Mercado

La tensión geoeconómica, principal amenaza de un 2026 "tempestuoso" según el Foro Económico Mundial, que teme a largo plazo una ruptura social

El Global Risks Report 2026 del World Economic Forum muestra cómo la competencia internacional, la inteligencia artificial, la computación cuántica y el envejecimiento de la infraestructura redefinirán la estabilidad económica, social y tecnológica en los próximos años

María José
María José Martínez Modelo
Departamento de Comunicación - Atlas Tecnológico
14-01-2026

El informe anual del Foro Económico Mundial, The Global Risks Report 2026, describe un panorama global marcado por la competencia internacional y la incertidumbre. La 21ª edición analiza riesgos en tres horizontes temporales: el inmediato (2026), el corto a medio plazo (hasta 2028) y el largo plazo (hasta 2036), basado en la percepción de más de 1.300 expertos. El informe revela un mundo en transición hacia un orden multipolar, con desafíos geoeconómicos, tecnológicos, sociales y ambientales estrechamente interconectados.

La encuesta de percepción global indica que la mitad de los expertos califica el horizonte inmediato como turbulento o tempestuoso, proporción que aumenta al 57% al proyectar la próxima década. Solo un 1% percibe un panorama sereno en cualquier período. La cooperación internacional se debilita mientras la competencia entre naciones se intensifica, y la confianza en instituciones multilaterales disminuye.


El riesgo principal para 2026 es la confrontación geoeconómica, señalada por el 18% de los encuestados, seguida por el conflicto armado entre Estados (14%). Sanciones, restricciones comerciales y control de cadenas de suministro se emplean como instrumentos de influencia estratégica. Esto aumenta la vulnerabilidad de las economías, especialmente en mercados emergentes, y genera tensiones sobre recursos críticos, tecnología y capital financiero.

A medio plazo, se mantiene el riesgo de confrontación económica seguido de la desinformación, con manipulación informativa impulsada por la IA. El informe señala como principal riesgo a largo plazo (2036) los fenómenos meteorológicos extremos seguidos de la pérdida de biodiversidad y colapso de los ecosistemas, con impacto directo en seguridad alimentaria, salud y economías locales. 


En el panorama actual, los riesgos económicos aumentan también significativamente. La recesión y la inflación escalan ocho posiciones respecto al año anterior, y la probabilidad de estallido de burbujas de activos sube siete puestos. La deuda global alcanza 251 billones de dólares, lo que plantea dificultades de refinanciamiento y presión fiscal. El crecimiento económico proyectado para 2026 es del 3,1%, inferior al promedio de 2000-2019.


Las infraestructuras críticas también enfrentan una presión creciente. Sistemas construidos en el periodo post-Segunda Guerra Mundial presentan serios problemas y su envejecimiento incrementa la probabilidad de fallos y accidentes. Los costes de modernización pueden superar la capacidad financiera de los Estados. Redes energéticas, transporte, suministro de agua y telecomunicaciones muestran interdependencias que amplifican el riesgo: un corte eléctrico puede afectar plantas nucleares, sistemas de agua y servicios digitales de manera simultánea. Fenómenos climáticos extremos como olas de calor, tormentas o inundaciones elevan la vulnerabilidad de las infraestructuras y generan interrupciones prolongadas en cadenas de suministro globales.

Por otro lado, la digitalización y electrificación masiva añaden presión adicional. Centros de datos de inteligencia artificial podrían multiplicar por treinta su demanda eléctrica en Estados Unidos en la próxima década, mientras la infraestructura digital se convierte en un componente crítico, susceptible a ataques cibernéticos. La convergencia de IA y computación cuántica introduce riesgos inéditos. Algoritmos cuánticos como el de Shor podrían romper sistemas de cifrado clásicos y exponer datos sensibles y sistemas críticos, en un contexto en el que solo un 5% de las organizaciones posee cifrado cuántico seguro.

La IA se consolida como fuerza sistémica que redefine economías y sociedades. Su adopción desigual puede generar economías que concentran las ganancias en trabajadores de alta productividad y excluyen a otros grupos. La automatización de tareas cognitivas y creativas cuestiona la estabilidad laboral y la identidad profesional, y la proliferación de IA generativa y autónoma multiplica riesgos de desinformación, polarización social y dependencia tecnológica. En el ámbito militar, su integración en vigilancia, logística y armas autónomas eleva la probabilidad de errores y escaladas rápidas, especialmente en contextos de rivalidad geoeconómica.


El informe destaca cuatro fuerzas estructurales que definen el riesgo global: aceleración tecnológica, cambios geoestratégicos, cambio climático y bifurcación demográfica. La interacción de estas fuerzas intensifica riesgos económicos, tecnológicos, sociales y ambientales. La gobernanza multilateral debilitada, combinada con la intensa competencia internacional, limita la cooperación global. En ese sentido, países con menor capacidad económica o militar podrían perder influencia, mientras los conflictos geoeconómicos y las intervenciones estratégicas sobre recursos críticos se multiplican.

A corto plazo, los riesgos tecnológicos prioritarios son la desinformación y la inseguridad cibernética. La proyección a diez años sitúa los resultados adversos de la IA en el quinto puesto, un aumento significativo respecto al año anterior. Los riesgos sociales, como polarización y desigualdad, amenazan la cohesión democrática y la gobernanza tradicional. Los riesgos ambientales, aunque pierden prioridad en el corto plazo, mantienen relevancia en escenarios a diez años, e incluyen fenómenos climáticos extremos y pérdida de biodiversidad.

La convergencia de tensiones económicas, geoeconómicas, tecnológicas y ambientales anticipa un período prolongado de volatilidad. La capacidad de las sociedades para adaptarse dependerá de la resiliencia de infraestructura física y digital, de la transición a criptografía cuántica, del despliegue seguro de IA y de la adaptación climática. Las decisiones adoptadas en los próximos años definirán la estabilidad global, la gestión de recursos y la integración de nuevas tecnologías en un mundo cada vez más fragmentado y multipolar.

Noticias Relacionadas