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Ángela Santianes (Dupont) pone alto el listón del Collaborate Oviedo: "somos más críticos que nunca, nuestros materiales especiales hacen la magia"
La responsable de las plantas de la multinacional norteamericana Dupont en Asturias, en proceso de venta a Arclin, conversa con el analista de innovación Eugenio Mallol sobre el proceso de reestructuración de la industria europea, las dificultades para contratar con pymes de servicios tecnológicos, el desafío del talento y las cortapisas a la innovación de una sensibilidad medioambiental mal entendida
16-01-2026

Eugenio Mallol.-Vivimos un momento clave para la industria europea. Muchas compañías están transformándose en holdings financieros y dejan autonomía a las unidades de negocio para fusiones y ventas. Tras tu experiencia en la compra de las plantas de Dupont en Asturias por parte de Arclin, ¿cómo explicas lo que está sucediendo?
Ángela Santianes.-Hasta los años 70, el tener grandes instalaciones y poder hacer todo tipo de materiales era crítico, era lo que daba valor, lo que analizaban los inversores. Con la irrupción de las grandes tecnológicas, su capacidad de añadir valor es muchísimo mayor que el de las empresas de materiales e intensivas en capital y el dinero se está dirigiendo hacia ellas. En nuestro ámbito, hay un movimiento de salida de la Bolsa para ir hacia el private equity, pero el futuro es igualmente fenomenal, porque para que haya tecnologías se necesitan materiales, somos más críticos que nunca, nuestros materiales especiales hacen la magia. Somos el traje de Batman, lo vemos en nuestro negocio. Estos cambios dan más capacidad para crecer, tener autonomía, no estar pendiente de las dinámicas de la Bolsa, que muchísimos inversores no entienden.
Eugenio Mallol.-Dupont tiene en Asturias el negocio de aramidas, que son fibras sintéticas de alta resistencia, como las que necesita Batman para su traje, en efecto. Arclin, también norteamericana, es especialmente fuerte en el ámbito de la construcción. Esto me lleva a preguntarme si el negocio de la construcción tiene hoy más potencial de crecimiento en la demanda de materiales que el industrial en Europa.
Ángela Santianes.-En las plantas de Dupont estamos muy centrados en defensa, en la industria de sostenible de las placas solares y los aerogeneradores y en los centros de datos. Todas estas cosas tienen alta temperatura y necesitan materiales que la aguanten. En el mercado de la construcción no estamos y Arclin es muy fuerte. Cuando compras un negocio buscas sinergias para crecer. ¿Dónde están en este deal? Están en que ellos en construcción venden productos ignífugos, que es justo nuestro fuerte. Además, son básicamente americanos, solamente tienen una planta fuera de Estados Unidos, y nosotros tenemos músculo internacional. Creceremos en el negocio de la construcción y en otros muchos, y ellos lo harán en el resto. Esta alianza da crecimiento a las dos partes.
Eugenio Mallol.-Si ligamos las dos primeras preguntas, ¿cómo deben posicionarse todas las empresas que giran en torno a las cadenas de valor de grandes compañías industriales ante los cambios que están produciéndose?
Ángela Santianes.-Creo que esto sucede más a nivel macro que micro. La relación no va a cambiar gran cosa. Sí lo hace en el sentido de que nosotros apostamos por la sostenibilidad y tenemos que pedir a toda nuestra cadena de valor y a todos nuestros colaboradores que también lo hagan. Ante la digitalización y la automatización que vienen, si se quiere aumentar la productividad, se necesita que los colaboradores también se automaticen y se digitalicen, de modo que no sean un lastre.
Eugenio Mallol.-Es muy interesante la iniciativa que habéis emprendido un grupo de multinacionales en Asturias para desarrollar una plataforma de cocreación, de coinnovación, para digitalizar procesos junto empresas tecnológicas locales. ¿Por qué no arranca?
