Algoritmia y Violín

El pacto tácito del sistema educativo con la sociedad puede romperse

La oferta universitaria avanza en nuestro país al tiempo que aumentan las dudas sobre el modelo de formación superior como vía de incorporación al mercado laboral ante el auge de la inteligencia artificial, que no sólo transforma la relación entre profesor y alumno, sino que asume muchas de las tareas asignadas tradicionalmente a los profesionales juniors

Eugenio
Eugenio Mallol
Director de Comunicación - Atlas Tecnológico
14-06-2026

Es difícil conciliar el ritmo de crecimiento del sistema universitario con los debates que están abriendo las aplicaciones de IA generativa sobre el futuro de la educación. En España, hemos alcanzado una población universitaria de 1,82 millones de alumnos y estamos a punto de llegar al centenar de campus, gracias al empuje del sector privado. Pero la realidad es que el modelo se encuentra en una encrucijada histórica: la sociedad puede percibir pronto que su contrato tácito con los centros de formación superior, según el cual éstos preparan a los jóvenes para incorporarse al mercado laboral, está roto.

Recuerdo una conversación con una vicerrectora de la Universidad Carlos III de Madrid, en la que le comentaba hace más de una década que su competencia iba a ser Youtube. Hoy es una realidad que el material formativo disponible online supera ampliamente en calidad a las clases presenciales de un gran porcentaje de nuestros profesores.

Al margen de otros fenómenos que han producido las tecnologías digitales, como la virtualización de las aulas y la gamificación de los modelos de enseñanza, nos cuesta reconocer que el verdadero cambio no es estrictamente técnico, sino de modelo: nos encaminamos a un mundo del conocimiento global, en el que grandes hubs (Harvard, MIT, Oxford, Stanford...) producen formación cada vez más accesible , ya no sólo al alcance de unas élites, y el resto de universidades se articula en redes globales, de clusters nacionales que aportan la ventaja local. Pero eso sólo puede contribuir a deslocalizar aún más al talento.

Con las nuevas aplicaciones de IA esas dinámicas se van a acentuar de forma dramática. Más allá del desprecio a la universidad de algunos popes tecnológicos, resulta una ingenuidad negarse a reconocer el papel que van a tener los agentes artificiales en nuestra formación. La IA forzará un cambio en la relación entre profesor y alumno, al tiempo que asume en las empresas y en las organizaciones públicas muchas de las tareas tradicionalmente reservadas a los profesionales junior.

Curiosamente, la solución a este intrincado futuro es reforzar el lado humano. Disponer de criterio y experiencia será un valor diferencial en el ámbito profesional. Muchas compañías están comprendiendo que deben formar a sus trabajadores jóvenes en ese tipo de habilidades, y no tanto en conocimientos técnicos. ¿Será capaz la Universidad de reinventarse para no romper su acuerdo tácito con la sociedad? Miguel Juan, presidente de Mensa, dice con brillantez que la educación de peor calidad será aquella en la que el profesor sea una IA. Las élites pagarán más por dominar cualidades humanas..