Las Claves de los Expertos

China como un socio estratégico para la innovación europea, en el New In Valencia

José Manuel Sánchez Pedregal (MSA) y Agustín J. Sáenz (Tecnalia) defienden una relación de doble sentido basada en la colaboración, el aprendizaje mutuo y una mayor ambición industrial europea

María José
María José Martínez Modelo
Departamento de Comunicación - Atlas Tecnológico
27-07-2026


Europa necesita mirar a China desde una posición abierta, con una estrategia definida y convencida de que el intercambio de conocimiento ya circula en ambos sentidos. Esa ha sido la idea que ha protagonizado la primera mesa redonda del New In Valencia, organizado por Atlas Tecnológico en The Terminal Hub, bajo el título ‘La conexión con China: una relación de sentido doble’. En una conversación moderada por Eugenio Mallol, José Manuel Sánchez Pedregal, presidente EMEA de MSA, y Agustín J. Sáenz, Strategy, Market and Technology Director de Tecnalia, han compartido su experiencia internacional para explicar cómo ha cambiado el equilibrio tecnológico mundial y qué decisiones deben tomar las empresas europeas para competir desde sus propias fortalezas.

Desde su experiencia al frente de MSA en Europa, Oriente Medio y África, describe tres modelos con identidades muy marcadas. "China convierte una visión en proyectos industriales a gran escala con una velocidad extraordinaria; Estados Unidos destaca por asumir riesgos y atraer inversión; Europa mantiene fortalezas como la ingeniería, la calidad y la sostenibilidad", sostiene.

El experto ha compartido su experiencia en el gigante asiático, donde la puesta en marcha de cinco plantas industriales le demostró que la ejecución adquiere otra dimensión cuando toda la organización comparte un objetivo. “Las decisiones fluyen” y los equipos avanzan alineados con una velocidad difícil de encontrar en otros mercados. Esa forma de trabajar ayuda a reducir tiempos y facilita el desarrollo de proyectos de gran dimensión.

Agustín J. Sáenz ha recogido esa idea para explicar hasta qué punto también ha cambiado la mirada de Tecnalia hacia el país asiático. “De repente, nos aparece otro polo mundial”, afirma. “China ha pasado de ser un gran centro de fabricación a convertirse en uno de los mayores focos internacionales de generación de conocimiento", defiende. El crecimiento de sus universidades, el liderazgo mundial en patentes y la aparición de ecosistemas tecnológicos capaces de competir con Silicon Valley han modificado completamente el tablero de la innovación.

Sáenz considera que esa evolución todavía no ocupa el lugar que merece dentro del debate europeo. Persisten imágenes asociadas a una economía basada únicamente en costes bajos, aunque la realidad ofrece un panorama muy distinto. Las universidades chinas figuran entre las más competitivas del mundo, la inversión en investigación mantiene un crecimiento constante y ciudades como Shenzhen concentran empresas, talento e inversión en niveles difíciles de igualar.

“Ir a Shenzhen es viajar al futuro”, asegura. Cada visita allí le ha permitido observar soluciones tecnológicas que anticipan buena parte de las transformaciones que llegarán a otros mercados durante los próximos años. Esa capacidad para adelantarse obliga, en su opinión, a incorporar China dentro de cualquier estrategia empresarial o tecnológica que aspire a comprender hacia dónde evoluciona la industria mundial.

Tecnalia participa desde hace más de una década en un centro tecnológico implantado en China y desarrolla proyectos europeos que combinan avances creados allí con desarrollos realizados en España. Incluso ha relatado cómo responsables del centro asiático solicitaron recientemente incorporar especialistas españoles en visión artificial para reforzar algunos de sus proyectos, una situación difícil de imaginar hace apenas unos años. También ha destacado el acuerdo alcanzado con la Universidad de Tsinghua para colaborar en tecnologías relacionadas con la captura de CO₂, otro ejemplo de cómo las alianzas científicas entre Europa y China forman ya parte de la actividad cotidiana de los grandes centros tecnológicos.

Agustín J. Sáenz: “Hay que tener un plan para China. Para unos seguirá siendo un mercado prioritario; para otros, un socio tecnológico o una fuente de conocimiento. Lo importante es definir una estrategia propia y asumir que China seguirá ocupando un lugar determinante en la economía mundial”


A partir de ese momento, la conversación se ha centrado en una de las diferencias que, a juicio de ambos ponentes, explica buena parte del avance tecnológico chino. Agustín J. Sáenz ha descrito un modelo basado en la construcción de ecosistemas completos donde empresas, universidades, centros tecnológicos, administraciones y clientes desarrollan soluciones casi al mismo tiempo. “Ellos lo aplastan, lo ponen en paralelo”, explica, para resumir una manera de innovar que reduce tiempos y acelera la llegada de nuevas tecnologías al mercado.

En Europa, Sáenz considera que el continente continúa avanzando mediante procesos muy secuenciales. Primero aparece la investigación, después llega la regulación, más tarde se buscan empresas para poner en marcha proyectos piloto y finalmente se aborda la industrialización. Ese recorrido ofrece seguridad, aunque ralentiza la capacidad de respuesta frente a competidores que desarrollan todas esas fases de manera simultánea.

