Las Claves de los Expertos
La IA dinamita la noción de escala: la valoración de las compañías cambiará
Bob Sternfels (McKinsey) y Hemant Taneja (General Catalyst) coinciden en que la aceleración de la IA obliga a sobrevivir: "cada trimestre altera todas las reglas"
La industria tecnológica avanza más rápido que la capacidad de adaptación de las empresas. Ese ha sido el punto central de la conversación entre Bob Sternfels, director global de McKinsey, y Hemant Taneja, CEO de General Catalyst, en el CES 2026. Moderados por Jason Calacanis, emprendedor y copresentador del reconocido podcast All-In, ambos han coincidido en que vivimos un salto tecnológico que obliga a repensar organizaciones, inversiones y modelos de negocio con una urgencia que pocos sectores habían afrontado hasta ahora.
Sternfels observa que los directivos ya no buscan inspiración, sino “un plan para sobrevivir a una etapa en la que cada trimestre altera las reglas”. Para Taneja, la aceleración de la IA “cuestiona incluso la idea tradicional de escala” y empuja a los inversores a replantearse cómo acompañar a “compañías que crecen a ritmos desconocidos”.
El CES ha dejado de ser un evento para tecnólogos y se ha convertido en un punto de encuentro para directivos que intentan descifrar la velocidad del cambio, según Sternfels. La mezcla de perfiles refleja “la presión que recae sobre las cúpulas”. Ningún CEO “quiere quedar fuera del ciclo y la sensación de incertidumbre domina muchas conversaciones”.
Por su parte, Taneja ha defendido que el mundo atraviesa una etapa de ambigüedad marcada por tensiones geopolíticas y por la búsqueda de autonomía en industrias clave. A ese tablero se suma “una tecnología que evoluciona sin pausa. Lo que un modelo podía hacer hace dos años no sirve para proyectar sus capacidades actuales”. Para un inversor, esa dinámica obliga a decidir “hacia qué futuro orientar el capital y qué tipo de herramientas sostienen el valor de una empresa a largo plazo”.
El caso de Anthropic sirve para ilustrarlo. Taneja ha explicado que la compañía multiplicó por diez sus ingresos durante dos años consecutivos y volvió a multiplicarlos el año pasado. Cuando General Catalyst entró en su capital con una valoración de 60.000 millones de dólares, lo hizo con escenarios que quedaron cortos enseguida. Según Taneja, “esta etapa obliga a redefinir la noción de escala. Si hace una década el reto consistía en levantar compañías valoradas en miles de millones, ahora la pregunta es si puede surgir una firma que alcance el billón”.
Sternfels ha recogido esa reflexión y la ha trasladado al terreno operativo, en el que se confirma que “las grandes corporaciones ya integran modelos de empresas como Anthropic y el gasto tecnológico aumenta”.
Sin embargo, ha señalado una “paradoja”: capturar valor dentro de organizaciones no tecnológicas resulta más difícil de lo previsto. “El dilema se sitúa en lo alto del organigrama. El CFO pide cautela, ya que no observa un retorno in mediato, mientras el CIO de fiende acelerar para no perder competitividad”.
McKinsey insiste en que el camino pasa por evitar pilotos interminables y rediseñar procesos, aunque reconoce “el conflicto interno que recorre muchas compañías”.
Según Taneja, el objetivo no es gestionarlo como un negocio tradicional de capital riesgo, sino “utilizarlo como plataforma para demostrar cómo la IA puede transformar un sector que avanza con rigideces estructurales”. La única forma de impulsar cambios profundos es “acompañar a los clientes desde dentro y construir soluciones junto a ellos”.
Ambos señalan que el impacto sobre el trabajo será uno de los puntos críticos de los próximos años. Desde McKinsey ya se detecta un fenómeno inédito, con un crecimiento del 25% en roles orientados al cliente y una reducción del 25% en puestos internos. Sternfels asegura que nunca había visto “una reorganización dual de esa magnitud”. La clave está en “desplazar a los profesionales hacia tareas complejas y apoyarse en agentes que cubran funciones de búsqueda, síntesis o comunicación”.
Taneja añade que la innovación también cambia, y que “la formulación de preguntas gana peso frente al dominio técnico puro”. Según él, esta etapa exige “una relación distinta con el aprendizaje, más cercana a una formación continua que a un ciclo cerrado”.
La conversación termina con un punto compartido: cada departamento convivirá con asistentes de IA capaces de ampliar la capacidad de los equipos. El debate es cómo reorganizar estructuras para que funcione sin limitar el desarrollo del talento. Este cambio marcará la próxima década empresarial y prepararse ahora para lo que viene evitará transformaciones más abruptas.
