CTIC: tecnología para potenciar a las personas y la competitividad industrial en la era de la IA
El centro tecnológico, con nueve sellos de excelencia Cervera, lidera la transición hacia una Industria 5.0 centrada en el valor humano
18-03-2026
En un escenario global definido por la competitividad industrial y la urgencia de la transición energética, los centros tecnológicos se han convertido en el tejido conectivo indispensable entre la investigación avanzada y el mercado. En este ecosistema, CTIC Centro Tecnológico se ha consolidado como un referente nacional que hibrida la alta especialización con una profunda vocación territorial.
Fundada a finales de 2003 por un grupo de empresas asturianas en colaboración con el gobierno regional, la institución ha acompañado la evolución digital desde la expansión de Internet hasta la actual hegemonía de la inteligencia artificial. "Al principio trabajamos con visión artificial o sistemas expertos, pero la revolución llegó a finales de 2022 con la IA generativa; esto tiene ya un alcance extendido a nivel social", explica Pablo Coca, su director general. Hoy, con más de 1.500 empresas que depositan su confianza en CTIC, su misión sigue siendo clara: transformar las tecnologías digitales en herramientas para una sociedad mejor y una economía más competitiva.
Lo que diferencia a CTIC en el saturado mercado de la innovación es su dominio integral de la cadena de valor del dato, abordando tecnologías como inteligencia artificial, espacios de datos interoperables, computación cuántica, factor humano, tecnologías inmersivas y blockchain, así como su capacidad para generar confianza y ofrecer entornos de experimentación real. El Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial (CDTI) ha avalado esta excelencia con nueve acreditaciones como Centro de Excelencia Cervera, la cifra más alta de España, en áreas que van desde la computación cuántica hasta la inteligencia artificial, transporte inteligente, la industria 5.0 o la salud digital.
En sus sedes de Gijón y Villaviciosa (CTIC RuralTech), las empresas no solo teorizan, sino que validan sus proyectos en infraestructuras singulares. Destaca, por ejemplo, su emulador de 38 qubits lógicos, que representa la mayor capacidad de computación de este tipo en España y permite a las organizaciones probar algoritmos cuánticos y casos de uso antes de dar el salto al hardware real, de manera que minimiza riesgos y acelera la adopción tecnológica.
Proyectos destacados
Esta capacidad técnica se traduce en soluciones tangibles que protegen el valor de sectores estratégicos. Un ejemplo es QuesIA, desarrollado junto a Industrias Lácteas Monteverde, donde la inteligencia artificial actúa como salvaguarda del saber de los maestros queseros. "Con QuesIA lo que estamos haciendo es utilizar la IA para asegurar la continuidad de un negocio, la compartición de conocimiento en la empresa y proteger la calidad de los productos", señala Pablo Coca.
Esta misma lógica de eficiencia se aplica a la fabricación avanzada; donde antes había máquinas rígidas, ahora hay sistemas conscientes. En colaboración con firmas como TEKOX o Normagrup, el centro ha implementado modelos de IA que anticipan la demanda, mientras que en robótica han logrado un salto cualitativo. "Muchos robots son muy precisos, pero no son en absoluto inteligentes. Con visión artificial les hemos puesto 'ojos' para que, si cambia una pieza, reconozcan el cambio y ajusten su movimiento de forma autónoma", afirma el director general de CTIC.
La próxima década estará condicionada tanto por la convergencia entre la inteligencia artificial y la computación cuántica, como por la Industria 5.0, un paradigma que devuelve el protagonismo a las personas. Por ello, para CTIC, el futuro no consiste en que la inteligencia artificial reemplace al trabajador, sino en que potencie sus facultades exclusivas. Mientras la era 4.0 se centró en la conectividad y la obtención masiva de datos, el desafío actual es otro: "en la 5.0 la pregunta es: una vez que tenemos todo eso, ¿dónde está la persona aportando valor?". Para CTIC, la respuesta reside en la complementariedad, especialmente en decisiones críticas donde el juicio humano es insustituible. "Podemos tener sistemas que ahorren muchísimo tiempo, pero en último término quien decide si un riesgo es real es la persona que sabe de ese negocio", afirma Pablo Coca.
Bajo esta visión, el centro apuesta por una inteligencia artificial que aumente las capacidades humanas sin pretender emular su consciencia. "Por el momento las máquinas no son conscientes, y ahí es donde las personas tenemos realmente la aportación de valor", concluye Pablo Coca. Con una participación activa en programas de vanguardia y siendo el principal retornador en Asturias de fondos del Horizon Europe en proyectos colaborativos (Pilar 2), CTIC encara el futuro con el compromiso de que la innovación no sea solo avanzada, sino que sea útil, segura y, sobre todo, que garantice la continuidad y el éxito del tejido empresarial en un mundo en constante cambio y desde una perspectiva de tecnología desarrollada en España para contribuir a incrementar la autonomía estratégica de nuestro país.