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La próxima generación de robots imita a los pulpos, crea su propio software con 'code as policy' y realiza tareas en vuelo, según ICRA 2026
ICRA 2026 ha puesto el foco en una nueva etapa para la robótica basada en la integración de inteligencia artificial, diseño físico y autonomía, con propuestas que van desde los modelos de 'code as policy' que transforman de forma autónoma las instrucciones de los robots, hasta los sistemas inspirados en organismos vivos y drones dotados de nuevas arquitecturas de vuelo autónomo
La principal idea que ha protagonizado las ponencias plenarias de la IEEE International Conference on Robotics and Automation (ICRA) ha sido que la próxima generación de robots útiles dependerá menos de una única tecnología dominante y más de la combinación de inteligencia artificial, diseño físico inspirado en la naturaleza y autonomía capaz de actuar en entornos complejos. Los principales ponentes del evento han coincidido en que la robótica afronta un reto diferente al de los modelos de lenguaje y visión, que es convertir capacidades digitales en acciones fiables sobre el mundo físico.
La feria, celebrada del 1 al 5 de junio de 2026 en Viena, ha vuelto a reunir a investigadores, empresas y centros tecnológicos de referencia para debatir el futuro de la automatización. Considerada la principal cita mundial del sector, la conferencia ha servido como escaparate de las tendencias que marcarán el desarrollo de la robótica durante los próximos años.

Nueva generación de robots
Ken Goldberg, profesor de la Universidad de California en Berkeley y responsable científico de Ambi Robotics, ha centrado su intervención en uno de los principales desafíos actuales. Mientras los modelos de lenguaje y visión han alcanzado niveles de rendimiento extraordinarios gracias a enormes cantidades de datos obtenidos de internet, los robots continúan enfrentándose a la escasez de experiencia física disponible para el aprendizaje.
Según ha explicado, la cantidad de datos utilizada para entrenar los modelos más avanzados de lenguaje y visión equivale a decenas de miles de años de experiencia física. Para reducir esa distancia, propone combinar varias estrategias como la simulación, la teleoperación y la recopilación de datos durante la actividad cotidiana de los propios robots en entornos productivos. Su planteamiento concede un papel central a la automatización industrial como fuente permanente de aprendizaje.
Goldberg también ha defendido la vigencia de herramientas clásicas de ingeniería como la cinemática inversa, el control PID o el SLAM. A su juicio, los sistemas más eficaces surgirán de la integración entre esas técnicas consolidadas y los avances recientes en inteligencia artificial generativa. En ese marco, ha situado el concepto de “Code-as-Policy”, una arquitectura en la que un modelo de lenguaje traduce instrucciones u objetivos en programas de control que el robot puede ejecutar directamente. En lugar de depender de una única red neuronal que decide todas las acciones, el sistema genera código capaz de combinar módulos especializados, reglas de ingeniería y capacidades de percepción visual. De este modo, el robot puede descomponer tareas complejas en secuencias de acciones comprensibles y verificables.
Por su parte, la profesora Barbara Mazzolai, directora del laboratorio de robótica blanda bioinspirada del Instituto Italiano de Tecnología, ha trasladado el debate hacia la sostenibilidad. Su intervención ha partido de la pregunta sobre qué ocurrirá cuando los robots formen parte de la vida cotidiana a gran escala. Frente a una expansión continua del número de máquinas autónomas, ha defendido la necesidad de repensar la eficiencia energética desde los fundamentos del diseño.
Para ello, propone observar cómo funcionan los organismos vivos. Plantas, semillas y pulpos desarrollan comportamientos complejos bajo fuertes restricciones energéticas. En lugar de depender exclusivamente de sistemas centrales de control, aprovechan la interacción entre estructura física, materiales y entorno. Mazzolai plantea que la robótica puede aprender de esos principios para desarrollar máquinas capaces de almacenar, gestionar y aprovechar mejor la energía disponible.
Su propuesta apuesta por una inteligencia distribuida en la que parte de las capacidades del robot reside en su propio cuerpo. Materiales adaptativos, estructuras inspiradas en organismos naturales y mecanismos capaces de aprovechar recursos ambientales permitirían construir máquinas más eficientes y compatibles con los desafíos energéticos del futuro.
Por último, la tercera ponencia principal ha estado a cargo de Roland Siegwart, profesor de ETH Zúrich y uno de los pioneros de la robótica aérea. Su exposición ha repasado la evolución de los drones durante las dos últimas décadas y ha destacado el cambio de función que atraviesan actualmente estos sistemas.
Los robots voladores se han consolidado como herramientas para cartografía, inspección de infraestructuras, búsqueda y rescate o captura de imágenes. Sin embargo, las limitaciones asociadas a la autonomía energética, la carga útil y la capacidad de procesamiento continúan marcando su desarrollo. Siegwart ha mostrado cómo nuevas arquitecturas de vuelo están ampliando esas capacidades mediante aviones solares, plataformas híbridas de despegue vertical y sistemas omnidireccionales con mayor libertad de movimiento.
La novedad más relevante radica en que los drones comienzan a evolucionar desde plataformas de observación hacia máquinas capaces de interactuar físicamente con su entorno. Los multicópteros omnidireccionales permiten manipular objetos y ejecutar tareas en altura, una capacidad que abre nuevas aplicaciones en mantenimiento industrial, construcción, inspección técnica y operaciones complejas en zonas de difícil acceso.