"Me sorprendió el nivel tecnológico alcanzado por los proveedores chinos y la rapidez con la que consolidan nuevos sectores industriales", ha asegurado Sánchez Pedregal. El vehículo eléctrico, la robótica o la construcción naval representan ejemplos claros de una estrategia que combina inversión y desarrollo industria. Esa concentración de capacidades facilita el crecimiento de todo el ecosistema y multiplica las oportunidades de negocio.

El experto ha recordado que la compañía cuenta con centros de investigación, fábricas y equipos locales en China, aunque esa presencia no implica trabajar del mismo modo que en Europa o Estados Unidos. Lo fundamental es entender qué necesita cada mercado y construir plataformas suficientemente flexibles para crecer allí donde aparecen nuevas oportunidades. Esa capacidad para escalar soluciones constituye, a su juicio, uno de los grandes desafíos europeos. "Europa es un enorme mercado, pero continúa funcionando como veintisiete regulaciones, veintisiete políticas industriales y marcos fiscales diferentes". Esa fragmentación dificulta alcanzar la escala que sí encuentran empresas implantadas en Estados Unidos o China y condiciona la velocidad con la que pueden desarrollarse nuevos proyectos tecnológicos.

Entonces, ¿qué deberían hacer las empresas europeas ante un escenario tan competitivo? “Hay que tener un plan para China”, ha resumido Agustín Sáenz. “Para unos seguirá siendo un mercado prioritario; para otros, un socio tecnológico o una fuente de conocimiento. Lo importante es definir una estrategia propia y asumir que China seguirá ocupando un lugar determinante en la economía mundial”. Lo importante, insiste, consiste en definir una estrategia propia y asumir que China seguirá ocupando un lugar determinante en la economía mundial.

“China nos puede impresionar, gustar, no gustar, pero lo que no nos puede hacer es sorprender”, ha asegurado Sáenz. A su juicio, muchas de las transformaciones que hoy despiertan admiración ya aparecían recogidas en las hojas de ruta aprobadas hace años por el Gobierno chino. La robótica, las energías renovables o la inteligencia artificial forman parte de una estrategia mantenida con continuidad durante largo tiempo.

José Manuel Sánchez Pedregal ha recordado que la incertidumbre forma parte de la actividad empresarial y que los últimos años han obligado a las compañías a desarrollar una enorme capacidad de adaptación. La pandemia, las tensiones en las cadenas de suministro y el avance del proteccionismo han cambiado las reglas del comercio internacional. Países como Arabia Saudí o India impulsan políticas que favorecen la producción local y obligan a las multinacionales a replantear sus estrategias de implantación. "El reto consiste en construir organizaciones capaces de responder con rapidez sin perder de vista su propósito y el valor que aportan a los clientes", sostiene.

Para Sáenz, uno de los factores que decidirán la competitividad europea será la capacidad de colaboración. "La pregunta será: cómo de bueno vas a ser colaborando", afirmó. Europa dispone de talento, universidades, centros tecnológicos y grandes empresas industriales, pero con frecuencia esas capacidades trabajan de forma fragmentada y sin alcanzar la masa crítica necesaria para competir con otros bloques.

Desde esa perspectiva, ha defendido que iniciativas como Atlas Tecnológico ayudan a construir una cultura de colaboración que todavía necesita consolidarse. Colaborar exige compartir conocimiento, asumir riesgos y generar relaciones equilibradas entre las partes. Esa misma lógica debe aplicarse también a la relación con China. Sáenz insiste en que cooperar no significa renunciar a los intereses propios, sino construir acuerdos donde ambas partes obtengan beneficios comparables. “Win win del mismo tamaño de letra”.

Sáenz ha explicado que China responde a una lógica de state first, donde las prioridades del Estado orientan el desarrollo económico. Estados Unidos funciona bajo un planteamiento de business first, con el crecimiento empresarial como principal motor. Europa, en cambio, mantiene un enfoque people first, donde el bienestar de las personas ocupa un lugar central. Ese rasgo, defiende, forma parte de la identidad europea y merece preservarse mientras el continente encuentra fórmulas para ganar agilidad y capacidad de respuesta.

Sáenz ha reconocido que cada viaje a China o Estados Unidos le deja la misma impresión. Muchas startups nacen con la aspiración de convertirse en líderes mundiales, incluso cuando apenas cuentan con una decena de empleados. Ese nivel de ambición alimenta proyectos capaces de crecer con rapidez y atraer inversión. Europa dispone de una excelente base científica e industrial, aunque necesita elevar sus expectativas colectivas y pensar en organizaciones mucho más grandes desde el primer momento. “Muchos de los sueños se hacen realidad. Pero para eso hay que soñarlos”.

José Manuel Sánchez Pedregal defiende, también, que España forma profesionales muy preparados y cuenta con universidades de gran nivel, aunque el crecimiento económico depende de la capacidad para transformar ese talento en empresas más productivas. "La innovación es la herramienta que permite crear más valor, asumir proyectos de mayor alcance y ofrecer carreras profesionales con mejores salarios y mayores responsabilidades”, ha concluido.



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