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Control tecnológico y autonomía estratégica (I)
Fundamentos académicos, activos de propiedad industrial y la oportunidad de las empresas tecnológicas en Europa y España
El término “control tecnológico” no cuenta con una definición única y canónica en la literatura académica, pero puede articularse a partir de la convergencia de varias tradiciones teóricas: la economía de la innovación, la teoría de la empresa multinacional y la economía política internacional. En términos amplios, designa la capacidad de un actor (empresa, sector o Estado) de decidir qué tecnologías se desarrollan, quién las posee, dónde se crean, cómo se difunden y en qué condiciones se accede a ellas. Esta capacidad sobre el ciclo completo de la tecnología —desde la I+D hasta la explotación comercial, la propiedad intelectual y la infraestructura digital— es la esencia del concepto.
1.1. Raíces en la teoría de la empresa basada en el conocimiento.
La fundamentación teórica más rigurosa del con trol tecnológico proviene de la teoría de la empresa basada en el conocimiento (knowledge-based theory of the firm). Kogut y Zander (1992, 1993) establecieron que la ventaja competitiva de las empresas reside en su capacidad para crear y transferir conocimiento de forma más eficiente que el mercado. Su contribución central fue demostrar que el conocimiento —especialmente el tácito, codificado en rutinas organizativas y capacidades de combinar diferentes tecnologías específicas de la empresa— tiende a permanecer en la sede de origen de la multinacional. Las filiales extranjeras pueden contribuir a la creación de conocimiento, pero la síntesis, la integración y la apropiación estratégica de ese conocimiento siguen concentradas en el centro corporativo.
Esta observación tiene implicaciones directas para la política industrial: si las multinacionales tienden a retener el conocimiento más valioso en el país de origen, entonces la localización de la sede corporativa de una empresa tecnológica en un determinado territorio no es solo un asunto fiscal o de empleo, sino que determina dónde se acumula el capital tecnológico más avanzado, dónde se registran las patentes estratégicas y dónde se construyen las capacidades que definen la posición competitiva de largo plazo de ese territorio.
Un trabajo complementario de Patel y Pavitt (1992) sobre la base tecnológica de las grandes corporaciones multinacionales confirmó empíricamente que sus actividades tecnológicas siguen siendo predominantemente nacionales: más del 80% de las actividades de I+D de las grandes empresas se realizaban en el país de origen. Aunque esta concentración se ha reducido parcialmente en dé cadas posteriores, la tendencia estructural a centralizar las funciones de I+D más estratégicas persiste.
1.2. Apropiabilidad y activos complementarios: la dimensión de la propiedad.
Una segunda tradición relevante es la desarrollada por David Teece (1986) en su influyente artículo “Profiting from Technological Innovation”. Teece argumentó que la capacidad de un innovador para apropiarse de los beneficios de su innovación depende de dos factores: el régimen de apropiabilidad (cuán efectiva es la protección de la propiedad intelectual) y la disponibilidad de activos complementarios (fabricación, distribución, servicios posventa). Cuando el régimen de apropiabilidad es débil, los beneficios de la innovación tienden a acumularse en quienes controlan los activos complementarios, no en los innovadores originales.
Aplicado a nivel territorial, este marco explica un patrón característico de la economía europea: Europa genera investigación de alta calidad —como demuestra su posición en rankings de publicaciones científicas e incluso de patentes básicas—, pero frecuentemente fracasa en apropiarse del valor económico de esa investigación. Las empresas que controlan los activos complementarios críticos —las plataformas digitales, los ecosistemas de software, la infraestructura de nube— son las que capturan los beneficios de la innovación, con independencia de dónde se originó el conocimiento científico subyacente.
“Europe excels in generating innovative ideas and research outputs [but] the process of bringing these innovations to market and scaling them within private enterprises remains limited”. EUIPO, IP-bac ked Finance in Europe (2026), citando los informes Draghi y Letta (2024).