Ángela Santianes.-Es una iniciativa superpotente. Cuando surgieron los fondos Next Generation, reuní a todas las multinacionales industriales que estamos en Asturias, que somos 50, para acordar qué le teníamos que decir al Gobierno si nos preguntaba dónde invertir los fondos. Y una de las líneas de trabajo que surgió tiene que ver con la parte digital, porque todos estamos pegándonos con los sistemas para trasladar esa automatización a la industria de una manera eficiente. Entrenamos a la gente, tenemos procedimientos que están escritos y que hay que leer para entender la operación y después ejecutar, son conocimientos que están vivos.
En vez de tenerlos en papel, queremos pasarlos a digital, que se pueda ver como en un videojuego lo que alguien hace y cuáles son los siguientes pasos. Ya hay tecnología para simular una operación, pero desarrollar un procedimiento nos cuesta miles de euros y meses de trabajo. Al cabo de un tiempo, si necesitas modificarlo, no sabes cómo hacerlo porque no existe una tecnología al alcance del usuario para editarlo como se edita un Word. Y tenemos miles de procedimientos.
Todos los industriales tenemos el mismo problema. ¿Por qué no desarrollamos esa tecnología partiendo de empresas locales que conocemos y tienen la capacidad para poder hacerlo, en vez de las grandes compañías que cuestan una fortuna y son peores en capacidad? No solo nos serviría a las 50 multinacionales que estamos aquí, sino a todos los emplazamientos que tenemos el resto del mundo. La tecnología hay que madurarla para que realmente sea aplicable y productiva dentro de la industria. Lo que nos estamos encontrando es que estos ecosistemas se ven muy bien, pero no hay procesos de financiación definidos para los fondos Next Generation y demás. No encajan, no los podemos aplicar, estamos teniendo muchos problemas para una idea que todos piensan que es genial.
Eugenio Mallol.-A ver si lo entiendo: los directores de 50 multinacionales industriales queréis colaborar con empresas españolas, asturianas a ser posible, para optimizar procesos por la vía de la transformación digital y no os financian ni las matrices ni la Administración. No lo podéis pagar.
Ángela Santianes.-La matriz en ningún momento va a desarrollar una tecnología con una compañía que no conoce de nada. Lo va a hacer con los partners habituales, que son los tecnológicos, pero eso no resulta eficiente y no avanzamos. Intentamos cosas, pero no es productivo. Cada vez que intentamos lanzar iniciativas más pequeñas con las empresas locales vemos que funciona muchísimo mejor. Tenemos el talento y la capacidad para poder llevar a otro nivel estas tecnologías. Pedimos fondos que en realidad no son para nosotras.
Ponemos el campo de juego y nos interesará la tecnología final, pero no somos las que vamos a vender esa tecnología. Habrá que financiar esos gastos de alguna manera porque si no nos matan en la matriz. Está siendo muy difícil y debería ser una joya, basta imaginar lo que significaría que en Asturias fuéramos capaces de desarrollar la tecnología que digitaliza de forma eficiente la industria con los últimos avances disponibles. Nos pondría en el mapa, seríamos el centro de la hiperautomatización de la industria mundial. Es brutal, pero nos está costando llevarlo a la práctica.
Eugenio Mallol.-2025 ha sido un año complicado para las empresas asturianas por la conflictividad laboral, no solo en el ámbito de la industria pesada, sino también en la alimentación. Las plantas de Dupont aplican un modelo de trabajo muy flexible.
Ángela Santianes.-Desde el principio, desde que esto se convirtió en un site de Dupont hace 36 años más o menos, nos planteamos qué teníamos que conseguir. Y decidimos que queríamos que cada persona contase y aportase a su máximo nivel, no buscábamos un modelo de una cabeza pensante y los demás a ejecutar. Queremos que todos sean cabezas pensantes y que entre todos seamos capaces de gestionar la planta, cada uno en su rol, que haya una funcionalidad, a partir de una serie de parámetros. Esto es lo que hoy define nuestra forma de trabajar, que es un poco diferente. Queremos que se ejecute y se mantenga en el tiempo. Esto nos ha llevado a que, de más de un centenar de emplazamientos industriales en el mundo, el de Asturias sea el mejor con diferencia. Tenemos una cultura que nos hace mucho más potentes, hace que seamos capaces de sacar lo mejor de cada uno de los empleados que estamos aquí en Asturias.
