Algoritmia y Violín

El problema de la masa crítica

Sin una masa crítica suficiente de demanda de productos y servicios por parte del sector industrial es difícil atraer inversiones, transformar modelos productivos y hasta retener talento, una cuestión de Estado que no se afronta con la gravedad que se debería: el peso de los informáticos en muchas industrias ronda el 1% y ni siquiera un tercio de ellas usan herramientas digitales clave

Eugenio
Eugenio Mallol
Director de Comunicación - Atlas Tecnológico
15-03-2026

La capacitación tecnológica y la innovación de un país, su atractivo para la inversión extranjera y casi diría incluso que su potencial para retener talento, dependen en buena medida de que reúna una masa crítica suficiente en la demanda de productos y servicios digitales.

Hay oleadas, cada cierto tiempo, en las que el sector público consigue cubrir las carencias del sector privado, como ha sucedido durante el último año y medio en España gracias al flujo incesante y en cierto modo descabezado de fondos europeos. Pero se trata de espejismos de competitividad.

Los directivos de las grandes empresas TIC reconocen abiertamente que las Administraciones han mantenido el vigor de la demanda durante 2025. Otra cosa será dentro de unos años, cuando haya que actualizar los equipos y el software incorporados y ya no dispongamos de fondos de Bruselas para asear los presupuestos.

No podemos fiarlo todo a los pasillos nerviosos de la Comisión Europea, especialmente en un momento como el actual en el que los socios clave, Francia y, sobre todo, Alemania, atraviesan una inquietante fase de cabreo consigo mismos y con todo lo que les rodea. No asumen con facilidad, en realidad no acaban de explicarse, su pérdida de relevancia internacional, tanto geoestratégica como económica. Y lo llevan realmente mal. Fatal. No están para bromas. Habrá que gestionar con habilidad en esos foros.

Conviene pensar en sacarnos las castañas del fuego por nosotros mismos y, para ello, hay que disponer de masa crítica de demanda, especialmente en el ámbito industrial. Los datos recientes del INE son desoladores: sólo dos tercios de las empresas industriales en nuestro país tienen instalados programas informáticos de gestión de recursos (ERP), apenas un tercio disponen de CRM para gestionar clientes y ni siquiera una de cada cuatro usan herramientas de business intelligence. En cuanto a la analítica de datos, se realiza en sólo el 42,5% de los casos.

En esa tesitura, cada vez resulta más embarazoso plantear, en una reunión con directivos de la industria, las grandes cuestiones que están transformando el modelo de producción a nivel mundial. ¿Robótica, agentes de inteligencia artificial, computación en el borde, orquestación de sistemas autónomos, gemelos digitales? ¿De qué me hablas?

Una empresa industrial proveedora de materiales para la defensa (los vende fuera de España, claro), sólo tiene dos informáticos en una plantilla de 200 personas. En los órganos de gobierno de la CEOE no se habla de esto. AMETIC se ha entregado a las grandes corporaciones tecnológicas. El 40% del Ibex es hoy banca, la antiinnovación, ya me disculparán que lo diga con esa crudeza, ellos lo saben perfectamente.

María Marced, expresidenta de TSMC Europa y en la actualidad encargada de la redacción de la Chips Act 2.0 de la que pronto tendremos noticias, suele explicar por qué descartó a España, cuando se lo consultó Morris Chang, fundador del gigante taiwanés. Podríamos haber sido el destino elegido para la foundry europea, que finalmente recalará en Dresde, pero TSMC vende 20 millones de obleas en Europa y solo 200 llegan a España. La masa crítica.

La cuestión de fomentar la demanda de servicios digitales por parte de la industria es estratégica para nuestro país. Un verdadero asunto de Estado. Hoy se puede decir, con los datos del INE en la mano, que las iniciativas para promover la transformación de la economía emprendidas con el dinero del Plan de Recuperación de la UE, con los fondos NextGeneration, han sido puramente cosméticas. Hace falta otra línea de actuación, esto no funciona.

¿Hubiera sido peor la alternativa? Es difícil responder. ¿Se ha configurado en torno a esas ayudas un entramado de prestación de servicios probablemente menos competitivo que el que se habría conseguido estimulando de verdad la demanda y el cambio de modelo productivo? Seguro, pero tenemos un problema para conseguirlo. No sabemos conciliar competitividad con responsabilidad, nos cuesta ver la forma..