Mercado y Tendencias
Desde el exterior: Las materias primas de los nuevos combustibles abarcan algas, madera, aceites usados y estiércol
Startups globales desarrollan combustibles sintéticos a partir de aire y electricidad, transforman residuos agrícolas y forestales o convierten aceites usados y estiércol en energía para reducir la dependencia de los combustibles fósiles
Algunas compañías buscan replicar procesos similares a la fotosíntesis mediante electricidad renovable y CO₂ capturado, mientras otras recurren a algas, madera, aceites de cocina usados o residuos agrícolas. El objetivo común es ampliar las alternativas a los combustibles fósiles y crear cadenas de suministro más circulares.
Combustibles sintéticos
Una de las aproximaciones más avanzadas consiste en producir hidrocarburos sin recurrir directamente al petróleo. La estadounidense Twelve ha desarrollado AirPlant™, una plataforma Power-to-X que combina CO₂, agua y electricidad para sintetizar combustibles y productos químicos. Su tecnología utiliza electricidad renovable y CO₂ capturado de la atmósfera o de emisiones industriales para producir hidrocarburos, entre ellos queroseno para aviación.
La alemana Ineratec apuesta también por la producción descentralizada de combustibles sintéticos. La compañía desarrolla plantas modulares de Power-to-Liquid instaladas en contenedores, capaces de convertir CO₂ capturado e hidrógeno verde en diésel renovable, gasolina y combustible sostenible de aviación (SAF). El diseño modular busca facilitar la producción de combucstibles allí donde se encuentren disponibles las materias primas y la energía necesaria.
En Suiza, Metafuels se centra específicamente en la aviación. La startup ha desarrollado una tecnología de catálisis que transforma metanol verde en combustible sostenible para aviones. Su objetivo es escalar la producción de SAF para responder a la demanda de las aerolíneas europeas e internacionales.
Algas, residuos y biomasa
Otra vía consiste en utilizar recursos biológicos o residuos que ya están disponibles. La española Absorved combina captura de CO₂ y producción de biocombustibles mediante un fotobiorreactor basado en algas. Estas utilizan luz, agua y dióxido de carbono para generar biomasa, que posteriormente puede procesarse para obtener biocombustibles, biofertilizantes y otros productos. La startup busca, además, hacer su propia tecnología más eficiente y económica para facilitar su adopción.
La estadounidense LanzaJet, surgida como una escisión de LanzaTech, ha desarrollado una tecnología Alcohol-to-Jet (AtJ) que transforma etanol procedente de residuos o fuentes sostenibles en SAF. El combustible está certificado para su utilización en aviones comerciales sin necesidad de modificar sus motores. La compañía cuenta con el respaldo de empresas y organizaciones como LanzaTech, Suncor, Mitsui, All Nippon Airways y el Departamento de Energía de EE.UU., y de nuevas inversiones y acuerdos con British Airways, Shell, Microsoft, Breakthrough Energy, Southwest Airlines, Groupe ADP y MUFG.
También los residuos forestales pueden convertirse en materia prima energética. Renmatix, en EE.UU., utiliza agua a alta temperatura y presión para descomponer residuos vegetales como astillas de madera. Su proceso Plantrose busca aprovechar los distintos componentes de la biomasa para producir nuevos ingredientes y materiales, también para reducir la dependencia de productos químicos derivados del petróleo.
En una línea similar, Castlerock Biofuels trabaja con residuos procedentes de operaciones forestales sostenibles. La compañía desarrolla instalaciones de procesamiento térmico rápido para producir biocrudo y fuelóleo renovable a partir de ramas, copas y otros restos de madera que habitualmente carecen de valor comercial. La solución permite convertir esos residuos en combustibles y, al mismo tiempo, reducir las emisiones asociadas a su descomposición y favorecer una gestión forestal más eficiente.
Los residuos alimentarios constituyen otra fuente de materia prima. La egipcia Tagaddod ha desarrollado una plataforma tecnológica para recoger, agrupar y rastrear materias primas renovables procedentes de miles de pequeños proveedores, entre ellos hogares, restaurantes, fabricantes de alimentos y recolectores independientes.
La empresa utiliza sensores IoT, machine learning y herramientas de cumplimiento normativo para mejorar la eficiencia de la recogida, controlar la calidad y garantizar la trazabilidad de los residuos. Su red conecta estas cadenas de suministro fragmentadas con grande productores y refinadores de combustibles, y opera ya en Egipto, Jordania y Países Bajos, con expansión hacia otros mercados.
En Canadá, Innoltek fabrica biodiésel biodegradable a partir de grasas animales y subproductos reciclados de aceites de cocina y de la industria alimentaria. Su combustible se utiliza principalmente en maquinaria agrícola, embarcaciones diésel, generadores y autobuses. La compañía comenzó a producir biodiésel en 2014 y posteriormente adquirió una planta con capacidad para producir 12 millones de litros.
La irlandesa XFuel apuesta por otra variante del aprovechamiento de residuos: transforma diferentes flujos residuales en combustibles de bajas emisiones compatibles con motores de combustión existentes. La propuesta busca crear sustitutos directos de los combustibles derivados del petróleo sin necesidad de modificar las infraestructuras de transporte actuales.
Residuos agrícolas en energía
La mexicana Sistema.bio desarrolla biodigestores modulares prefabricados que transforman el estiércol del ganado mediante digestión anaerobia en biogás y fertilizante orgánico.
Los sistemas permiten utilizar el biogás para cocinar y generar calor en explotaciones ganaderas, mientras el residuo del proceso se convierte en fertilizante para los cultivos. De esta forma, la tecnología busca reducir el uso de leña y combustibles fósiles, disminuir las emisiones y mejorar la productividad de las explotaciones agrícolas.
En India, GPS Renewables aborda el desarrollo de proyectos de bioenergía desde una perspectiva integral. La compañía ofrece servicios de diseño, ingeniería, gestión y ejecución de proyectos relacionados con biogás, BioCNG, etanol e hidrógeno verde, además de soluciones para optimizar instalaciones de biocombustibles ya existentes.
La empresa comenzó trabajando con residuos orgánicos mediante su tecnología BioUrja y cuenta con más de un centenar de instalaciones destinadas al tratamiento de residuos y la generación de biogás. Su actividad se ha extendido posteriormente a proyectos de infraestructura de mayor escala, entre ellos, una de las mayores plantas de BioCNG de Asia, construida en Indore.
También desde Australia llega Wildfire Energy, que ha desarrollado el proceso MIHG (Moving Injection Horizontal Gasification) para convertir residuos destinados a vertedero en productos energéticos. El gas de síntesis generado mediante esta tecnología puede utilizarse para producir electricidad, hidrógeno, biocombustibles y otros combustibles y productos químicos.
La suiza Bloom Biorenewables trabaja con materiales vegetales como madera y paja para producir moléculas capaces de sustituir a los combustibles fósiles. Su tecnología patentada se basa en un proceso de tratamiento de la biomasa que busca aprovechar componentes como la lignina y los azúcares derivados de la hemicelulosa.

