Mercado

La guerra de Irán dispara el coste del gas y pone contra las cuerdas a la industria española, que planea ya expedientes de empleo

Química, cerámica o plástico afrontan sobrecostes millonarios y tensiones logísticas, mientras las renovables contienen parte de la presión energética y sostienen el crecimiento económico

María José
María José Martínez Modelo
Departamento de Comunicación - Atlas Tecnológico
21-04-2026

La escalada del conflicto en torno a Irán introduce tensiones en los mercados energéticos internacionales y traslada sus efectos a la industria española a través del gas, los combustibles y las cadenas de suministro, que planean ya los primeros expedientes de regulación (en muchos casos sólo temporal, por ahora) de empleo. Si bien es cierto que el suministro físico no se ha interrumpido de forma directa, la volatilidad de precios y los sobrecostes ya condicionan la actividad productiva. 

El gas natural se sitúa en el centro de esta presión. En Europa, los precios han llegado a duplicarse tras ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo y la paralización de producción en Qatar, con referencias por encima de los 60 euros por megavatio hora en marzo . Este encarecimiento responde también al bloqueo del estrecho de Ormuz, clave para el tránsito energético global, y ha contribuido a un aumento del coste de las importaciones de combustibles fósiles en la Unión Europea cifrado en 13.000 millones de euros desde el inicio del conflicto .

En España, este contexto se traslada directamente a la industria. El sector químico ha registrado un diferencial de precios del gas de 20,5 euros por megavatio hora en marzo respecto al mes anterior, con un sobrecoste de unos 40 millones de euros, al que se suman otros 20 millones derivados de la electricidad. Además, materias primas como la nafta han subido un 67% y la urea un 48%, junto con recargos logísticos de hasta 4.000 dólares por contenedor. Estos datos proceden de la Federación Empresarial de la Industria Química Española y reflejan la triple presión energética, material y logística.

En el sector del azulejo, el gas representa cerca del 25% de los costes de producción, y los precios de referencia han llegado a aumentar en torno a un 60%. Este incremento ha derivado en ajustes de producción y expedientes laborales en varias empresas. El sector concentra el 7% del consumo industrial de gas en España y más del 50% en la Comunidad Valenciana, según datos sectoriales.

A este escenario se suma el deterioro de la cogeneración industrial. En Castellón, la capacidad ha caído un 27% en un año y España ha perdido cerca del 50% desde 2019. La mitad de las plantas permanece parada y el sector cifra en 1.500 millones de euros anuales la pérdida de facturación energética asociada, lo que reduce la eficiencia del sistema y aumenta el consumo de gas.

La industria del plástico refleja también esta presión. Las materias primas han subido de media un 30%, con incrementos superiores al 50% en algunos casos, mientras el 41% de las empresas ha registrado aumentos del transporte marítimo superiores al 20% y el 60% sufre retrasos en suministros. Esta situación afecta a sectores dependientes como la tecnología sanitaria, donde algunos productos han encarecido hasta un 50%.

El efecto se extiende al conjunto industrial, en el que la siderurgia estima aumentos de entre el 20% y el 25% en sus costes variables, mientras la industria papelera calcula un impacto mensual de entre 20 y 30 millones de euros ligado al gas. En paralelo, el transporte marítimo ha encarecido sus fletes entre un 40% y un 60%, con retrasos de hasta diez días en rutas con Asia, lo que afecta a bienes industriales y alimentarios.

Este aumento de costes energéticos se traslada también a la inflación. El encarecimiento de carburantes ha elevado el índice de precios y anticipa presiones adicionales sobre los costes empresariales y el consumo . De hecho, algunos análisis apuntan a que un conflicto prolongado podría situar la inflación por encima del 4% y frenar la inversión y el empleo .

Factores de resiliencia

A pesar de este contexto, España presenta factores de resiliencia. Según un análisis de Nomura, el país crecerá un 2,7% en 2026 y se sitúa como la economía más protegida de la eurozona ante riesgos energéticos gracias a su mayor peso de renovables y producción eléctrica interna . Esta estructura reduce la exposición directa al gas en el sistema eléctrico y amortigua parte de la presión externa.

El avance de renovables responde también a la volatilidad de los combustibles fósiles, que ha impulsado su competitividad frente a los mercados internacionales. En este contexto, el desarrollo de recursos autóctonos como el biogás, con un potencial estimado de hasta el 42% del consumo actual de gas, y tecnologías como el hidrógeno, se presentan como estratégicos para reforzar la autonomía energética.