Las Claves de los Expertos

Natalia Larrea (AIAA): “El espacio se ha convertido en un pilar clave de la soberanía nacional”

La española Natalia Larrea, directora senior de Espacio en el poderoso Instituto Americano de Aeronáutica y Astronáutica (AIAA) y una de las mayores conocedores de lo que supondrá la economía espacial, conversa con Eugenio Mallol sobre el auge del sector, el papel del capital privado, la carrera lunar y el impacto del espacio en la soberanía tecnológica y económica de los países

20-03-2026

¿Qué es la economía espacial y cuáles son los principales rasgos del contexto actual?

El panorama global ha cambiado mucho en los últimos diez años. Hemos visto un aumento en el número de actores, crecientes inversiones en el espacio y nuevos programas ambiciosos, tanto del sector privado como por parte de los gobiernos. Hemos presenciado una enorme explosión en el sector espacial. Antes era dominio de solo unos pocos gobiernos, pero ahora más de 90 países invierten en el espacio porque se reconocen los beneficios socioeconómicos, lo que lo ha convertido realmente en un dominio estratégico. Al mismo tiempo, hemos visto el auge del “nuevo espacio” y la consolidación de empresas a lo largo de toda la cadena de valor: desde la fase inicial de fabricación y lanzamiento, hasta la fase final de operaciones y servicios.

¿Por qué esta gran afluencia del sector privado a nivel mundial?

Hay diferentes factores, pero uno clave es que el espacio se ha vuelto más accesible. La drástica caída en los costes de lanzamiento ha sido un factor disruptivo, unida al abaratamiento de las comunicaciones. Esta tendencia continuará con el desarrollo de nuevos sistemas, como el lanzamiento de Starship [capaz de transportar 100 toneladas de carga] por parte de SpaceX. Otros factores que explican este boom son la miniaturización de los satélites, la adopción del estándar Cube Sat, la computación en la nube y la evolución del segmento de tierra. Todo ello ha facilitado la creación de empresas. Además, hay nuevos requisitos de demanda, como la necesidad de contar con conectividad global constante.

En esta nueva economía, ¿cuál será el gran negocio a 20 o 30 años vista?

Las proyecciones para el final de la década apuntan a un negocio de más de un billón de dólares. Cuando se analiza realmente de dónde procede este volumen, se observa que se trata del mercado downstream, es decir, fundamentalmente de los negocios, aplicaciones y servicios que utilizan datos y tecnología espacial para ofrecer soluciones en la Tierra, en ámbitos como las comunicaciones y análisis de datos. Cada vez más, nuestras economías dependerán del espacio, por lo que su importancia estratégica no deja de crecer.

En el ámbito de la conectividad, es precisamente la gestión de la señal en la Tierra el principal cuello de botella. Las comunicaciones ópticas pueden ayudar a solucionar este problema, si superan los problemas de interferencias atmosféricas.

Cuando uno mira el mercado de comunicaciones por satélite, las megaconstelaciones han supuesto una auténtica revolución. En el mercado geoestacionario (GEO) también hay innovaciones como la carga útil definida por software (softwa re-defined payload), lo que se traduce en una reducción de costes y una menor latencia en los servicios. Las soluciones ópticas lideran también esta revolución. De hecho, muchas megaconstelaciones utilizan comunicaciones ópticas para sus enlaces intersatelitales, creando lo que se conoce como una autopista espacial. La clave para solucionar el cuello de botella en la transmisión de datos hacia la Tierra será una mezcla entre radiofrecuencia y comunicaciones ópticas.

<br/>

“Aunque existen tratados internacionales que establecen que no hay apropiación en la Luna, hay vacíos legales. Los países que lleguen primero tendrán ventaja para marcar reglas”


La exploración lunar es ya un escenario inminente y va a condicionar la carrera espacial entre Estados Unidos y China.

