Algoritmia y Violín

Limitar las Matrículas de Honor para salvar a la Universidad en los tiempos de la IA

El modelo universitario está en cuestión como ponen de manifiesto las propuestas de Tim Richmond en el Higher Education Policy Institute y un informe reciente de la Universidad de Harvard que plantea actualizar su modelo de calificaciones, hace falta renovar el acuerdo de la educación superior con la sociedad para asegurar su sostenibilidad en los tiempos de la IA

Eugenio
Eugenio Mallol
Director de Comunicación - Atlas Tecnológico
24-05-2026

Tendremos que abordar el tema de la educación superior en la era de la inteligencia artificial (IA). Espinoso, lo sé, pero otros países lo están poniendo encima de la mesa y no vendría mal esta vez ir algún paso menos por detrás de lo habitual. No, no se trata de que los estudiantes no van a clase porque en Youtube acceden a información de más calidad, algo que hace más de una década advertí que sucedería al vicerrector de una universidad de nuestro país. Tampoco de cómo preparar a los alumnos para el mundo laboral de la nueva era de la IA. El problema fundamental es el modelo, el sentido de todo.

En Reino Unido han decidido revisar el histórico informe de Ron Dearing sobre la educación superior (“el Informe Dearing”), publicado en 1997, que ha servido de guía para la relación entre su Gobierno y su sector universitario durante las tres últimas décadas. En un trabajo publicado por el Higher Education Policy Institute, Tom Richmond afirma que “dado el papel fundamental de la educación superior en nuestra sociedad y economía, es legítimo que el Gobierno establezca nuevos límites para frenar la asunción excesiva de riesgos, manteniendo al mismo tiempo la autonomía de muchos proveedores [llama así a las universidades] prácticamente intacta (si no totalmente)”.

Richmond plantea ocho medidas de choque que dan para un intenso debate. Entre ellas, sugiere que todas las universidades tengan limitado el número de Matrículas de Honor (First) como máximo al 15% de sus alumnos. No deberán dar Sobresaliente/Notable Alto (Upper Second) y Notable Bajo/Aprobado Alto (Lower Second) a más del 35% respectivamente, y sólo el 15% debería quedarse con un Aprobado (Third). Tanto por arriba como por abajo, la meritocracia pasaría a depender, no tanto de las aptitudes y actitudes individuales, como de su conveniencia para el sistema.

La reforma de los sistemas de evaluación es, de hecho, una de las grandes cuestiones que se están reflexionando hoy cuando se habla de revisar el modelo universitario. A principios de año, la propia Universidad de Harvard publicó un informe en el que analizaba la actualización de sus políticas de asignación de notas y sugería una línea de actuación similar a la de Richmond.

Los otros puntos del paper de este último tampoco son de aplicación pacífica: límite del crecimiento anual del número de estudiantes al 5%; reducción de la dependencia de los alumnos internacionales; y las universidades no podrían percibir más del 20% de sus ingresos procedentes de franquicias ni aceptar más estudiantes de pregrado de los que su capacidad docente general les permita atender.

Richmond sugiere también que las instituciones académicas garanticen que cualquier estudiante que necesite alojamiento pueda encontrar una vivienda adecuada a “muy poca distancia” de su centro de estudio. ¡Vienen curvas! Y algo extraño: todos los estudiantes del mismo curso deberían poder sentarse en un mismo espacio (por ejemplo, un aula magna), independientemente del tamaño de ese curso.

En España alguien perdería de golpe el pelo si se planteara un debate en estos términos, pero la situación en Reino Unido es la que es. En mayo de 2025, la Oficina para Estudiantes (OfS) publicó un último informe sobre la sostenibilidad financiera de las universidades con frases como “estamos viendo el tercer declive anual consecutivo en las finanzas del sector”. Según dice, “existe un riesgo material de que una universidad pueda cesar total o sustancialmente la provisión de educación superior”.

“El gobierno necesita aceptar su papel como asegurador de que el sector sea sostenible y resiliente dada la importancia de la educación superior como un activo nacional, mientras que el sector necesita aceptar que sus acciones colectivas deben funcionar en los mejores intereses de la sociedad incluso si las instituciones individuales priorizan sus propios intereses”, apunta categóricamente Richmond.

La reciente controversia en redes sociales sobre el impacto de la IA en el empleo, protagonizada por Elon Musk y el inversor Marc Andreessen debería hacer resonar también en los cimientos del mundo universitario. El primero de ellos cree directamente que no hará falta trabajar, porque los sistemas artificiales se ocuparán de todo en el futuro, algo que no creo que ningún experto en aplicar tecnología a la compleja e imprevisible realidad pueda suscribir sin ayuda de opioides.

Andreessen sostiene que cuando una tecnología aumenta la productividad laboral o reemplaza por completo la mano de obra en una tarea determinada, reduce el coste de producción de aquello de lo que formaba parte dicha tarea, lo cual se convierte en precios más bajos para los consumidores. El consiguiente aumento de poder adquisitivo real se dedica, en parte, al consumo de bienes y servicios que antes no existían o que eran demasiado caros para consumirlos a gran escala, lo que se traduce en generación de empleos, incremento de beneficios y aumento de salarios.

“¿Quién se convierte en político?” es el atractivo título de un paper que firmaron en 2017 investigadores de las universidades de Berkeley y Estocolmo. Se preguntaban en él si puede una democracia atraer líderes competentes que, al mismo tiempo, logren una amplia representación.

Tras analizar el caso de Suecia, su conclusión es que los políticos son, de media, significativamente más inteligentes y mejores líderes que la población a la que representan y su selección no depende tanto de los antecedentes familiares y sociales, los ingresos de los padres o la clase social ocupacional. “La democracia puede generar un liderazgo competente y socialmente representativo”, concluyen.

Quién lo diría a la vista de los hechos, ¿verdad? La cuando se llevó a cabo la investigación, el superciclo de la IA no había hecho todavía de las suyas y el modelo universitario no se encontraba sometido al mismo escrutinio que en la actualidad. En España nos encanta mirar hacia otro lado, pero las bases de instituciones que dábamos por asentadas se están moviendo y cuando queramos darnos cuenta estaremos en un mundo nuevo..