Algoritmia y Violín

El pensamiento exponencial, un instrumento de manipulación (y autoengaño)

Debemos desarrollar el pensamiento exponencial, se nos dice, para habituarnos al nuevo mundo que va a crear el superciclo de la IA, pero hay que manejar con cuidado esa herramienta, porque estamos en un punto en el que conviene alimentar la fantasía para captar la financiación que necesita la expansión de los centros de datos y porque somos propensos al autoengaño

Eugenio
Eugenio Mallol
Director de Comunicación - Atlas Tecnológico
22-02-2026

Dejó de ser director de Inteligencia Artificial (IA) del Centro de Vuelos Espaciales Goddard de la NASA hace tres semanas. Se ha jubilado, con el alcance relativo que esa expresión puede tener para alguien acostumbrado a publicar y dar conferencias. Con motivo de su visita a España, le pregunto a Omar Hatamleh por las habilidades que debemos desarrollar para la nueva era de la IA, cada vez más presente en nuestras vidas y, sobre todo, en nuestra actividad profesional. Responde que la clave será dotarnos de “pensamiento exponencial”.

Según el pensamiento lineal, con el que hemos funcionado fundamentalmente las personas humanas desde que aparecimos sobre la faz de la Tierra, cada paso mide un metro, de modo que después de 30 pasos habremos recorrido 30 metros. El mundo es, por tanto, predecible y fácil de medir.

Sin embargo, el pensamiento exponencial, al que nos aboca la explosión tecnológica asociada al superciclo de la IA, parte de que cada paso duplica la distancia del anterior (1, 2, 4, 8...) y después de 30 pasos habremos recorrido 1.073.741.824 metros. “¡Eso equivale a dar la vuelta al mundo unas 26 veces!”, me dice Gemini, signos de exclamación incluidos. No resulta sencillo moverse en ese marco mental, hay que gestionar esa herramienta con cuidado, porque ofrece una excelente oportunidad para la manipulación.

El debate sobre la necesidad del pensamiento exponencial se hizo especialmente intenso a finales de la pasada década y ha recuperado fuerza ahora, coincidiendo con el estallido de la IA generativa, primero, con el de la IA agéntica ahora, y lo que vendrá. Ha tardado apenas unos días en aparecer el antídoto al artículo del que todo el mundo hablaba en la primera quincena de este mes, el Something big is happening de Matt Summer, CEO de OthersideAI, que era un estupendo ejemplo de pensamiento exponencial.

La réplica, aunque no se presenta explícitamente así, se llama “Los rumores sobre la llegada de la AGI [inteligencia artificial general] han sido enormemente exagerados” y se basa en un artículo publicado en Nature con el título “Statistical approximation is not general intelligence”. Apuesto, a que estos dos últimos textos tendrán mucha menos repercusión que el de Summer. Eso es así porque al contexto actual le interesa mucho el pensamiento exponencial; y porque a las personas nos encanta también a nivel individual, es una forma sutil, absorbente y edulcorada de autoengaño.

La realidad en la que nos movemos (nunca mejor dicho), tan cambiante y aparentemente pendular, se puede interpretar a partir de la interacción dos grandes fuerzas principales. Por un lado, la guerra por la hegemonía entre Estados Unidos y China, que durará todavía 20 o 25 años más, y en la que Hatamleh, por cierto, ve vencedor a su país, sin duda, pese a los innegables avances de su alter ego asiático.

Por otro lado, la carrera por la financiación de las grandes infraestructuras de la IA, que explica tantos mensajes futuristas y, en cierto modo alucinados, como los que nos estamos desayunando todos los días, muy lejos de la realidad: la práctica totalidad de las empresas aún no han superado el Rubicón de la gestión de los datos con Excel. Hay que animar el mercado porque hay que captar cientos de miles de millones de dólares.

Para ambas dinámicas, resulta muy conveniente que las personas nos dotemos, abracemos, confiemos nuestras decisiones y, sobre todo, nuestras inversiones (acuérdate cuando se produzca la ola de ventas en los mercados bursátiles para llevar el dinero allí donde todo el mundo quiere, o le han convencido de que debe querer, que esté: las salidas a Bolsa de OpenAI, Anthropic y xAI) al pensamiento exponencial.

También funciona el factor interno, el autoengaño. Pocas voces tan preclaras como las del desaparecido filósofo Miguel Catalán, a quien puedes leer aquí analizando a fondo el asunto hace 25 años. “El fenómeno del autoengaño que sustituye un contenido mental por otro en función del interés vital de este último (de su conveniencia)”, explica Catalán, “se encuentra impreso en infinidad de rutinas mentales que cumplen, hoy como ayer, la vieja función de proporcionarnos una falsa sensación de seguridad en medio de la inseguridad intrínseca de la existencia”.

En su hermoso texto, cita estas palabras premonitorias de John Stuart Mill: “[Una ilusión] consiste en extraer de un concepto que se sabe que no es verdadero, pero que es mejor que la verdad, el mismo beneficio para los sentimientos que se derivaría de dicha concepción si ésta fuera una realidad”.

No nos ha ido tan mal con el pensamiento lineal. Quizás nos convenga mantenerlo para transformar la realidad, sin comprometer nuestra autonomía. Quizás necesitemos sea dotarnos, eso sí, de “ilusión exponencial”, para seguir desafiando a lo conocido y proponer nuevos mundos posibles, el nutriente necesario de la innovación. Pero hay que tener los pies en la tierra para mejorarla.