Algoritmia y Violín
¿Competitividad o café para todos? El eterno debate emerge de nuevo
La UE parecía decidida a introducir un nuevo enfoque en el Fondo Europeo de Competitividad para promover la excelencia y la innovación, con independencia del lugar de origen, pero la buena sintonía ha saltado por los aires, las voces que reclaman que se tenga en cuenta también el criterio territorial, como se recoge en los fondos de cohesión, han hecho saltar el tablero con fuerza
Es un debate que hemos vivido de alguna forma en España, aunque sin demasiado recorrido, la verdad, porque en nuestro país no hay quien se atreva a frenar el modelo de café para todos, con dos excepciones en el norte. Pero ahora mismo tiene atrapada a la Unión Europea, que ha decidido redefinir su sistema de ayudas de fomento de la innovación y la inversión en I+D pensando en el periodo presupuestario 2028-2034. ¿El Fondo Europeo de Competitividad debe incorporar criterios de cohesión, debe tener sensibilidad territorial? Espadas en alto.
El asunto no es, ni mucho menos, sencillo de resolver. Hay una potente línea de investigación en geografía económica, con referentes de enorme categoría en Europa, que ha demostrado que si se no se aplican criterios de cohesión se ampliará la brecha entre los grandes núcleos urbanos situados en la vanguardia de la innovación tecnológica y el resto de territorio, marcadamente rural y repleto de lo que denominan “lugares que no importan” y regiones atrapadas en una “trampa de desarrollo”. Esa polarización acaba trasladándose al plano político y alimentando los populismos, lo que finalmente pondrá en riesgo a la propia Europa.
Los defensores de que el Fondo Europeo de Competitividad aplique criterios de estricta excelencia tecnológica, con independencia del territorio en el que se ubiquen los receptores de las ayudas, sostienen que la competitividad va de ser mejores que el resto y no de café para todos.
El tiempo ha demostrado que la apuesta de Europa por fomentar la competencia, la aparición de muchos actores de escala regional, como mucho nacional, en sectores críticos como la energía y las telecomunicaciones, no ha demostrado favorecer a los consumidores, promoviendo la bajada de precios, sino que ha conducido en realidad a la ausencia de grandes locomotoras tecnológicas capaces de hacer frente a los gigantes globales norteamericanos y chinos y a la irrelevancia en la imposición de estándares fundamentales.
Las cartas en juego son las siguientes: los Fondos de Cohesión se distribuyen con criterio territorial, en función del PIB regional y de la Renta Nacional Bruta (RNB) del país. Su objetivo es la convergencia interna, es decir, mitigar las brechas económicas y de infraestructura entre las regiones más ricas y las más pobres. Se benefician de ellos los Estados miembros con RNB inferior al 90% de la media de la UE y regiones catalogadas como menos desarrolladas o en transición. Y están codirigidos de forma descentralizada por la Comisión Europea y las administraciones autonómicas y nacionales.
Por su parte, el nuevo enfoque del Fondo Europeo de Competitividad se mueve por criterios competitivos, de modo que las ayudas se adjudican mediante convocatorias abiertas basadas exclusivamente en la excelencia del proyecto. Promueve la autonomía estratégica, financiará tecnologías limpias, digitalización avanzada, descarbonización y defensa a escala de toda la UE. Los receptores de las ayudas serán consorcios de empresas, centros de investigación y corporaciones industriales con proyectos de alto impacto tecnológico, sin importar su geografía. Están controlados centralmente desde Bruselas, que quiere unificarlos con otros programas paralelos como Horizonte Europa y el Mecanismo Conectar Europa.
Los fondos de competitividad plantean un reto para los países periféricos, como España, ya que las regiones con industrias tecnológicas más maduras, como Alemania y Países Bajos, están mejor posicionadas para ganar estas convocatorias en comparación con regiones de menor PIB. Los tiras y afloja han comenzado y, en teoría, por la cuenta que nos trae, nosotros deberíamos estar del lado de los fondos de cohesión. Pero ¿es de verdad lo que más nos conviene o simplemente una forma de dilatar el problema y seguir escondiendo nuestra falta de voluntad real de transformar el modelo productivo?.

