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Así será la Ley de Chips 2.0 europea: de la respuesta a la crisis de la versión 1.0, a la apuesta por la estrategia industrial y el sector del diseño
El Grupo Consultivo de la Industria presenta en la Comisión Europea el plan estratégico de política industrial para la soberanía, competitividad y resiliencia del sector de semiconductores, que propone activar la demanda, reforzar la resiliencia y mejorar las condiciones del entorno para impulsar una política industrial de largo alcance en Europa
30-03-2026

Europa afronta una fase decisiva en su política tecnológica. En Bruselas, la vicepresidenta ejecutiva Henna Virkkunen ha impulsado un diálogo de alto nivel con líderes industriales y actores clave de toda la cadena de valor de los semiconductores. Sobre la mesa, la evaluación de la actual Ley de Chips y la preparación de su evolución hacia una European Chips Act 2.0 integrada en un paquete más amplio de soberanía tecnológica. En ese foro, el Grupo Consultivo de la Industria ha presentado un plan estratégico de política industrial para la soberanía, competitividad y resiliencia del sector de semiconductores, un informe que busca orientar esta nueva etapa.
El documento sitúa a los semiconductores en el centro de la seguridad económica y la competitividad industrial europea. La primera Ley de Chips consiguió elevar su prioridad política y activar instrumentos de inversión. Aun así, el contexto global ha cambiado con rapidez. La expansión de la inteligencia artificial, la digitalización de la industria y la creciente competencia entre grandes regiones tecnológicas obligan a replantear el enfoque. La propuesta plantea una evolución hacia una política industrial de carácter estructural, con mayor alcance y capacidad de ejecución.
Ese cambio de enfoque se concreta en tres recomendaciones que actúan como ejes vertebradores. La primera introduce un giro relevante: activar la demanda europea como motor del ecosistema. La industria propone incentivar la adopción de chips diseñados y producidos en Europa mediante colaboración entre fabricantes y sectores usuarios, además de instrumentos de compra pública que aporten previsibilidad.
La segunda recomendación busca consolidar capacidades críticas dentro del territorio europeo, desde el diseño hasta la fabricación avanzada, pasando por la I+D y la generación de propiedad intelectual. El objetivo apunta a reforzar posiciones en ámbitos como la inteligencia artificial distribuida, la robótica o la conectividad.
Completa el triángulo una tercera línea centrada en el entorno. La mejora de las condiciones marco aparece como requisito para sostener la inversión. Simplificación regulatoria, reducción de cargas administrativas y acceso a energía competitiva configuran un contexto que favorece ciclos de innovación más ágiles.
Once líneas estratégicas
A partir de estos tres pilares, el informe despliega once líneas de acción que articulan una hoja de ruta coherente. El primer bloque introduce políticas orientadas a la demanda, con incentivos a la cooperación entre industria de semiconductores y sectores finales, acompañados de mecanismos de financiación y compra anticipada.
La evolución del instrumento “First-of-a-Kind” ocupa un lugar destacado en este planteamiento. Su ampliación permitiría cubrir toda la cadena de valor, desde el diseño hasta el desarrollo de producto, con procesos más rápidos y flexibles. Esta herramienta se complementa con un refuerzo de las capacidades en tecnologías clave, donde Europa ya cuenta con ventajas, como la electrónica de potencia o los sensores, junto con nuevas apuestas en inteligencia artificial, sistemas de bajo consumo o tecnologías cuánticas.
El crecimiento empresarial se incorpora como otro elemento esencial. El informe identifica el escalado como el principal reto para las startups europeas y propone soluciones específicas: instrumentos financieros adaptados, agregación de demanda y programas de compra pública que faciliten su consolidación.
En paralelo, el fortalecimiento del diseño de chips se plantea como base del valor a largo plazo. La propuesta aboga por reforzar capacidades en arquitecturas estratégicas, atraer talento y asegurar la conexión entre diseño y fabricación. Esta visión se apoya en una redefinición de la I+D, orientada hacia la industrialización, con mayor protagonismo de la industria en la definición de prioridades.
La idea de ecosistema está presente en todo el documento. La construcción de plataformas integradas que conecten hardware, software y aplicaciones permitiría ganar escala y visibilidad global. Este enfoque requiere, además, un instrumento financiero acorde. De ahí la propuesta de un presupuesto europeo específico para semiconductores que coordine recursos comunitarios y nacionales.
La simplificación regulatoria completa este bloque de medidas, con la creación de un marco armonizado a escala europea que facilitaría la actividad empresarial y reduciría costes estructurales. A su vez, la gobernanza evoluciona hacia un modelo con mayor participación de la industria, capaz de alinear decisiones públicas con dinámicas de mercado.
El talento cierra este recorrido. La necesidad de reforzar la formación técnica, facilitar la movilidad y aumentar el atractivo del sector aparece como condición para sostener el crecimiento del ecosistema.
La política europea de semiconductores avanza desde una lógica reactiva (como respuesta ante crisis) hacia una estrategia industrial permanente, con ambición global. Europa cuenta con capacidades científicas e industriales suficientes para liderar esta etapa. La clave reside en coordinar instrumentos, acelerar su despliegue y consolidar una colaboración estrecha entre instituciones y empresas. Bajo estas premisas, la European Chips Act 2.0 puede situar a Europa como un actor central en la industria global de semiconductores durante las próximas décadas.

