Mercado y Tendencias

Las cinco megatendencias que transformarán la tecnología en 2030, con la IA como motor transversal

El último estudio publicado por el IEEE cuenta con la participación de 166 expertos, que analizan treinta tecnologías disruptivas y señalan la convergencia entre inteligencia artificial, energía, salud, espacio e IA física como uno de los principales motores del cambio tecnológico

09-09-2026

Apenas faltan cuatro años para el comienzo de la próxima década, pero los expertos adelantan que 2030 supondrá el inicio de una nueva era marcada por los avances tecnológicos, que irrumpirán desde ámbitos muy diversos. Un cambio que derivará, inevitablemente, en una transformación radical de la sociedad, y que plantea el reto de saber preparar a las empresas, a los profesionales y a las instituciones para hacer frente al nuevo escenario.

A esta conclusión conduce el último informe elaborado por el IEEE (Institute of Electrical and Electronics Engineers) Computer Society, gracias a un equipo de 166 expertos. En el texto, se identifican cinco megatendencias de cara al futuro inmediato: la inteligencia artificial (IA), la energía, la salud, la space tech y la IA física; también, treinta tecnologías de ruptura. Las predicciones se evalúan en base a su probabilidad de éxito, su impacto sobre la humanidad, su grado de madurez, la posible adopción de mercado y el horizonte hasta la adopción comercial.

La IA como infraestructura

Es fundamental comprender el valor nuclear de la inteligencia artificial, que va a dejar de ser una herramienta más para convertirse en la propia infraestructura de cambio. La IA atraviesa prácticamente las otras cuatro megatendencias identificadas y la mayoría de las predicciones que figuran están relacionadas, influidas o impulsadas por esta tecnología. El crecimiento de la IA está impulsando la diversificación de fuentes de energía y cadenas de suministro. Esto incide sobre la capacidad de cómputo, los centros de datos y los nuevos tipos de procesadores.

Sin embargo, es aquí donde entra en juego el denominado ‘efecto Jevons’. El concepto fue propuesto en 1865 por el homónimo economista inglés, después de percibir que las nuevas máquinas de vapor usaban menos carbón para realizar la misma tarea. Jevons enuncia que la eficiencia energética no necesariamente implica una reducción en el consumo. Esto significa que si los sistemas son más eficientes, la capacidad liberada podrá utilizarse para instalar más infraestructura y ejecutar más cargas de trabajo.

De acuerdo con el estudio, la interacción entre humanos e IA figura como la tecnología con mayor probabilidad de éxito y horizonte de adopción más corto. No obstante, la explicabilidad, la privacidad y la gobernanza aparecen como elementos que no se pueden ignorar si se pretende escalar la IA. A su vez, cobrarán importancia la aplicación de la energía eficiente y la producción baja en carbono, los nuevos tipos de computación, la IA agéntica y los modelos multimodales, o la privacidad, seguridad y guardrails.

La energía, frontera para el avance tecnológico

La energía se va a convertir en el cuello de botella de la revolución de la IA. Su expansión depende de la disponibilidad de suficiente energía y capacidad de cómputo; sin embargo, existe una falta de recursos que no deja de agudizarse. Se prevé, por tanto, una mayor inversión en la búsqueda de nuevas fuentes de energía, de almacenamiento, de microrredes, el retorno a la energía nuclear y la búsqueda de sistemas más eficientes.

Prueba de ello son los hiperescaladores (grandes empresas tecnológicas que diseñan, construyen y operan enormes centros de datos) que están invirtiendo en energía nuclear, el crecimiento de los centros de datos, la inversión en fusión, la reutilización del calor residual y el auge de las startups de baterías de estado sólido.

Los expertos tildan el almacenamiento energético como la tecnología más madura y preve que se duplique en los países desarrollados en dos o tres años. Sin embargo, la fusión aparece con un horizonte mucho más largo: poco más de una década después, según las predicciones. También serán clave las DERs y microredes, la captura de carbono y la minería limpia.

Salud, space tech e IA física

En el ámbito de la salud, se destaca que la medicina personalizada supondrá la tecnología con mayor impacto potencial sobre la humanidad. Asimismo, la ingeniería genética podría llegar a extenderse a múltiples áreas terapéuticas en apenas dos años y podría posibilitar que se investigue una cura para diferentes enfermedades genéticas, algo que hasta ahora quedaba muy lejano.

La cuarta megatendencia es la tecnología espacial, que abre diferentes frentes. Los cohetes reutilizables podrían abaratar exponencialmente el transporte, los viajes espaciales habilitarán la fabricación de nuevos materiales y la recogida de basura espacial podría convertirse en una actividad comercial en los próximos diez años. Es cierto también que la space tech presenta un comportamiento más lento que otras megatendencias, en sus distintas métricas. Mundialmente, se está invirtiendo alrededor de 170.000 millones de euros en tecnologías espaciales.

La IA física muestra un comportamiento muy interesante, ya que presenta la mayor probabilidad de avance técnico en los próximos cuatro años a través de la robótica, la automatización, los sistemas autónomos y los dispositivos capaces de interactuar físicamente con su entorno. En el próximo lustro, se plantea la llegada de robots humanoides industriales con capacidades táctiles y hápticas.

Las tecnologías con mayor potencial entrañan el mayor número de riesgos. Por ejemplo, la AGI (inteligencia artificial general) presenta un riesgo de desalineamiento, el peligro de la concentración de poder y sus consiguientes restricciones regulatorias. Aun así, tiene el potencial de transformar industrias y generar un enorme salto en la productividad. La robótica autónoma podría provocar problemas de seguridad, explicabilidad y control; la edición genética traería con ella riesgos éticos y de bioseguridad, a pesar de sus posibilidades terapéuticas y agrícolas; las fabricas de IA requerirían enormes cantidades de capital, energía y sostenibilidad…

La transición hacia el cambio desde la empresa 

¿Qué implicación tendrán para las empresas todos los cambios que se pronostican? Los expertos proponen pasar de una estrategia de automatización centrada en la eficiencia a una de ‘augmentation first’, con copilotos, simulación, robótica y sistemas de apoyo a la decisión. Como añadido, proponen darle al pensamiento crítico la importancia que merece.

Es recomendable comenzar una transición hacia los flujos de trabajo autónomos basados en IA y considerar la infraestructura de la IA (cómputo, datos y energía) como un activo estratégico a largo plazo. Deberán mejorarse los sistemas de ciberseguridad, un proceso que puede empezar por la adopción de arquitecturas zero-trust y la incorporación de privacidad desde el diseño.

Resulta especialmente importante invertir en capacitación, desarrollar las cadenas de suministro resilientes y vigilar los cambios en mercados energéticos, estándares y localización de datos. También, invertir en tecnologías que combinen IA con robótica, biotecnología o fabricación. Pero sobre todo, en energía.

El cambio tiene que acompañarse desde los gobiernos. Deberá impulsarse la modernización de los marcos regulatorios, la creación de sandboxes, el refuerzo de la ciberseguridad e infraestructuras críticas, la financiación de educación y tecnologías estratégicas, y el apoyo a los ecosistemas de innovación.