1.3. Los activos de propiedad industrial como vectores de control tecnológico.
La teoría de Teece sobre la apropiabilidad adquiere un contenido más concreto cuando se examina la anatomía específica de los activos de propiedad industrial (PI). En la economía del conocimiento contemporánea, el control tecnológico no se ejerce en abstracto: se materializa en portfolios de patentes, en la titularidad del código fuente y de las licencias de software, y en la acumulación de know-how no codificado que constituye el núcleo inimitable de las ventajas competitivas más duraderas. Estos tres tipos de activos —patentes, software y know how— son los instrumentos concretos a través de los cuales las empresas y los territorios ejercen o pierden control sobre la tecnología. La OCDE los agrupa bajo el concepto de “capital basado en el conocimiento” (knowledge-based capital, KBC) y los considera el principal motor del crecimiento económico en las economías avanzadas del siglo XXI.
1.3.1. La patente como instrumento de apropiación y señalización estratégica.
La patente es el instrumento de propiedad industrial más directamente vinculado al control tecnológico en el sentido analítico aquí desarrollado. Una patente no es simplemente un derecho de exclusión temporal: es también una señal de capacidad inventiva, un activo negociable en operaciones de licencia y fusión, una herramienta de bloqueo competitivo y, cada vez más, una garantía para la obtención de financiación. La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) documenta en sus indicadores anuales que el número de solicitudes de patente a nivel mundial superó los 3,46 millones en 2022, con China, EEUU, Japón, Corea del Sur y Alemania concentrando más del 80% del total. La presencia de Europa como bloque es relativamente modesta en términos de volumen, aunque su calidad —medida por citaciones y ampliación geográfica— es notablemente alta en determinadas tecnologías.
La Oficina Europea de Patentes (OEP) publica anualmente su Patent Index, que permite analizar con detalle quién patenta qué en Europa y dónde tiene su sede el solicitante. El índice de 2024 revela que las empresas estadounidenses siguen siendo los mayores depositantes ante la OEP —con Samsung, Huawei, LG, Quacomm y TSMC entre los líderes—, seguidas de empresas japonesas y coreanas. Las empresas europeas más activas se concentran en sectores como la automoción (Bosch, Siemens, Volkswagen), la farmacéutica (Roche, Novartis) y la industria avanzada, pero su presencia en tecnologías digitales de frontera —semiconductores, IA, computación en nube— es comparativamente reducida. Este patrón ilustra con precisión el diagnóstico de Teece: Europa domina en tecnologías donde los activos complementarios siguen siendo relativamente accesibles, pero pierde terreno allí donde esos activos complementarios están concentrados en plataformas digitales extranjeras.
“El control tecnológico no se ejerce en abstracto: se materializa en portfolios de patentes, código fuente y licencias de software, y en el know-how no codificado”
El informe de la OCDE sobre “Patents and Innovation” (2021) introduce una distinción crucial entre patentes “de trinchera” (registradas para bloquear a competidores sin intención de explotar la tecnología) y patentes estratégicas orientadas a la creación de valor, y señala que los sistemas de PI más eficientes son aquellos que incentivan la segunda categoría. En el contexto de la economía de las plataformas digitales, las patentes de software y de algoritmos se han convertido en el instrumento preferido de con trol tecnológico por parte de las grandes empresas tecnológicas: Apple, Google, Microsoft y Amazon mantienen portfolios que comprenden decenas de miles de patentes activas, muchas de las cuales no son tanto tecnologías explotadas como barreras de entrada que definen el perímetro de sus ecosistemas propietarios.
