Mercado
La economía circular salvará a la industria europea: 880.000 millones de potencial y hasta 40% de importaciones menos en Alemania
IFAT Múnich 2026 sitúa el reciclaje, la autonomía industrial y la gestión del agua como pilares para reforzar la competitividad europea frente a la presión global
La edición de 2026 de IFAT Múnich 2026 ha trasladado el mensaje de que la sostenibilidad industrial forma parte de la estrategia productiva, energética y comercial de los grandes países manufactureros. El principal consenso expresado durante el encuentro apunta a la economía circular como una herramienta industrial de primer orden. La reutilización de materiales, la recuperación de residuos y el uso de materias primas secundarias aparecen como una respuesta directa a la volatilidad de mercados, al encarecimiento de recursos básicos y a la dependencia exterior en suministros críticos.
El debate ha resultado especialmente relevante para Alemania, una economía intensiva en industria y muy expuesta al suministro global de minerales y componentes. Los análisis presentados sostienen que una mayor capacidad de reciclaje y reaprovechamiento permitiría reducir compras exteriores de litio, níquel, cobre, aluminio o tierras raras, materiales decisivos para baterías, redes eléctricas, movilidad y digitalización. En el caso de esas materias primas críticas, la cuota de importación roza el 100 por cien, lo que sitúa a la industria alemana en una posición de elevada vulnerabilidad.
La circularidad se interpreta como una vía para ganar competitividad. Las empresas que controlen flujos de materiales, procesos de recuperación y cadenas de valor cerradas podrán contener costes y abrir nuevas líneas de negocio. Stefan Rummel, director ejecutivo de Messe München, ha afirmado que la economía circular y la gestión del agua “son sistémicamente importantes y representan la próxima industria clave a nivel mundial”.
Otro de los mensajes centrales ha sido el cambio de modelo empresarial. Patrick Herhold, socio sénior de Boston Consulting Group, ha señalado que la economía circular “no es puramente una cuestión de sostenibilidad, sino en muchas áreas un modelo de negocio viable para el futuro”. Frente a la lógica lineal de fabricar, usar y desechar, gana terreno una estructura basada en reparar, reacondicionar, remanufacturar y reutilizar componentes. Ese giro permite ampliar la vida útil de equipos industriales, maquinaria, baterías o sistemas energéticos, además de mejorar márgenes en determinados segmentos.
De hecho, durante la feria se ha presentado el estudio de Boston Consulting Group ‘Growth, Competitiveness, and Resilience: Opportunities of the Circular Economy for German Industry’, encargado por la Federación de Industrias Alemanas (BDI), que confirma el importante potencial económico de la economía circular. Según este estudio, el valor añadido bruto circular en Alemania podría duplicarse con creces y pasar de 60.000 millones de euros en la actualidad a 125.000 millones de euros en 2045, todo ello dentro de las estructuras industriales y de creación de valor existentes. El valor añadido acumulado podría alcanzar los 880.000 millones de euros para 2045. Los cinco sectores analizados, movilidad, maquinaria, construcción, energía y textil, concentran más del 60 por ciento del valor añadido industrial alemán.
El reciclaje y la reutilización podrían sustituir entre el 20 y el 40 por ciento de las importaciones de materias primas estratégicas para ese mismo año. La reducción de dependencia alcanzaría hasta el 20 por ciento en tierras raras y hasta el 10 por ciento en materiales para baterías. Además, la transición hacia un modelo circular permitiría recortar 11 millones de toneladas adicionales de emisiones de gases de efecto invernadero.
También ha cobrado fuerza la necesidad de acelerar decisiones públicas. Los representantes empresariales han reclamado marcos regulatorios más ágiles, procedimientos administrativos más rápidos y estándares técnicos que faciliten la entrada de materiales reciclados en procesos industriales. Sin esa adaptación normativa, buena parte del potencial quedaría ralentizado.
La gestión hídrica también ha ocupado un espacio central, vinculada cada vez más con seguridad económica, estabilidad urbana y adaptación climática. Redes de abastecimiento, depuración, saneamiento y reutilización necesitan inversiones capaces de responder a sequías prolongadas, lluvias extremas, inundaciones y presión demográfica.
Además, ha surgido una preocupación creciente por la protección de infraestructuras críticas, como sistemas de agua, energía y tratamiento de residuos. Su modernización exige más automatización, supervisión digital y planes de resiliencia ante sabotajes o ataques informáticos.
Compromiso institucional
Carsten Schneider, ministro federal alemán de Medio Ambiente, ha destacado que las tecnologías ambientales son “requisitos fundamentales para la soberanía, la seguridad y la prosperidad”. La política industrial europea avanza hacia una visión más autónoma, con cadenas de suministro cercanas, menor exposición geopolítica y capacidad tecnológica propia.
Durante la feria, la presencia de Jessika Roswall, comisaria europea de Medio Ambiente, Resiliencia Hídrica y Economía Circular Competitiva, y de otros responsables alemanes, ha mostrado la voluntad de conectar la agenda climática con la agenda económica. Bruselas y Berlín observan estas tecnologías como parte de la respuesta ante la competencia global de China y Estados Unidos.
Otro mensaje repetido ha sido la necesidad de liderazgo tecnológico europeo. El mercado global de plantas de clasificación, reciclaje y software de gestión supera los 150.000 millones de euros, un escenario que abre una oportunidad para fabricantes de maquinaria, ingeniería y servicios especializados. Y países con base industrial sólida aspiran a ocupar esa posición.