Eugenio Mallol.-Es muy interesante, porque ahora para la industria está siendo realmente complicado atraer talento.
Ángela Santianes.-Es bueno poner estos ejemplos y que la gente visualice. Cuando yo estudiaba ingeniería y me llevaban a ver fábricas, pensaba que me había equivocado de carrera. Pero es posible tener industrias que no dañan el medio ambiente, sino que lo mejoran allí donde están, con entornos y equipos agradables. Es vital para una economía potenciar la industria y la y los entornos industriales también pueden ser entornos muy agradables en los que trabajar y el nuestro es uno de ellos. O sea, que encantado enseñarlo e y que la gente vea que la industria también es esto.
Eugenio Mallol.-¿Cómo transmitir el valor crítico del sector de materiales en la competitividad futura de Europa?
Ángela Santianes.-Invertir en la tecnología de materiales es básico para todo, para disponer de ordenadores más pequeños, que procesen más cantidad de datos y sean capaces de aguantar altas temperaturas y situaciones extremas. Es la base para desarrollar la tecnología tanto en sostenibilidad como en digitalización. Si no invertimos en materiales, seremos dependientes.
Eugenio Mallol.-Tan simple como esto. Con los materiales, me sucede algo parecido a los motores del automóvil. El vector de la sostenibilidad es fundamental, obviamente, nadie lo discute, incluso en vuestro caso también el de la seguridad, pero ambos son tan fuertes que ahogan a otras motivaciones de innovación. “Dejadnos innovar”, pide la industria a la UE.
Ángela Santianes.-A veces nos obsesionamos con que una de las soluciones es la perfecta, como las emisiones cero. Para producir materiales, tienes que mirar la cadena total, no solamente el coche, sino el conjunto que te lleva hacia ese coche. Lo importante es que vayamos hacia la neutralidad, que las operaciones que hagamos no contaminen más. ¿Por qué no puede servir el motor de combustión si, en vez de diésel o gasolina fósil, utiliza biocombustibles obtenidos a partir de materiales como desechos orgánicos que, de otro modo, se van a transformar en metano y van producir más emisiones de forma natural? Se estaría no solo neutralizando, sino bajando también las emisiones.
Ser tan talibanes puede ser que no sea la respuesta correcta y sobre todo si solamente nos centramos en lo que contamina un coche, y no en toda la cadena de valor. Quizás nos llevamos una sorpresa si miramos toda la cadena de valor y verificamos que será mucho más eficiente yendo a biocombustibles. Las dos opciones se tienen que evaluar y creo que es mejor ir a la neutralidad. Si en un futuro podemos ir a cero emisiones, bien, pero tampoco sabemos si eso es bueno. ¿Quién dice que no tener CO2 en la atmósfera es bueno?
Eugenio Mallol.-Para las plantas no mucho.
Ángela Santianes.-Una cantidad de CO2 se necesita para la propia vida. En Europa, tenemos los mejores motores de combustión, podemos conseguir la neutralidad a través de biocombustibles, no matemos a esa industria sin buenas razones para hacerlo, y no estoy convencida de que existan.
Eugenio Mallol.-En las plantas de Dupont en Asturias hay vacas, burros, caballos, en vez de máquinas, para cuidar el entorno.
Ángela Santianes.-Exacto. Es precioso y encima mantenemos animales que están en peligro de extinción, como los burros, vacas que ya no son las más productivas, caballos asturcones que tampoco son los más bonitos. El site se mantiene con un coste muy razonable, inferior al que hubiéramos tenido que pagar haciéndolo con máquinas. Tenemos empleados que son vecinos que también son granjeros y nos ayudan a mantener el ecosistema. La industria puede ser la salvación a veces de la naturaleza, no tiene por qué ir en contra, pueden ir muy de la mano.