1.3.2. El software como activo estratégico: entre el copyright y la patente.
El software ocupa una posición singular en el sistema de propiedad industrial porque combina dos regímenes de protección distintos: el derecho de autor (copyright), que protege el código fuente como expresión literaria desde el momento de su creación, y las patentes de software, que en determinadas jurisdicciones (especialmente EEUU) permiten proteger los métodos y procesos implementados mediante software. Esta dualidad no es trivial: define quién puede hacer qué con la tecnología digital y en qué condiciones. La OMPI ha señalado en sucesivos informes que la protección del software mediante copyright resulta insuficiente para proteger la funcionalidad y el valor económico más profundo de las aplicaciones en un entorno donde la ingeniería inversa y la replicación funcional son técnicamente posibles.
En la economía digital contemporánea, el software es mucho más que un producto: es infraestructura, mercado y barrera de entrada. Los sistemas operativos (Windows, iOS, Android), los ecosistemas de aplicaciones (App Store, Google Play), los servicios de nube pública (AWS, Azure, Google Cloud) y los modelos de lenguaje de gran tamaño (GPT, Gemini, Llama) son activos de software cuyo control confiere a sus propietarios una posición de influencia estructural sobre la economía digital global.
El WEF, en su informe “Technology Governance” (2024), ha denominado a este fenómeno “soberanía de capa de plataforma”: quien controla la capa de infraestructura digital sobre la que operan millones de empresas y ciudadanos ostenta una forma de poder tecnológico sin precedentes históricos.
Desde la perspectiva de la soberanía tecnológica europea, la ausencia de un sistema operativo móvil europeo, de una plataforma de nube pública competitiva a escala global o de un ecosistema de IA generativa propio no es simplemente una debilidad comercial: es una dependencia estructural que afecta directamente a la autonomía tecnológica en el sentido de Edler et al. La OCDE ha estimado que el valor de los activos de software en los balances de las empresas de los países de la OCDE se ha multiplicado por cuatro entre 2000 y 2020, superando en muchos sectores al valor de los activos físicos, lo que refuerza la idea de que la competitividad contemporánea se decide, en buena medida, en el terreno de la propiedad intelectual sobre el software.
1.3.3. El know-how y los secretos empresariales: la dimensión tácita del control.
El tercer gran componente del control tecnológico ejercido a través de activos de propiedad industrial es el know-how: el conjunto de conocimientos técnicos, procedimientos, métodos y experiencia acumulada que una empresa posee y que no está codificado en patentes ni en código de software, sino integrado en las rutinas organizativas, en los equipos humanos y en la cultura de innovación de la empresa. Este activo conecta directamente con la distinción de Kogut y Zander entre conocimiento codificable y conocimiento tácito: el know-how es, por definición, la forma más difícilmente transferible y replicable de conocimiento tecnológico, y por tanto la fuente más duradera de ventaja competitiva.
La protección jurídica del know-how ha sido históricamente más débil que la de las patentes, pero ha ganado solidez en las últimas décadas. En el ámbito europeo, la Directiva de Secretos Comerciales (UE) 2016/943 estableció un marco armonizado de protección del know-how y de los secretos empresariales, definiendo con precisión las condiciones en que una empresa puede proteger su información confidencial frente a la obtención, utilización o revelación ilícita.
La OMPI, por su parte, ha desarrollado directrices específicas para la gestión y transferencia de know-how en el contexto de los acuerdos de licencia de tecnología, reconociendo que en muchos sectores — especialmente en manufactura avanzada, biotecnología y procesos industriales— el know-how aportado por el licenciante tiene tanto o más valor que la patente que lo acompaña.
La combinación de patentes, software y know-how configura lo que los especia listas en valoración de activos denominan el «triángulo de propiedad intelectual»: tres activos interdependientes que se refuerzan mutuamente y cuya posesión conjunta confiere a las empresas tecnológicas líderes una ventaja competitiva prácticamente inexpugnable. Cotec (2024) ha señalado que las empresas del sector tecnológico español con mayor actividad exportadora son también las que disponen de portfolios de PI más ricos, lo que confirma empíricamente la correlación entre control sobre activos intangibles y posición competitiva internacional.