Es un momento muy emocionante para la exploración espacial y la dinámica lunar. China tiene planes para establecer una presencia sostenible en la Luna y formar astronautas a finales de la década mediante su programa ILRS. Por otro lado, Estados Unidos, junto con socios internacionales y el sector privado, busca establecer esa presencia a través del programa Artemis. El primer paso es lograr volver a la Luna por primera vez en décadas; el segundo consistirá en hacer que esa presencia sea sostenible, estableciendo toda la arquitectura necesaria y vinculándola a la utilización de los recursos espaciales. Aunque existen tratados internacionales que establecen que no hay apropiación en la Luna, hay vacíos legales. Los países que lleguen primero tendrán ventaja para marcar las reglas.

Da la impresión de que estamos ante una conquista del Oeste, donde uno se instala y ya es suyo.

A nivel internacional hay ciertos tratados, como el Tratado del Espacio Exterior, por lo que se supone que no hay apropiación en la Luna. Sin embargo, existen vacíos legales y países como Estados Unidos y Luxemburgo permiten al sector privado explotar recursos mediante sus regulaciones. Aunque oficialmente uno no se apropia del territorio, el que llega primero podrá marcar las reglas en esta carrera liderada por los bloques de Estados Unidos y China.

Pasa algo parecido con la expansión de las megaconstelaciones de satélites, el primero que llega es también el que se queda el espacio.

Sí, exactamente. Depende de la órbita y de la frecuencia, ya que son recursos limitados. El primero que hace el registro de la constelación y respeta los tiempos de despliegue tiene ventaja. Para la Luna hay esfuerzos internacionales, como los Acuerdos Artemis de Estados Unidos, que no son vinculantes, pero sirven como marco para una exploración y desarrollo pacíficos. El problema es que la actividad y las tecnologías avanzan más rápido que la regulación, por lo que luego los gobiernos tienen que ponerse al día.

En este caso, para una empresa, la estrategia parece ser posicionarse ahora mismo y ya veremos después, asumiendo cierta inseguridad jurídica.

Depende del dominio. El mercado de las comunicaciones por satélite está muy regulado, mientras que las aplicaciones emergentes, como la exploración lunar y sus recursos, operan a mucho más largo plazo. Además, al hablar de soberanía, es fundamental ver lo que está pasando en Europa, donde hay un impulso para lograr una mayor autonomía tecnológica y reducir las dependencias de China y Estados Unidos. En el último Consejo Ministerial de la Agencia Espacial Europea (ESA) se dio un gran énfasis a la resiliencia, la seguridad y la soberanía, abordando también el enfoque hacia tecnologías y arquitecturas de uso dual para defensa.

<br/>

“El mayor negocio vendrá del mercado downstream, de servicios que utilizan datos y tecnología espacial para ofrecer soluciones en la Tierra, en comunicaciones y análisis”


En efecto, ¿cómo se relaciona todo esto con la soberanía tecnológica y estratégica de los países?

El espacio se ha convertido en un pilar clave de la soberanía. La economía y numerosos sectores se sustentan en aplicaciones satelitales, que tendrán un papel fundamental en la autonomía tecnológica. Hoy en día, la soberanía no consiste en que los gobiernos posean arquitecturas espaciales completas de manera exclusiva, como hace décadas, sino en asegurar la infraestructura crítica y los datos. Esto se hace cada vez más en asociación con el sector privado. Europa, por ejemplo, está impulsando una mayor autonomía tecnológica para reducir sus dependencias de Estados Unidos y China.

Si pensamos en empresas que no pertenecen estrictamente al sector aeroespacial estricto, como automoción, biotecnología o minería, ¿qué nuevos modelos de negocio e innovaciones se abren para ellas?

El espacio es ya inherente a nuestro día a día, con usos directos en áreas como la logística o la agricultura mediante el GPS. La innovación se transfiere en ambas direcciones. Por un lado, el sector espacial adopta procesos de otras industrias, las empresas de satélites han asimilado sistemas de fabricación en cadena propios del sector del automóvil. Por otro lado, existen alianzas estratégicas: el sector del automóvil diseña rovers lunares y el sector minero estudia la explotación de recursos fuera de la Tierra. También hay iniciativas para desarrollar reactores nucleares modulares en colaboración con agencias espaciales. En cuanto a la biotecnología y farmacéutica, el espacio se está utilizando como un laboratorio de I+D. La Estación Espacial Internacional ha aportado muchos beneficios gracias a las condiciones de microgravedad para la microelectrónica y la bioimpresión 3D de tejidos. El abaratamiento y el mayor acceso al espacio abrirán nuevas oportunidades con un beneficio directo para la Tierra.

