Mercado

La biotecnología, la IA y la robótica impulsan la nueva ola de inversión agrifoodtech en 2025

El informe de AgFunder sitúa en algo más de 14.000 millones de euros la inversión global en el sector e identifica una nueva generación de startups capaces de reducir los ciclos de innovación y aumentar la productividad agrícola, mientras los fondos apuestan por tecnologías capaces de responder a los desafíos climáticos y alimentarios

24-06-2026

Tras años marcado por la corrección del mercado, la desaparición de algunas de las startups más mediáticas y el repliegue de los inversores más generalistas, el ecosistema agrifoodtech ha encontrado un nuevo centro de gravedad. Consiste en la búsqueda de posibles soluciones a problemas estructurales, desde la producción de más alimentos con menos recursos hasta la mejora de la resiliencia frente al cambio climático, la reducción del uso de insumos agrícolas y la aceleración del desarrollo de nuevos productos.

El Global AgriFoodTech Investment Report 2026 de AgFunder confirma este cambio de ciclo, a pesar de que la financiación total del sector continúa muy por debajo de los máximos alcanzados durante el auge inversor de 2021, cuando se alcanzó una inversión total de alrededor de 480 mil millones de euros. Desde aquel pico de mercado, la financiación agrifoodtech global se ha reducido un 70%, hasta los 12 mil millones, pero las empresas deeptech han mostrado una caída más moderada.

También resulta relevante hablar del giro que se produce hacia el sector upstream, que reúne a las empresas emergentes de la cadena inicial (aquellas que desarrollan tecnología para granjas, producción de alimentos y sistemas biológicos). Atrajeron 8.000 millones de euros, lo que supone un incremento del 7% interanual. Aunque los inversores siguen priorizando las plataformas de entrega de comida (eGrocery), el sector obtiene un 23% menos de financiación que en el período anterior. Sin embargo, el software de gestión agrícola y ganadera (FMS), sensores e IoT han obtenido un 82% de inversión más que en 2024. También despunta el sector de la bioenergía y biomateriales, con un crecimiento del 13%.

EEUU sigue liderando la inversión global y exhibe una cifra de 5.000 millones de euros, a pesar de haber registrado una caída del 8% interanual. Los países con mayor tasa de crecimiento son China, con un 43%, Países Bajos, que suma un 44%, Australia sube un 60% y Corea del Sur, un 171%. India lidera el grupo de mercados en desarrollo con 2.000 millones, a pesar de que muestra una caída del 20%. África ha registrado un renacimiento del 30% interanual, fuertemente impulsado por el sector de tecnologías para el hogar. Destaca BURN, en Kenia, empresa de estufas eficientes que ha cerrado una deuda de 70 millones.

Reto científico

Muchos de los grandes desafíos de la alimentación mundial son problemas científicos y exigen investigación y largos procesos de desarrollo. Es el caso de la degradación del suelo, la escasez de agua, la adaptación de los cultivos al cambio climático, la mejora genética de semillas o la producción sostenible de proteínas. La diferencia es que la combinación de inteligencia artificial (IA), automatización, edición genética, biología sintética y nuevas capacidades de análisis está reduciendo los tiempos necesarios para convertir una idea científica en una aplicación comercial.

Uno de los ejemplos más ilustrativos es el de los laboratorios autónomos impulsados por IA. Empresas como Atinary están desarrollando plataformas capaces de diseñar experimentos, ejecutarlos mediante sistemas robotizados, analizar los resultados y proponer automáticamente la siguiente hipótesis a validar. Ello se traduce en una aceleración del descubrimiento científico, que podría redefinir la forma en que se desarrollan nuevos fertilizantes, ingredientes alimentarios, biocombustibles o sistemas de producción de cultivos.

La IA también está transformando la investigación corporativa. Grandes compañías del sector alimentario están utilizando modelos predictivos para optimizar formulaciones, anticipar preferencias de los consumidores o acelerar el desarrollo de nuevos ingredientes. El objetivo es liberar a los científicos de tareas repetitivas para permitirles concentrarse en la resolución de problemas complejos; de esta manera, la velocidad se convierte en una ventaja competitiva tan importante como la propia innovación.

Mientras, la robótica agrícola continúa ganando protagonismo. Los mayores acuerdos de inversión de 2025 se concentraron en empresas, como la francesa Ecorobotix, con 92 millones de euros, capaces de automatizar tareas intensivas en mano de obra o recursos, desde sistemas de aplicación de precisión guiados por IA hasta tractores autónomos, robots recolectores o tecnologías de pulverización inteligente. Estos sistemas permiten reducir significativamente el uso de agroquímicos sin que ello suponga una pérdida de rendimiento.

Destino de capital

Sin embargo, la biotecnología sigue siendo el principal destino del capital. Las compañías dedicadas a la edición genética, el desarrollo de nuevas variedades vegetales y la creación de biomateriales concentraron una parte sustancial de la inversión deeptech durante 2025. Los dos actores más relevantes en este ámbito son Reino Unido, con un 49% de inversión, y China, con un 44%. La apuesta del país asiático por la seguridad alimentaria y la autosuficiencia tecnológica está impulsando un ecosistema capaz de competir a escala global en ámbitos como la fermentación avanzada o la mejora genética de cultivos.

No todas las áreas del agrifoodtech afrontan una perspectiva tan positiva. Si bien los nuevos sistemas de cultivo han acumulado en torno a 900 millones de euros en 2025, la agricultura vertical —una de las grandes protagonistas del boom inversor de principios de la década— experimenta ahora una fase de retroceso. La financiación se ha desplomado y los inversores exigen métricas mucho más rigurosas relacionadas con la rentabilidad, la eficiencia energética y la generación de ingresos. La principal consecuencia es que se le ha otorgado una mayor importancia a la estabilidad que promete la “economía azul”: granjas de algas marinas, pesquerías sostenibles y acuicultura.

De cara a 2026, las expectativas son claras. Por un lado, se menciona el despliegue definitivo de los agentes de IA integrados en los flujos de trabajo de la economía real agrícola y el resurgimiento del interés por la IA física, que incluye robótica, IoT y sensores autónomos en los campos de cultivo. Por otro, se prevé una mayor prominencia del capital estratégico proveniente de fondos soberanos y entidades respaldadas por los gobiernos para sostener los ciclos de desarrollo de la tecnología profunda.