El sector tecnológico ha llegado al CES de Las Vegas en una posición incómoda, como cómplice en unas ocasiones y como víctima en otras de la dinámica de bloques geoeconómicos agudizada a lo largo de los primeros meses de presidencia de Donald Trump. La presidenta y el CEO de CTA, entidad organizadora del evento, Kinsey Fabrizio y Gary Shapiro, han intentado trasladar un mensaje de conciliación y firmeza a partes iguales a los gobiernos de todo el mundo, al estilo Las Vegas, entre sonrisas y alusiones a la vida familiar. El contexto ha restado brillo a la alianza de Nvidia y Siemens para dar el impulso definitivo a la inteligencia artificial (IA) industrial, un entorno de fabricación en el que “el ordenador no sea capaz de distinguir entre el gemelo digital y la versión real”.
Ha sido uno de los momentos más sustanciales de un CES Las Vegas que ha escalado a unos niveles de influencia sólo comparable en la agenda global al Foro de Davos. Sobre el escenario conversan dos titanes, Roland Busch de Siemens y Jensen Huang de Nvidia, sobre la revolución industrial que va a desencadenar, esta vez sí, la IA. Conviene tomar nota porque la propia Nvidia será una de las primeras en aplicar el nuevo modelo en sus fábricas de IA de 50.000 millones de dólares.
“Estamos impulsando la revolución de la IA industrial”, ha indicado Busch. En “siete años” la IA podría estar ya “integrada en el sistema del que dependemos todos los días”. Se trata de un cambio de paradigma, “muchas empresas cuentan con algunos elementos importantes, pero eso aún no las prepara para la IA. Los gemelos digitales pueden simular y el software puede resolver problemas, pero no recomiendan qué hacer a continuación en el mundo real”.
Jensen Huang sostiene que habrá que “rediseñar todos los aspectos de la ingeniería. No se trata sólo del CAD [software de diseño asistido por ordenador], sino también de la informática, la electrónica, todo deberá estar integrado y construido en un gemelo digital”. Siemens aplicará esa visión: “utilizaremos el software CUDA [de Nvidia] para reescribir nuestro software EDA [automatización del diseño electrónico] de modo que pueda aprovechar las GPU [procesadores gráficos para IA generativa]”… de Nvidia. “Imagina que el software EDA fuera 100 veces más rápido o escalar un millón de veces más”, le anima Huang.
“El objetivo de un ingeniero no es escribir en Verilog [un lenguaje de descripción de hardware], sino resolver problemas, imaginar grandes soluciones”, continúa el fundador del gigante californiano. “Sería increíble que en el futuro hubiera agentes de IA de diseño con EDA sentados con nuestros diseñadores, explorando ideas juntos, probándolas, explorando fronteras”. Busch recuerda que la simulación de Siemens “todavía se desarrolla sobre todo en CPU, queremos llevar los elementos de procesamiento numérico pesado de nuestras simulaciones a GPUs”. “¡Bam!”, responde Huang.
“La física es bella, los números también”, dice el CEO de Nvidia. “Vamos a colaborar para crear la IA física, para enseñar a la IA las leyes de la física, para que pueda emular la física. No sólo simularla a partir de los principios fundamentales, sino emular el resultado de la física, esencialmente adivinando hacia dónde irán las propiedades físicas en adelante. Al hacerlo, podremos acelerar las simulaciones físicas y los experimentos 10.000 o 100.000 veces. Esencialmente se trata de crear un gemelo digital de la vida real”.
Huang explica así su visión: “un coche hoy son sensores conectados a un ordenador que ejecuta un software; y el software que ejecutamos hoy en él es básicamente IA. Ese automóvil se producirá en una planta que tiene sensores que funcionan con ordenadores y la IA se ejecuta sobre eso. La fábrica es una ‘IA de fuera dentro’ (outside in AI) que vigila los coches que se van a construir de forma robótica. La fábrica entera va a ser un robot gigante, que va a orquestar a una gran cantidad de robots que son en sí mismos robóticos y va a producir productos, como los coches, definidos por software y robots”.
Es un grado de integración de la tecnología que no se había alcanzado antes. “Esa es la razón por la que tenemos que construir las bases fundacionales de la fabricación futura desde cero. En primer lugar, lo haremos definido por software y, a continuación, impulsado por IA. Y lo vamos a usar nosotros mismos”, afirma Huang. Busch anuncia el lanzamiento este año en Alemania de “nuestra primera planta de fabricación adaptativa totalmente impulsada por IA. Incorporaremos un cerebro de IA a nuestra automatización definida por software y a nuestro sistema de operaciones, que básicamente consume lo que produce un gemelo digital. Y aquí viene la belleza: lo hacemos en tiempo real”.
Foxconn trabaja con Nvidia en Estados Unidos “para gestionar las fábricas destinadas a construir superordenadores de IA. Hemos hablado de diseño y de simulación, ahora toca hablar de fabricación. Todo impulsado por IA. La idea es que el ordenador no sea capaz de distinguir entre el gemelo digital y la versión real, del mismo modo que nuestras IA no pueden diferenciar si están dentro de un gemelo digital o del mundo físico real. Ese es nuestro objetivo”.
“Estas plantas, en el caso de una fábrica de IA de un gigavatio, cuestan 50.000 millones de dólares, el nivel de inversión es inaudito. No puedes permitirte retrasos, todo tiene que estar simulado en un gemelo digital hasta el límite o no habrá ninguna posibilidad de éxito. Para conseguir la precisión que buscamos al gestionar esas máquinas, el control es increíble”, añade Huang.
“La idea de que diseñemos chips sin software es completamente ilógica. La idea de diseñar esos sistemas electrónicos sin software de diseño, de verificación, de simulación… vamos, olvídalo. Y, en el futuro, la idea de construir plantas de fabricación sin hacerlo antes en un gemelo digital es completamente inconcebible. Y la idea de operar esos sistemas increíblemente complejos sin IA es completamente inconcebible también”, concluye.