Ahora se trata de que todos estos modelos de negocio generen los ingresos suficientes para ser sostenibles.

Una de las grandes tendencias es que todo va más encaminado hacia los ser vicios y los datos. Por ejemplo, la NASA invirtió y aportó experiencia técnica a empresas como SpaceX y Boeing para desarrollar capacidades de transporte y, una vez que se desarrollaron, la agencia simplemente pasó a comprarles los ser vicios. Este modelo de colaboración público-privada cambió la mentalidad en el sector y se está trasladando a Europa y a la Luna con programas como el Commercial Lunar Payload Services (CLPS), en los que contrata a empresas, como Fire fly Aerospace, para llevar experimentos y rovers a la superficie lunar. De manera similar, en la observación de la Tierra, el énfasis está en la parte final de la cadena de valor: al cliente de industrias logísticas o minoristas le es indiferente el satélite, lo que compra son los datos y la inteligencia analítica derivada para su negocio.

¿Cómo puede aprovechar España todo este proceso de cambio desde una perspectiva estratégica? España cuenta con ventajas significativas: tiene décadas de experiencia, fue uno de los miembros fundadores de la ESA y dispone de tecnología puntera en ciertas áreas. Estamos viendo crecer un ecosistema espacial propio con nuevas empresas presentes en toda la cadena de valor, desde fabricación de satélites a observación de la Tierra, comunicaciones y lanzadores. Además, España es ahora el cuarto contribuyente de la ESA, lo cual abre oportunidades de liderazgo en Europa. La regulación es fundamental. Países como Estados Unidos tienen normativas que favorecen la innovación con procesos de licencia y contratación pública mucho más rápidos para que las empresas puedan probar sus tecnologías. También es básico definir cuáles son las capacidades estratégicas de España, pensar en industrias que tienen un potencial cruzado, como la industria de semiconductores e impulsar asociaciones público-privadas y la colaboración entre industria y academia. Todo esto genera confianza para lograr atraer la inversión privada.

Dame algún titular sobre la Ley del Espacio de la Unión Europea.

La Unión Europea publicó el borrador con el objetivo de armonizar las regulaciones de cada país y así incrementar el liderazgo de Europa en el sector espacial. Es un documento complejo que tendrá implicaciones tanto para las empresas europeas como para los operadores extranjeros que trabajen en la región. En teoría es un paso muy positivo, pero el desafío estará en su implementación. Deberá llevarse a cabo de manera que permita la innovación y el crecimiento del sector.

<br/>

“Es básico definir las capacidades estratégicas de España, pensar en industrias con potencial cruzado, como la de semiconductores, e impulsar asociaciones público-privadas”


¿En el espacio se reproducirá el modelo de concentración de mercado en unas pocas Big Tech?

Sobre el dominio del mercado, como en cualquier industria, siempre habrá grandes jugadores. Por ejemplo, en el mercado de lanzadores de Occidente estamos viendo un dominio claro de SpaceX, de Elon Muk. Sin embargo, a medida que haya más empresas podría cambiar; por ahora estamos observando una mayor consolidación de la industria en Estados Unidos y Europa en función de la demanda que existe para sostener a estas organizaciones.

Con la bajada de los precios de lanzamiento, también bajan los precios de las comunicaciones. Muchas operado ras tendrán que adaptarse radicalmente. Sí, la caída de precios propiciada por un acceso al espacio más asequible y las nuevas tecnologías de mayor capacidad obligan a esa adaptación. El llamado “New Space” trae empresas disruptivas que llevan más de quince años acelerando los cambios en el sector. Aún hoy, otros sectores e industrias todavía se están familiarizando con esta transformación y con todas las posibilidades que vendrán.