto disruptivo se podía encajar en algún tipo de ayuda.

Porque nos guste o no, muchas empresas, muchísimas, solo dan el paso a realizar proyectos de I+D+i potentes cuando el riesgo financiero lo paga otro. Esto es algo que vemos todos los días.

Los datos del radar de Kantar sobre gran consumo son brutales: en 2025 solo se lanzaron 75 productos realmente nuevos, un 52% menos que hace 15 años. Y solo 3 de cada 10 pueden considerarse éxitos.

Así entramos en un círculo vicioso. Como fallamos mucho, queremos arriesgar menos. Como queremos arriesgar menos, apostamos por pequeñas mejoras incrementales. Y esas mejoras sirven para mantenernos en el mercado, pero no mueven la aguja de verdad.

Ahora añadele menos financiación pública. Es una tormenta perfecta para los proveedores tecnológicos.

Por si fuera poco, estamos en año electoral nacional y regional y habrá cambios, incluso aunque gobiernen los mismos partidos. Inestabilidad política.

CDTI, Instituto de Salud Carlos III o las diferentes agencias autonómicas manejan presupuestos importantes y sus responsables y prioridades pueden cambiar. Aunque se mantenga el mismo partido. Pero son cargos golosos y de confianza.

Además, se están produciendo movimientos extraños en SETT y el ICO, que están haciendo la competencia interna al propio CDTI para gestionar fondos públicos y proyectos de I+D tecnológicos.

El resultado para las empresas es más incertidumbre sobre qué se financiará, quién lo financiará y cuándo estará disponible ese dinero. Y la I+D+i tiene un problema adicional: sus resultados llegan mañana mientras que las decisiones políticas se toman pensando muchas veces en hoy.

Por eso creo que deberíamos cambiar la pregunta. No pensar en qué nuevas ayudas o programas habrá. Sino ¿estamos dispuestos a financiar con propios recursos la innovación que necesitamos para competir?

Porque la innovación es una decisión de la alta dirección. Y solo decide de verdad cuando dedica presupuesto propio y no se basa solo en ayudas públicas.

En este nuevo entorno, los responsables de I+D+i tienen que demostrar a sus comités de dirección que invertir en innovación es rentable.

Ahora que estamos en época de presupuestos internos, mi propuesta para los responsables de I+D+i sería empezar por tres cosas.

1. Demostrar.

Revisa los proyectos de los últimos tres o cinco años y calcula qué han aportado realmente. ¿Cuántas ventas proceden de nuevos productos? ¿Cuánto margen han generado? ¿Cuánto ha aumentado la productividad gracias a nuevos procesos o tecnologías? Necesitamos aprender a hablar el idioma del Comité de Dirección.

2. Priorizar.

Cuando los recursos son escasos, no podemos hacerlo todo. Hay que gestionar una cartera equilibrada de proyectos y decidir conscientemente cuánto invertimos en mejoras incrementales y cuánto reservamos para oportunidades con mayor riesgo y mayor impacto.

Si no lo hacemos, la presión del corto plazo acabará convirtiendo toda nuestra innovación en incremental.

3. Invertir progresivamente.

Un proyecto innovador no debería necesitar todo su presupuesto el primer día.

Podemos trabajar por fases: identificar hipótesis, experimentar, obtener evidencias y aumentar la inversión a medida que reducimos la incertidumbre.

Así es más fácil defender ante Dirección una cartera de innovación que un conjunto de proyectos cuyo retorno nadie sabe explicar.

Las ayudas públicas seguirán siendo importantes. Y debemos aprovecharlas cuando existan. Pero ayudan a acelerar las decisiones y los proyectos, no a condicionarlos.

El departamento de I+D+i necesita tener un presupuesto propio, más allá de pagar las nóminas. Y ese presupuesto funciona de verdad cuando tienes un sistema de innovación que mide el impacto, focaliza proyectos en línea con la estrategia y libera fondos en función de los avances, sin pedir el ROI imposible.

Y si seguimos esperando a que alguien de fuera pague la I+D+i que necesitamos para competir, probablemente estaremos haciendo la pregunta equivocada.